Carmen Pizano | 4 de marzo de 2026
Agreda: La sostenibilidad, en su experiencia, no es una recta perfecta, sino un proceso que se corrige, se discute y se vuelve a alinear
Cuando piensas en una empresa con décadas —o siglos— de historia, es fácil imaginar tradición, inercias y un largo eco de “así se ha hecho siempre”. Pero al hablar con América Agreda, subgerente de Sustentabilidad, Seguridad e Higiene en Grupo Grisi, aparece otra lectura: una organización longeva también puede revisar sus reglas, ordenar lo que antes estaba disperso y convertir la sostenibilidad —y la equidad— en estructura, no en adorno.
Agreda lo cuenta desde una trayectoria construida dentro de la compañía. “Yo tengo más de 25 años de trayectoria. Inicié mi primer trabajo como acondicionadora”. A partir de ahí, su crecimiento se fue tejiendo con formación y experiencia: “Terminé la preparatoria, inicié la universidad, después hice una maestría de proyectos… y en los últimos años me he enfocado en la parte de sostenibilidad”. Su historia no es la de una ejecutiva que llega a implantar una agenda desde fuera, sino la de alguien que conoce la operación, entiende la cultura de la empresa y traduce los cambios en decisiones concretas.
Ese viraje hacia la sostenibilidad, subraya, no nació de una moda ni de una suma de buenas intenciones. “Grisi siempre ha estado comprometida en la parte de sostenibilidad… pero teníamos muchas actividades aisladas”, reconoce. El reto fue darles coherencia y dirección “mucha gente pensaba que la sustentabilidad era solo reforestación… y no es así”. Para Agreda, el verdadero cambio está en pasar de “hacer cosas” a construir un enfoque que mire a la empresa por dentro y convierta la sostenibilidad en parte de su forma de decidir y de operar.
Las empresas se deben reinventar
Grisi nació en 1863, más de 160 años después, esa historia pesa, pero también obliga a cuestionarse. “Hemos tenido que cambiar nuestros paradigmas y decir: así como se hacía estaba bien, pero lo podemos hacer mejor”, explica. La sostenibilidad, en ese sentido, ha funcionado como una herramienta de introspección. “Uno de estos cambios fue analizar nuestro código de ética y fortalecerlo. Y cómo hacemos que esté vivo: inclusión, equidad de género”.
Ese ejercicio empieza a reflejarse en la estructura. “Hoy, si vemos nuestras propias estadísticas, nos damos cuenta del equilibrio que han alcanzado las posiciones estratégicas… cuando eso no pasaba antes”, dice. Para Agreda, no se trata de una ocurrencia ni de un gesto simbólico, sino de una transformación que tiene que venir desde arriba: “Los cambios más trascendentales tienen que estar apoyados desde la parte más alta de la empresa. Si no, estás chocando con dos corrientes”.
La sostenibilidad dejó de ser un área que empuja sola y pasó a ser un eje de conversación transversal. “Hoy lo que estamos haciendo es hacer sinergia. Lo mismo que quiere el director —que la empresa se mantenga en el tiempo— está alineado con que tenemos que cambiar las reglas de nuestro propio juego”, afirma. Eso implica, también, abrir espacios para conversaciones difíciles y revisar prácticas que durante años parecían intocables.
Ni greenwashing ni discursos cómodos
Agreda es clara cuando habla de los riesgos de convertir la sostenibilidad en un ejercicio de imagen. “No se vale hacer poquito y decirlo mucho… hoy las empresas ya no son solo hacer un producto, es tener un sentido con la sociedad, con la marca, con la comunidad”, dice. Para ella, este momento es “disruptivo”, no porque todo sea nuevo, sino porque obliga a desaprender y a escuchar: “Nos ha ayudado a no descubrir el hilo negro… ya vamos más avanzados y hemos aprendido. Escuchar es clave”.
Ese aprendizaje también pasa por reconocer que el camino no es lineal. “Yo no quiero decir que este camino ha sido sencillo… ha sido más confortable cuando hemos entendido el porqué”, admite. La sostenibilidad, en su experiencia, no es una recta perfecta, sino un proceso que se corrige, se discute y se vuelve a alinear.
Mujeres, liderazgo y cultura organizacional
Cuando se le pregunta por qué tantas agendas de sostenibilidad están impulsadas por mujeres, Agreda responde con cuidado, pero con convicción: “Las mujeres tendemos a la protección, al cuidado… nos comprometemos, nos apasionamos, nos dedicamos”. Sin caer en una lectura excluyente, reconoce que hay una historia detrás: “Hubo mucho tiempo en que las mujeres no figuraban… hoy muchas actividades importantísimas para la organización están lideradas por mujeres”.
Ese avance, dice, no llegó gratis. “Una mujer normalmente se prepara el doble o el triple”, señala, y esa exigencia extra también ha construido caminos de excelencia. Pero el reto actual es otro: sostener la congruencia entre vida personal y profesional. “No somos perfectos todo el tiempo… cuando siento que se me está bajando la pila, darme esa introspección para mí es tan importante como revisar indicadores de sustentabilidad”.
Sostenibilidad que también es social y laboral
En Grisi, la sostenibilidad se estructura en cuatro pilares: ambiental, social, gobernanza y laboral. “Creemos en hacer políticas que no sean solo de papel, que sean vivirlas”, explica Agreda. Eso se traduce en acciones concretas: espacios de lactancia, conversaciones internas sobre equidad, revisión constante de políticas y una cultura donde es válido decir que algo no está funcionando. “Las empresas son entes vivos… llevamos más de 160 años de transformación, así como se transforman los productos, las empresas también”.
Para ella, equivocarse y corregir no es una debilidad, sino una señal de que el pensamiento está vivo. “Si algo no se está haciendo bien, ¿cómo lo mejoramos? Tener esa apertura es el punto de partida”.
Innovación con propósito
Mirando hacia adelante, Agreda resume su visión en una idea: innovación con propósito. “Seguir pensando en las siguientes generaciones, en nuestra contribución de lo que viene, no solo de lo que hoy está pasando”, afirma. Las mujeres, añade, han encontrado en la escucha una de sus mayores fortalezas: “Somos buenas escuchas… en ese escuchar nos encontramos a nosotros mismos y nos volvemos a reconstruir”.
Su mensaje final no es grandilocuente, es profundamente político en el sentido más cotidiano sobre la solidaridad entre mujeres: “Ella también me está impulsando… yo también puedo marcar la diferencia desde donde estoy y entre todas, seguir sumando”. En una empresa con más de un siglo y medio de historia, esa suma —paciente, estructural y consciente— es la que está reescribiendo la manera de entender la sostenibilidad y el liderazgo de las mujeres.
27 de febrero de 2026