Carmen Pizano | 4 de marzo de 2026
Gregoire: Si estamos adentro y la estructura no es adecuada, nos toca cambiarla
Cuando Kathy Gregoire llegó a México en 1998 para un intercambio con el Tecnológico de Monterrey, no imaginó que ese viaje académico se convertiría en una vida entera. Canadiense de origen, hoy reconoce que lleva más tiempo en México que en su propio país. “No es que sea más mexicana —dice—, sigo siendo la misma canadiense, pero tengo un enorme aprecio por México y por los mexicanos”.
Desde 2017 se desempeña como directora ejecutiva de Pronatura México A.C., la organización ambiental no gubernamental más grande del país, con más de cuatro décadas dedicadas a la conservación de la biodiversidad. Su historia profesional, sin embargo, comenzó mucho antes de llegar al sector ambiental.
De la filantropía a la conservación
Antes de asumir el liderazgo en Pronatura, Gregoire dirigió la Fundación del Hospital Centro Médico ABC, donde encabezó la campaña de capital “Creer” para financiar la torre de medicina crítica “Annie Cass” y proyectos para niños con cáncer
También ocupó cargos de alta dirección en el sector privado y en organismos empresariales binacionales.
Pero fue en el ámbito no lucrativo donde encontró una forma concreta de devolver algo al país que la adoptó. “Trabajar en una organización sin fines de lucro es un vehículo para regresar algo a un país que me ha dado toda una vida”, afirma. Esa convicción la llevó a Pronatura hace casi nueve años.
Con formación en Negocios Internacionales por la Universidad de Carleton y estudios en procuración de fondos por la Universidad de Indiana
Kathy combina la lógica financiera con una sensibilidad social que hoy define su liderazgo: proyectos con impacto ambiental, pero también con viabilidad económica y enfoque de género.
La sostenibilidad como colaboración —y como economía
Para Gregoire, la sostenibilidad dejó de ser un área ornamental. “Es un tema económico. Hay un costo de no actuar”, subraya. Bajo su dirección, Pronatura ha consolidado su papel como puente entre sector privado, comunidades y autoridades, impulsando proyectos de gran escala en agua, biodiversidad y adaptación climática
Su estilo no es confrontativo; es colaborativo y ahí, dice, las mujeres han tenido un papel decisivo. “Las mujeres somos aptas para colaborar. Podemos trabajar sobre un objetivo común, poniendo de lado el protagonismo”. En su experiencia, esa capacidad de construir sin competir por el crédito ha sido clave en proyectos comunitarios.
Mujeres que transforman comunidades
En el Estado de México, Pronatura impulsó un proyecto hídrico que cambió algo más que la disponibilidad de agua. Antes, las familias cultivaban solo maíz y frijol de temporal. Con acceso al agua, un grupo de mujeres comenzó a sembrar jitomate, lechuga y betabel.
El impacto fue doble: mejoró la alimentación infantil y se generaron ingresos propios. “Llevaban sus cuentas perfectamente, iban a ferias, buscaban mejores semillas. Trabajan de forma muy profesional”, recuerda Kathy.
Para ella, profesionalizar no significa sustituir saberes locales, sino vincularlos con modelos financieros sólidos. Por eso integran consultorías desde el inicio: educación financiera, modelos de negocio, perspectiva de género transversal. “No es contratar más mujeres. Es asegurar que tengan voz, voto y poder de decisión”.
Cambiar estructuras desde dentro
Gregoire reconoce que muchas estructuras no fueron diseñadas para mujeres. Lo vivió hace 25 años, cuando no existían espacios de lactancia en las empresas. “Si estamos adentro y la estructura no es adecuada, nos toca cambiarla”, afirma.
Su postura es no abandonar los espacios, sino transformarlos. Consejos directivos, reglamentos internos, modelos de gobernanza. “El privilegio de estar en puestos de decisión es una responsabilidad hacia las demás”.
No idealiza el camino, habla de brechas salariales, de jornadas extendidas, de la carga invisible del cuidado. Pero insiste en la empatía intergeneracional: ninguna mujer que ha llegado a un puesto de liderazgo debería desentenderse de las que vienen detrás.
El campo: donde el discurso se vuelve vida
Aunque su rol es estratégico, Kathy describe las visitas a campo como un privilegio. “Salir al bosque con el uniforme de Pronatura me ha dado una satisfacción que no puedo comparar con ningún otro trabajo”.
En comunidades donde antes no había agua, el impacto se percibe en rostros, no en indicadores. “Es una cosa leerlo en un informe y otra verlo”. Esa experiencia, dice, la confirma en algo esencial: incluso lo que parece pequeño adquiere dimensión cuando transforma vidas concretas.
Un mensaje para las nuevas generaciones
A las jóvenes que buscan propósito, Gregoire les lanza una invitación serena: mirar más allá de la imagen y del reconocimiento inmediato. En una generación marcada por la exposición constante, sugiere volver la mirada hacia afuera, hacia el servicio y el impacto colectivo.
Trabajar por la sostenibilidad —dice— no es solo una carrera, es una forma de entender que no estamos separados de la naturaleza, que somos parte de ella
Su historia, cruzando la frontera “al revés”, no es una anécdota romántica. Es la evidencia de que el compromiso no tiene nacionalidad. Kathy Gregoire eligió México y eligió quedarse. Desde ahí, ha demostrado que el liderazgo de mujeres en sostenibilidad no solo protege ecosistemas: también fortalece comunidades, construye estructuras más justas y deja abiertas las puertas para que otras mujeres entren —y decidan.