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Especial Liderazgo de Mujeres 2026

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Ana Castañeda de Casanova//McCann: “La tecnología debe servir a la estrategia, no al revés”

3 de marzo de 2026

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Ana Castañeda, Group Account Director de Casanova//McCann

En un momento en que los algoritmos, la automatización y la inteligencia artificial redefinen la industria publicitaria, el liderazgo enfrenta una pregunta crucial: ¿Qué sigue siendo profundamente humano en un entorno cada vez más gobernado por datos? Para Ana Castañeda, Group Account Director de Casanova//McCann, la respuesta es clara: la tecnología amplifica, pero no reemplaza el criterio.


“Los algoritmos pueden procesar datos a una velocidad que ningún ser humano puede igualar. Pero los datos no sienten, no interpretan contexto cultural ni anticipan cambios emocionales en la sociedad”, afirma. Desde su rol, no ve la tecnología como sustituto, sino como herramienta. Los modelos predictivos indican qué está ocurriendo y qué podría suceder; la experiencia ayuda a entender por qué; y la intuición —respaldada por años de conocimiento del consumidor— permite anticipar aquello que todavía no aparece en los dashboards.


En el mercado hispano, donde la cultura, el idioma y las experiencias migratorias influyen profundamente en las decisiones de consumo, Castañeda subraya que el poder humano está en la lectura de matices. “Un algoritmo puede detectar un comportamiento, pero no puede entender el orgullo cultural detrás de una canción ni la emoción que provoca una imagen que conecta con la memoria colectiva”. La data aporta objetividad; la relevancia cultural sigue siendo profundamente humana.


AUTOMATIZAR PROCESOS, NO EL SIGNIFICADO

En las agencias, la automatización avanza con rapidez. Segmentación, compra programática, testing dinámico y análisis de performance son, para Castañeda, territorios naturales de la tecnología. “Todo lo repetitivo y optimizable debería automatizarse”, sostiene.


La línea se traza cuando entran en juego la definición del problema, la narrativa creativa y el posicionamiento estratégico. Esas decisiones requieren visión, sensibilidad cultural y responsabilidad sobre el impacto que se genera. “La tecnología debe servir a la estrategia, no al revés”.


Ese poder no debería recaer en una sola figura, sino en equipos diversos, liderados por personas con experiencia estratégica y comprensión cultural. La responsabilidad, enfatiza, es compartida.


MUJERES LÍDERES Y EL PODER DE DEFINIR LAS VARIABLES

Más allá de adoptar herramientas, Castañeda considera que el verdadero desafío para las mujeres en posiciones de liderazgo está en participar activamente en la definición de los criterios que la tecnología optimiza. “El verdadero poder no está en el algoritmo, sino en las variables que decidimos priorizar como industria”.


Si la optimización se centra únicamente en eficiencia o ahorro inmediato, advierte, el riesgo es empobrecer la narrativa y reducir el valor cultural a lo que estadísticamente “funciona”. En un momento en que la inteligencia artificial transforma el marketing, las decisiones también impactan el entorno social y el planeta.


“La incorporación de la IA debe gestionarse con una visión responsable y sostenible. No se trata solo de qué tan rápido o eficiente podemos ser, sino de cómo usamos la tecnología de manera consciente, considerando su impacto cultural, ético y ambiental”.


Desde su perspectiva, muchas mujeres en posiciones de liderazgo aportan una mirada más integral y de largo plazo, capaz de equilibrar resultados con consecuencias. Esa visión es clave para ampliar las métricas de éxito, establecer principios claros para el uso responsable de la inteligencia artificial y asegurar que la innovación fortalezca —y no debilite— la diversidad cultural y creativa.


REDISEÑAR EL SISTEMA DESDE ADENTRO

Castañeda insiste en que la tecnología no es neutral. Cada modelo matemático refleja decisiones humanas: qué datos se incluyen, qué variables se priorizan y qué comportamientos se consideran la norma.


Las mujeres que hoy ocupan posiciones de poder, sostiene, tienen la responsabilidad de cuestionar, rediseñar y desafiar esos sistemas. Esto implica fomentar diversidad en los equipos que desarrollan tecnología, promover transparencia en los modelos e integrar criterios éticos y culturales en la automatización.


“El liderazgo femenino hoy no se define por la velocidad con la que adopta innovación, sino por la claridad con la que contribuye a orientarla”. Si generaciones anteriores lograron abrir puertas en las salas de juntas, ahora el desafío es mantenerlas abiertas en el diseño de los sistemas que moldearán el futuro de la industria.


Para Ana Castañeda, el futuro del marketing no puede medirse únicamente en eficiencia. Debe medirse también en responsabilidad, conciencia y humanidad.


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