Postay: Nadie vuelve a usar algo que no le brinda una funcionalidad concreta

Aplicaciones, el mundo donde reinan funcionalidad y simpleza
19 de agosto de 2015

Mario Postay chief digital officer Ogilvy & Mather Argentina Hace unos años Wired tituló the Web is dead e instaló por primera vez la idea de que en Internet venía una nueva etapa, confirmando la idea del cambio constante, y la búsqueda y migración de la gente hacia “servicios más simples y más elegantes que simplemente funcionan“, tal cual lo decía textualmente el mismísimo Chris Anderson, editor de la prestigiosa revista y autor del tan revolucionario como ya clásico en este nuevo mundo The Long Tail. Unos años después, la web sigue vivita y coleando. Pero sería necio negar que algo ha cambiado. De la mano de la revolución que venimos viviendo en el hardware, con la aparición y multiplicación (y consecuente abaratamiento) de un sinfín de jugadores (Apple, Google, Samsung, Motorola, Microsoft, Amazon, etc) y tipos de dispositivos, desde los ya habituales smartphones, tablets, smarTV, ya completamente integrados a la vida diaria de todos, y Smart Watches, 3D printers y dispositivos wereable para todos los gustos cada día mas cerca nuestro, sumado a la confluencia de sus sistemas operativos hacia plataformas consolidadas (android, windows mobile, IOs, etc) las aplicaciones son, sin lugar a dudas, un nuevo mundo donde se consume servicios web sin estar en la web (al menos tal como la conocimos). Es posible que con mayor ancho de banda puesto en la mano del usuario, y con la masificación en nuestros mercados de conectividades (hasta hoy) primermundistas, las versiones mobile de los sites puedan brindar una experiencia de usuario muy superior a la actual. Pero, sin embargo, habrá algo que situacionalmente no cambiará. Cuando estoy en la calle, y necesito algo puntual, encontrar que línea de metro me lleva a destino, en que horario atiende un edificio público, medir mi rendimiento en cualquier actividad física, saber que restaurant mas cercano me ofrece descuento con mi tarjeta de crédito, o tiene la mejor reputación entre los consumidores, localizar el taxi libre mas cercano, o cualquiera sea (la lista puede ser casi infinita) …. la funcionalidad y la simpleza que una aplicación puede brindarme, difícilmente pueda ser igualada por la experiencia web. Nadie vuelve a usar algo que no le brinda una funcionalidad concreta, algo que le genera una necesidad, que le soluciona un problema, que le mejora de alguna manera su calidad de vida. Y si eso no está resuelto de una manera simple, llana, lineal, quizás caigamos en el mismo precipicio de la indiferencia. Doble requisito, doble desafío, en la era en que todo es smart, también lo es el usuario. Y ojo que cuando hablamos de funcionalidad, no necesariamente nos referimos a una utilidad vital, también a ocio, momentos de distracción o diversión, pero funcionales al fin y al cabo. En síntesis, una aplicación es una herramienta, que debe servir para algo concreto, resuelto de una manera simple y eficaz. Sino, seguramente caminará rumbo al fracaso. Las marcas, que también comienzan a llegar a este juego, tendrán que entender que, como nunca, para poder establecer vínculos duraderos con el usuario (que superen el instante en que el cliente sucumbe ante la incitación publicitaria y decide probar) deberán estar mas atentas a sus necesidades y expectativas, simplificar sus mensajes, entender que el usuario estará tan agradecido con algo que le sea funcional y simple, como molesto si le hacen perder el tiempo. Si a todo lo dicho, le sumamos la posibilidad que una app nos ofrece, de manera maximizada respecto a las web responsive, de personalizar sus funcionalidades en torno a variables como geolocalización (esto ya no sólo nos permite saber donde estamos, sino también cuanto caminamos, recorremos, viajamos), medios de pago e intereses, el potencial se vuelve infinito. A los que tenemos el rol de creación de valor en el vínculo entre marcas y consumidores, este nuevo escenario nos obliga (como nunca antes) a pensar los proyectos desde la perspectiva del usuario. He aquí nuestro principal desafío en este nuevo escenario, linkear este mundo de simpleza y funcionalidad con el principal driver que mueve nuestra industria: la creatividad. Menuda tarea. Para nada imposible. La web no murió, ni morirá. Pero bien vale el sacudón para entender que los paradigmas además de cambiar permanentemente, nos obligan a modificar también la perspectiva desde la que miramos los cambios. Hoy menos es mas. Y simple, es mejor.
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