Liz Unamo | 3 de marzo de 2026
¿Qué significa realmente conciliar? Más allá de la definición académica que dicta “poner en paz” intereses enfrentados, la experiencia revela una verdad más profunda: no se trata de trabajar menos, sino de trabajar con mayor inteligencia.
Conciliar es la búsqueda de resultados que minimicen el “coste humano”, ese agotamiento silencioso que arrebata la vida fuera de la oficina. No es un simple juego de malabares para cumplir dos propósitos al mismo tiempo, sino la voluntad de hallar soluciones cuando el trabajo invade lo personal —o viceversa—, permitiendo que ambas dimensiones coexistan en un equilibrio armónico.
Persiste, sin embargo, la creencia errónea de que este equilibrio es un dilema que cada familia debe resolver puertas adentro. Por el contrario, la conciliación es un asunto de interés general con un impacto sistémico en la sociedad. El modelo tradicional asignó históricamente a la mujer el rol de cuidadora en el espacio privado, mientras otorgaba al hombre el papel de proveedor en la esfera pública. Aunque hoy las mujeres participan plenamente en el mercado laboral, esta estructura apenas se ha transformado; ellas siguen enfrentando una doble jornada que permanece invisible y carece de compensación económica.
Esta vulnerabilidad quedó expuesta con el COVID-19, transformándose en una crisis de derechos para las mujeres. Mientras el mercado laboral se contraía en sectores donde ellas están sobrerrepresentadas, las demandas domésticas se multiplicaron. No fue solo un aumento de tareas, sino una expulsión sistémica del espacio público que privó a muchas de su autonomía económica y seguridad social.
Sobre este anhelado equilibrio, Klaudia Bermúdez-Key, VP sénior de Distribución Internacional de TV para América Latina y EE UU Hispano de MGM/Amazon, advierte que el verdadero éxito no reside en el cargo, sino en el balance construido. “En el mundo corporativo siempre habrá más trabajo, más deadlines, más metas que superar. La presión nunca desaparece. Pero el crecimiento de tus hijos no espera. No se pausa. No se reprograma. Aprendí muy temprano que si no eres intencional con ese balance, un día — más rápido de lo que imaginas — tus hijos habrán crecido, y te darás cuenta de que te perdiste momentos que no regresan jamás. Y el trabajo seguirá ahí, con las mismas exigencias de siempre”.
En esa línea, Rosalind Rotundo, VP y cofundadora de VIP 2000 TV, relata su experiencia como madre. “En mi caso, he criado solo a mi hija, que hoy ya es profesional (23 años) pero cuando era más chiquita siempre se me enfermaba el día antes de un viaje o festival, terminaba siempre en el ER, yo con el estrés a millón y culpabilidad. Pero fue aprendiendo a tener equilibrio, ahora que ya es adulta Camila, veo que recibió un buen ejemplo, de siempre luchar por tu vida profesional y a la vez la maternidad” comenta.
La magnitud de este trabajo invisible se refleja con crudeza en las estadísticas. En México, la desigualdad genera una brecha de 21.5 horas semanales en perjuicio de las mujeres. Según la ENUT 2024, ellas invierten casi 40 horas semanales en labores de cuidado, frente a las 18.2 horas de los hombres. En Colombia, a pesar del hito de la Ley 2466 de 2025, la realidad sigue en deuda: las mujeres dedican diariamente más de 7 horas y media al hogar, mientras que los hombres apenas superan las 3 horas.
“Ser mamá y trabajar se siente mucho como existir en el caos”, enfatiza Sara Rojas, directora de Desarrollo de Negocios de Latin Entertainment Group (LEG). Para ella, el desafío es forjar un camino propio. “Es sentarte a la mesa con hombres que se ven calmados porque no trasnocharon curando a un bebé con fiebre. Es sonreír a tus hijos al final del día porque merecen una madre feliz, mientras por dentro crece el agotamiento. Es el precio que pagamos por seguir una profesión: tenemos dos trabajos”.
A pesar de las luchas feministas, muchas políticas de igualdad resultan ineficaces al centrarse exclusivamente en las mujeres —como las reducciones de jornada—, lo que termina penalizando sus carreras bajo el estigma de la “baja productividad”. Esta visión desincentiva la contratación femenina en Latinoamérica, donde la disparidad en los permisos de maternidad frente a los de paternidad convierte a la mujer en un “costo” mayor para el empleador.
Frente a esto, Diana Camargo, productora ejecutiva y creativa de Laberinto, prefiere ver la experiencia como una producción constante. “Mi vida ha sido una película de aventuras; a veces thriller psicológico, a veces comedia. Ha sido intenso, pero divertido. Es la mejor producción que he hecho”.
El equilibrio vida-trabajo requiere una revisión profunda de los modelos de productividad. Para avanzar, el Estado y el sector privado deben coordinar políticas que rompan la estructura tradicional y promuevan una responsabilidad compartida.
Experiencias como la de Rosalía Alcubilla, jefa del Departamento Comercial Internacional de RTVE, muestran el impacto de las facilidades corporativas. “Tuve suerte de contar con guardería en la sede de RTVE, lo que me permitió conciliar, extender la lactancia y acostar a mis mellizos yo misma en mitad de mi jornada”.
Por otro lado, Moira McNamara, directora de Ventas de Ledafilms, destaca cómo la maternidad le ayudó a potenciar habilidades. “No es tarea fácil si el trabajo implica viajes, pero la maternidad me hizo más estratégica. Me ayudó a armar mejores equipos y a priorizar lo importante. El secreto no está en dividirse, sino en integrar capacidades”. En esa misma línea, Ángela Colla, Global International Distribution, opina que la maternidad contribuyó a ser más eficaz. “Yo creo que mi experiencia como madre en el mercado laboral es la mejor que podría tener. Pienso que cuando somos madres, nuestra productividad se dispara, ¿no? Aprendemos a optimizar mucho más nuestro tiempo, porque pasa a ser más escaso y el costo de oportunidad es alto”.
Begoña Esteban, Head of International TV Sales & Acquisitions de Pink Parrot Media, resume el sentimiento de muchas ejecutivas. “Es un ejercicio constante de equilibrio creativo y resistencia. A veces tengo la sensación de no estar nunca al 100%, ni en casa ni en el trabajo, aunque intente dar el 200%. Pero conciliar no significa renunciar al crecimiento profesional. Significa construir un entorno donde las decisiones se vivan desde la coherencia de ser madre y no desde la culpa”.
En definitiva, conciliar no es trabajar menos, sino vivir y producir mejor. Solo mediante un acuerdo honesto entre el Estado, las empresas y la sociedad civil podremos elevar el cuidado al lugar que le corresponde, como el pilar fundamental que sostiene nuestra economía, nuestra estabilidad y nuestra humanidad.
27 de febrero de 2026