22 de abril de 2026
Estrella: Mantener un refugio implica recursos, infraestructura, atención veterinaria, personal capacitado y, sobre todo, una carga emocional constante
El tráfico de animales, el maltrato, el abandono y la explotación de especies no son cifras abstractas: son realidades cotidianas que Rodrigo Estrella ha decidido enfrentar desde múltiples frentes. Biólogo especializado en etología y zoología, productor de contenidos de divulgación sobre fauna y responsable de un refugio con más de 1,200 animales rescatados, su trabajo se mueve entre la denuncia, la educación y la acción directa, en un momento especialmente crítico para la biodiversidad.
“Parte de mi misión en este mundo es crear cultura y cuidado animal en las personas”
Su historia comienza en la infancia, en el campo, donde el contacto con la naturaleza no era una idea lejana sino una forma de vida. Ahí aprendió a observar, a respetar y a entender que los animales no son ajenos al desarrollo humano, sino parte esencial de él. Esa enseñanza, heredada de su padre, se transformó con los años en una causa que hoy ocupa prácticamente toda su vida.
“He visto el deterioro, el tráfico, el maltrato, el abandono, la explotación de los animales… y es algo que me ha pegado mucho desde muy niño”
A través de sus espacios de comunicación, Estrella ha insistido en un punto que suele perderse entre discursos más amplios sobre medio ambiente: la desaparición de especies y el debilitamiento de los ecosistemas no son procesos aislados, sino parte de una misma crisis que ya empieza a mostrar consecuencias.
“Estamos acabando con cadenas tróficas, con ecosistemas completos… y esto no tiene vuelta atrás”, advierte. “Muchos creen que es un cliché, pero en breve vamos a empezar a ver resultados catastróficos”.
Sin embargo, en medio de ese diagnóstico, su trabajo también abre una grieta de posibilidad. La existencia de espacios como su refugio —donde animales decomisados, maltratados o abandonados encuentran una segunda oportunidad— evidencia que la intervención humana también puede ser reparadora. Es ahí donde su labor se vuelve una señal de lo que sí se puede hacer cuando hay conocimiento, compromiso y constancia.
Ese esfuerzo, no obstante, dista de ser sencillo, mantener un refugio implica recursos, infraestructura, atención veterinaria, personal capacitado y, sobre todo, una carga emocional constante.
“No es un juego tener un albergue… hay animales que no van a poder ser adoptados y van a estar contigo de por vida”
“La gente no ve todo lo que hay detrás de un albergue: tratamientos, rehabilitación, alimentación, permisos… es un trabajo enorme”
A esto se suma un contexto particularmente complejo: la falta de apoyo institucional. Estrella señala que, en múltiples ocasiones, autoridades —incluidas instancias federales— decomisan animales o realizan rescates, pero terminan trasladando la responsabilidad a refugios independientes sin acompañamiento ni recursos suficientes.
“Casi nadie ayuda… muchas veces nos dejan la responsabilidad de cientos de animales en condiciones muy complicadas”
Pese a ello, su labor no se detiene. Además del rescate, ha desarrollado programas de entrenamiento de perros para búsqueda y rescate, así como terapias asistidas dirigidas a niños con autismo, cáncer u otras condiciones, ampliando el impacto de su trabajo hacia lo social.
En ese cruce entre ciencia, activismo y servicio, aparece una idea que atraviesa toda su trayectoria: los animales no solo necesitan ser protegidos, también son parte activa de la vida humana.
“El ser humano no puede ser concebido como es hoy si no fuera por los animales”
Pero quizá uno de los puntos más insistentes de su discurso tiene que ver con la responsabilidad compartida. Frente a una cultura donde el rescate animal muchas veces se mueve por impulso, Estrella hace un llamado a la preparación y al compromiso informado.
“Estamos hablando de vidas, de seres sintientes, no es un juego. Invito a todos a que se preparen, que se capaciten… ayudar bien también es parte de la responsabilidad”.
La existencia de refugios como el que dirige Estrella evidencia tanto el compromiso individual como las ausencias estructurales y al mismo tiempo, plantea que el cuidado de la vida no dependa únicamente de quienes han decidido dedicarle su vida, sino de una red más amplia que entienda que proteger a los animales es, en última instancia, proteger las condiciones que hacen posible la vida humana. Los activistas no pueden sostener esta carga solos