En el marco de las charlas de Jornadas Internacionales, Pablo Mancuso, especialista en medios, analizó el escenario de sobreinformación que atraviesa la sociedad y puso en jaque las métricas tradicionales del entorno digital. Ilustró la magnitud del consumo actual con datos contundentes: “Si pensáramos cuánta información recibimos por día, hoy se estima que son 74 gigas. Para que se den una idea, eso podrían ser 16 películas completas cada día”.
A este volumen se suman unas 4,5 horas promedio de video diario por usuario y las 500 horas de material que se cargan cada minuto en plataformas como YouTube, muchas veces consumidas mientras se realizan otras tareas en paralelo.
Sin embargo para Mancuso el verdadero desafío no reside en la cantidad de estímulos emitidos, sino en la capacidad de permanencia en la memoria de los espectadores.
LA BATALLA CONTRA EL OLVIDO
Apoyándose en la célebre curva del olvido postulada por Hermann Ebbinghaus a finales del siglo XIX, Mancuso recordó que la retención humana cae drásticamente con el correr de los minutos: “Al cabo de una hora prácticamente olvidamos más de la mitad de lo que hemos visto. En los últimos 150 años el cerebro pudo haber cambiado, pero seguimos siendo humanos; no tenemos la capacidad de procesar todo eso”.
Frente a esa limitación biológica, remarcó cuál es el factor diferencial que perdura a través del tiempo: “¿Qué es lo que suele lograr permanecer en el tiempo? Lo que está cargado emocionalmente”.
Para ejemplificarlo, recurrió a clásicos cinematográficos como Rocky, Jurassic Park o Forrest Gump, que continúan vigentes décadas después de su estreno gracias a la huella afectiva que dejaron en el público.
En esa misma línea situó a eventos deportivos de escala masiva como la consagración de Argentina en el Mundial de Qatar o los superclásicos del fútbol: momentos compartidos en familia o amigos donde la atención es total, algo incomparable con el consumo pasivo de redes sociales.
Con la irrupción acelerada de herramientas de inteligencia artificial en los procesos de producción, el abaratamiento de costos promete desatar lo que analistas ya denominan la “era del contenido infinito”.
“La creación de contenido se hace más económica y, por ende, hay mayor cantidad de contenido. Y eso va a seguir aumentando al punto de llegar a lo que entendemos como contenido infinito: una cantidad de contenido que no hay forma de verla ni de procesarla”, advirtió Mancuso. En ese contexto, alertó sobre la proliferación de material de calidad dudosa que solo suma ruido al ecosistema.
Asimismo, cuestionó la dependencia de la industria respecto a indicadores superficiales de tráfico. “La industria está muy obsesionada con medir views, reach, impresiones, alcance. Medimos lo que se publicó, no necesariamente lo que permaneció. Views no es igual a impacto”.
Mancuso comparó dos horas dedicadas a un partido definitorio de fútbol con dos horas de consumo continuo en TikTok. “Es el mismo tiempo, ¿pero vale lo mismo? Como industria, si no definimos eso, es una pelea compleja”.
EN BUSCA DE UN NUEVO CONSENSO
Para concluir su intervención, el especialista convocó a agencias, canales, productores y plataformas a construir acuerdos sobre cómo valuar el contenido y dejar de homologar visualizaciones con relevancia real.
“La batalla quizás no es tanto por contenido, sino por memoria. La memoria realmente la ganamos por emoción, y eso todavía es nuestro: la memoria es humana, eso está en nuestro poder”.








