
El eje del formato es la llamada “triada creativa”, un modelo que coloca el control creativo en manos de un equipo multidisciplinario.
Latinoamérica se ha consolidado como un espacio clave para la experimentación creativa y las colaboraciones interdisciplinarias. En ese contexto, plataformas digitales están apostando por formatos que van más allá del lanzamiento musical tradicional y buscan conectar con audiencias desde narrativas más profundas, donde sonido, imagen y concepto dialogan en un mismo lenguaje.
Un ejemplo de ello es la más reciente “Spotify Session” protagonizada por Nsqk, con dirección musical de Meme del Real y dirección visual de Valeria Aguilar. Más que un registro en vivo, el proyecto es el resultado de casi cinco meses de trabajo colaborativo, iniciado en septiembre y concretado en diciembre, que dio forma a una narrativa audiovisual estructurada en cinco actos. La propuesta parte de una historia de desamor para explorar emociones como la ruptura, la introspección y la reconstrucción desde una mirada contemporánea.
El eje del formato es la llamada “triada creativa”, un modelo que coloca el control creativo en manos de un equipo multidisciplinario. Nsqk aporta la voz y la vulnerabilidad que articulan el relato; Meme del Real acompaña desde una dirección musical que expande el universo sonoro del artista; y Valeria Aguilar construye un espacio visual que funciona como un escenario emocional.
Para Nsqk, el proyecto significó explorar territorios poco habituales dentro de su obra: “Esta Spotify Session nace del deseo de presentar mi música de una forma inédita. Tomamos referencias de la música big band, incluimos una canción inédita y exploramos nuevas capas emocionales del proyecto”, explica el artista, quien destaca el valor del proceso colectivo como una oportunidad para llevar su música a un lugar que no había explorado antes.
Desde la dirección musical, Meme del Real subraya la importancia del cruce generacional y del acompañamiento creativo sin imposiciones:“Mi intención fue acompañar a Nsqk en esa necesidad de aventurarse sin perder la esencia de su música. Trabajar con personas de otra generación me permite seguir aprendiendo. Fue un proceso muy disfrutable y un ejercicio de estar presente y dejar que las ideas evolucionen”.
En el plano visual, Valeria Aguilar enfrentó el reto de articular distintas etapas creativas del artista en un solo espacio narrativo:
“Trabajar con canciones de distintos momentos implicó construir un lugar donde todo pudiera coexistir de manera orgánica. La idea fue transformar la emoción en un lenguaje visual compartido”.
Este tipo de contenidos refleja una tendencia creciente en la industria musical y cultural: audiencias que buscan experiencias más inmersivas, auténticas y coherentes entre forma y fondo. En lugar de centrarse únicamente en el producto final, el valor se desplaza hacia el proceso, la colaboración y la capacidad de generar identificación emocional.
Así, estos formatos no solo amplían las posibilidades creativas de los artistas, sino que también redefinen la relación entre plataformas, creadores y públicos en un ecosistema donde la música se consume —y se interpreta— cada vez más como una experiencia integral.
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