
Rodrigo Santos en el set de Me late que sí
Inspirada en el fraude del sorteo Melate de 2012, Me late que sí sigue a un funcionario ordinario que, cansado de perder siempre, diseña un plan tan simple como brillante para ganarle al sistema. Rodrigo Santos, creador y director, combina una investigación profunda, una mirada crítica a la corrupción cotidiana y un elenco de alto calibre para construir un thriller donde los protagonistas no son genios del crimen, sino piezas menores de una maquinaria viciada.

Rodrigo Santos en el set de Me late que sí
La serie estrena en Netflix el 14 de noviembre. Con seis capítulos, es coproducida por Sony Pictures Television (SPT) Latin America y Dynamo para Netflix.
El elenco estelar está encabezado por Alberto Guerra (Narcos: México, Ingobernable, Griselda, El Mantequilla: maestro de la estafa), y cuenta con reconocidos talentos mexicanos como Ana Brenda Contreras, Christian Tappan, Andrés Almeida, Luis Alberti, Jero Medina, Aldo Escalante, Jesusa Ochoa y Paloma Petra, además de la actriz colombiana Majo Vargas.
Escrita por Rodrigo Santos, César Blanco y Leonor Alejandro, cuenta con la producción ejecutiva de Selina Nederhand, Alejandro García, Andrés Calderón, Rodrigo Santos, Juliana Flórez Luna y Mirlanda Torres. La dirección es de Federico Veiroj y Rodrigo Santos.
“Yo soy jugador, siempre con el sueño de ganar. Me la vivo fantaseando con qué haría si me sacara el premio. Lo bonito de jugar es ese ejercicio de gastarte el dinero en la imaginación” comentó Santos, al comenzar la entrevista. Por ello se interesó en el fraude de Melate, en 2012, aunque no fue una noticia destacada.

El personaje principal interpretado por Alberto Guerra, está en permanente tensión con su jefe corrupto, que interpreta Christian Tappan
La idea fue tomando forma, aunque en sus inicios no encontró apoyo de plataformas. Dynamo, junto a Santos, comenzó a desarrollar el proyecto y a buscar aliados. Santos logró acercarse a personas vinculadas al caso y trabajó con su equipo en una investigación que combinó prensa, testimonios y expertos en pronósticos.
“Me impresionó que estas personas estuvieron a punto de salirse con la suya”.
Santos reflexiona sobre México -y muchos países de Latinoamérica- en los que parece premiarse la viveza por encima de la rectitud. “Ser honesto te puede dejar estacionado en la mediocridad, mientras otros prosperan a través de la corrupción”, afirma.

La serie está inspirada en un caso real: el fraude del sorteo Melate de 2012
Una frase en la serie “Entre que se lo roben otros -que igual se lo van a robar- a que me lo robe yo, mejor me lo robo yo”, aunque es tramposa, tiene lógica, comentó Rodrigo Santos, tras reflexionar que al rechazar un acto de corrupción, tampoco estás cambiando nada: igual ocurrirá, pero con otros actores.
Al mismo tiempo -y esto se ve en la serie- resulta muy difícil mantenerse honesto en un entorno en el que el sistema empuja hacia el juego sucio y los jefes o poderosos se hacen ricos robando. La serie plantea la tensión entre la conciencia personal (y poderse ver en el espejo, o ver a la hija a los ojos) y la presión del entorno. También, de alguna manera, robarse el premio del Melate, es hackear al sistema.
“Si ensucias el sorteo, matas a la gallina de los huevos de oro, y afectas la confianza de todo el sistema” explicó. Agregó que el dinero que generan estos sorteos, se destina a la beneficencia pública. Aunque tras bambalinas se usa como caja chica, o se malversa. La serie refleja este universo de contradicciones, que permiten reflexionar sobre la corrupción y su normalización, junto a la doble moral.
Agregó que otro elemento interesante de la serie, es que sus protagonistas, son gente común. No se trata de mentes brillantes tras grandes golpes o robos, como solemos ver en las películas. El “superpoder” es estar en el lugar correcto: quien guarda las balotas, quien canta los números, quien conoce el sistema. “A diferencia de las películas de atracos con especialistas extraordinarios, aquí son personas ordinarias, incluso mediocres. Su “talento” es que estaban ahí”, explicó Santos.

En Me late que sí, un funcionario público común y corriente lleva años obsesionado con ganar la lotería Melate.
Al mismo tiempo la idea del robo, o del fraude, es simple. Pero por ser simple, se transforma en una idea genial, que requiere de mucha audacia y de mínimos recursos. “El video real del sorteo está en YouTube y el truco es imperceptible. Es artesanal, casi un truco de magia: lograr que la gente vea lo que quieres que vea”, explicó el escritor y director de la serie.
Se trata de burócratas mediocres que tienen una idea brillante. Al final, el espectador puede desear que lo logren, lo que también genera una ambigüedad moral.
CONSTRUIR EL MUNDO DE ME LATE QUE SÍ
La construcción del mundo de Me late que sí fue tan meticulosa como el propio fraude que inspira la historia. Tras un desarrollo de varios años, el proyecto encontró su forma definitiva como coproducción entre Sony Pictures Television Latinoamérica y Dynamo para Netflix, con una mirada que combina rigor, tensión y cercanía con la realidad.

La actriz colombiana Majo Vargas interpreta a Lina, la cara frente a las cámaras, al momento de la estafa
La recreación del foro del sorteo, las oficinas burocráticas donde se cocina la trama y los espacios íntimos del protagonista —incluido el universo de las carreras juveniles que comparte con su hija— no buscan el espectáculo grandilocuente, sino realismo. El objetivo: mostrar cómo puede gestarse un fraude millonario a plena vista de todos. La dirección de Federico Veiroj en los primeros episodios y de Rodrigo Santos en los dos finales sostiene ese tono.
Las contradicciones entre los personajes, lealtades frágiles, así como en la permanente sensación de que cualquier decisión puede torcerlo todo, recuerdan la naturaleza humana: al fin y al cabo, todos son ladrones. ¿Cómo confiar en el otro? ¿Por qué aceptar el liderazgo de uno de ellos? ¿Es justo el monto que se va a recibir, versus las responsabilidades y consecuencias personales dentro del robo?. En ese terreno, la confianza se vuelve tan frágil como el azar que los une.
Ese universo se potencia con un elenco que sostiene el relato. Alberto Guerra encarna a un funcionario común empujado al límite, mientras Christian Tappan da vida a un jefe corrupto cuya lógica de poder y abuso resume la doble moral del sistema. Ana Brenda Contreras, Majo Vargas, Jesusa Ochoa, Luis Alberti, Aldo Escalante, Mariana Gajá, Mercedes Hernández y Jero Medina completan una galería de personajes que reflejan un país donde la corrupción se asume como norma y la línea entre víctima y victimario se difumina.