
El panorama del marketing para el año 2026 se presenta como una evolución crítica de las tensiones acumuladas en años anteriores, donde la “incertidumbre” deja de ser una palabra de moda para convertirse en la realidad material de los consumidores. Según el informe anual presentado por Juan Isaza, reconocido experto en estrategia y actual Global Strategy Partner en DDB Worldwide, tras un largo periodo de policrisis y agresividad global, la sociedad ha entrado definitivamente en un “modo supervivencia”. Este estado mental no solo altera las prioridades de compra, sino que redefine la relación emocional con las marcas, obligando a las empresas a abandonar los discursos grandilocuentes para enfocarse en soluciones que brinden control, seguridad y un alivio tangible frente a la ansiedad cotidiana que domina el entorno actual.
Isaza destaca en su análisis que el consumidor de 2026 busca refugios ante un mundo que percibe como hostil y fragmentado. Además, plantea que el gran reto para las marcas será conectar con un individuo que prioriza el “yo” como mecanismo de defensa. En este escenario, el marketing debe transformarse en un facilitador de micro-momentos de estabilidad, ayudando a las personas a navegar una realidad donde las instituciones tradicionales han perdido credibilidad y el futuro se percibe más como una amenaza que como una oportunidad.
La síntesis del informe revela que la supervivencia no implica únicamente una restricción en el gasto, sino una búsqueda de autenticidad radical y de conexiones comunitarias más orgánicas. Isaza subraya que, ante el avance de la inteligencia artificial y la desinformación, la confianza se convierte en la divisa más valiosa del mercado. Las tendencias para 2026 apuntan a una valoración extrema de lo simple y lo humano; las marcas que logren destacar serán aquellas que ofrezcan transparencia absoluta y que actúen como aliados en la gestión del bienestar mental, sustituyendo la promesa de felicidad aspiracional por una oferta de tranquilidad y acompañamiento en el día a día.
Un aspecto fundamental del material es el llamado a la responsabilidad social y la cohesión. A pesar del individualismo imperante, el informe identifica una ventana de oportunidad para que el mercadeo incentive la solidaridad y el sentido de pertenencia. Isaza argumenta que, en medio de la polarización política y económica, las marcas tienen el poder de ser puentes que reconcilien a las sociedades, siempre y cuando su compromiso sea genuino y no meramente cosmético. La adaptabilidad estratégica será, por tanto, la herramienta de supervivencia no solo para los consumidores, sino para las propias organizaciones que deseen permanecer vigentes.
Finalmente, el análisis de Juan Isaza concluye que el 2026 será el año en que la industria deberá demostrar su madurez emocional. Con una trayectoria marcada por el liderazgo estratégico en mercados globales y un profundo conocimiento del consumidor latinoamericano, Isaza invita a los profesionales del sector a mirar más allá de los datos fríos para entender la psicología de un público que está cansado de la confrontación. El éxito en este nuevo ciclo dependerá de la capacidad de las marcas para humanizarse, simplificar la toma de decisiones y ofrecer un valor real que resuene con la necesidad de protección y esperanza de una sociedad en constante transformación.