
Victoria Wiske, Agustina Mamberti, Manuel Blanco yManuel Cambón
En un contexto donde el término “cool” se usa con frecuencia en marketing, pero pocas veces se comprende, la agencia Catch, especializada en cultura y entretenimiento, presentó un marco conceptual para repensar el coolness como atributo cultural. Lejos de fórmulas estéticas o poses impostadas, la propuesta busca ofrecer a las marcas una herramienta para construir autenticidad y conexión real con las audiencias.
Según compartió la agencia a PRODU, el coolness no puede copiarse ni declararse: se construye y se percibe. Así lo explica Victoria Wiske, LATAM Strategy & Growth Director de Catch: “El coolness no se copia, se construye. Y lo más importante: se percibe, no se declara”. Para llegar a esta conclusión, el equipo de Strategy & Consumer Insights de la agencia investigó los orígenes del concepto, organizó workshops internos y discutió su aplicación con los equipos creativos, trazando un marco basado en tres dimensiones: estética, actitud y anclaje.
“La búsqueda de lo cool genera cringe cuando se fuerza”, sostiene el estudio. Desde la agencia plantean que lo cool no surge del esfuerzo excesivo ni de la imitación, sino del equilibrio entre tres elementos interconectados: una estética coherente, una actitud segura y un anclaje auténtico.
Agustina Mamberti, Senior Brand Strategist, resume: “Queríamos entender qué tienen en común esas marcas que logran ser cool sin buscarlo. Y encontramos que no hay una fórmula, sino un equilibrio entre tres dimensiones que se alimentan entre sí: estética, actitud y anclaje”.
Desde Catch, concluyen que lo cool no debe perseguirse como tendencia, sino construirse como una expresión coherente de identidad y contexto. “Las marcas que son percibidas como cool no lo logran copiando modas, sino entendiendo qué estética, qué actitud y qué anclaje les dan coherencia, profundidad y sentido en el presente”.
Con esta reflexión, la agencia invita a creativos, estrategas y líderes de marca a repensar el coolness no como un recurso superficial, sino como un atributo cultural estratégico capaz de generar conexión genuina con la cultura contemporánea.