Simón Bross, director, productor y socio de GeBe
El 13 de marzo llega a Prime Video y Fawesome Sabores de libertad, la serie documental que nace de una iniciativa de CERES (Consejo Empresarial para la Reinserción Social) y que la casa productora GeBe convirtió en seis episodios de 45 minutos filmados dentro del sistema penitenciario de la CDMX. La dirección estuvo a cargo de Simón Bross, junto a Alejandro Cervantes y Pedro Armendáriz.
El proyecto fue desarrollado por el equipo de GeBe, con Rubén Bross, Enrique Ramírez y Bernardo Kanarek en la producción, y Mariana Garrido en la coordinación de producción, quienes apostaron por un tratamiento cinematográfico alejado del formato televisivo tradicional.
“La premisa es muy simple: un platillo puede reactivar memoria, identidad y futuro, incluso detrás de los muros”, explica Simón Bross, director, productor y socio de GeBe.
Pero lo interesante para la industria y para las marcas no es solo el impacto humano. Es el modelo: un proyecto donde el propósito no se declama, se ve; donde no hay producto en cuadro, pero sí una narrativa tan sólida que terminó atrayendo apoyos para completarse.
“No queríamos que sonara a comunicación corporativa. Queríamos que fuera una historia que se sostuviera sola”, afirma el equipo de GeBe.

La serie nace de CERES (Consejo Empresarial para la Reinserción Social), una organización que conecta al sector empresarial con los sistemas penitenciarios para generar capacitación y oportunidades laborales.
El equipo de GeBe cambió el formato: en cada episodio, una persona privada de la libertad (PPL), comparte un platillo emocional, de casa, de la abuela, de un momento feliz. Un chef reconocido entra a cocinarlo y enseñarlo sin que la PPL sepa quién es al inicio.
“El aprendizaje es de ida y vuelta. No es un chef que va a enseñar; es alguien que también sale transformado”, señala Bross.
La decisión editorial fue clave: evitar el amarillismo carcelario y filmar desde el lado humano. “No queríamos morbo. Queríamos humanidad. Injusticia, privilegio, resiliencia, pero con dignidad”, subraya GeBe.
Para rodar, el equipo construyó una cocina dentro del complejo (Santa Martha), montó logística inter-penales y trabajó con un enfoque de calidad: varios directores de foto, cámaras de alto nivel e iluminación cuidada.
“Hacerlo bien cuesta lo mismo. El problema no es la herramienta, ni el teléfono, ni la IA, el problema es creer que la herramienta es la idea”, sostiene Bross.
Documental, sí; improvisado, no.
GeBe lo plantea sin nostalgia: el sistema lineal “cliente → brief → agencia → productora → medios” se terminó. “Hoy ya no es una cadena de mando, es una mesa compartida. Cliente, agencia y productora tienen que editar y optimizar juntos desde el inicio”, afirman.
Para el equipo de GeBe, la conversación se mueve hacia proyectos, no solo campañas; hacia alianzas creativas tempranas; y hacia una presión constante por formatos, timing y desempeño.
La tesis de GeBe es directa: “Si el espectador siente el cheque, ya perdiste. La marca no tiene que interrumpir; tiene que habilitar”, advierten.
Eso explica por qué en Sabores de libertad no hay productos en pantalla, pero sí hubo interés en sumar recursos cuando el tráiler y el primer episodio demostraron que el contenido se sostenía sin muletas.
“La diferencia es clara: hay patrocinio que invade y hay alianzas que abren puertas”, destacan.
Bross no se posiciona en contra de la inteligencia artificial. La usa y la estudia. Pero advierte sobre sus implicaciones. “La IA es una herramienta brutal. Pero sin regulación, el problema no será creativo, será social y legal”, alerta.
Derechos de autor, imagen, menores y desinformación son parte de la conversación pendiente. Y para publicidad, su lectura es directa:
“La IA puede abaratar la ejecución, sí. Pero abaratar no es mejorar. Si la idea es mediocre, la IA solo la vuelve más rápida y más fácil de copiar”, concluye.
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