
El show de medio tiempo marcó un punto de inflexión para Latinoamérica
El Super Bowl LX funcionó como un termómetro del marketing global. Más allá del resultado deportivo entre los Seattle Seahawks y los New England Patriots, el evento expuso dos fuerzas centrales para la industria: el avance cultural latino en el entretenimiento masivo y el riesgo de saturación tecnológica asociado al uso intensivo de inteligencia artificial en la comunicación de marca.
El show de medio tiempo marcó un punto de inflexión. Bad Bunny se convirtió en el primer artista en encabezar el espectáculo cantando mayoritariamente en español, con una puesta en escena centrada en la identidad puertorriqueña y en géneros como la salsa, la bomba y la plena. El momento consolidó la presencia de la cultura latina en el centro del entretenimiento estadounidense.
Según datos de ThinkNow, el 45% de los hispanos declaró mayor interés en ver el show, mientras que la demanda de entradas desde México representó el 11% de las compras en SeatGeek, una de las cifras más altas registradas para un Super Bowl fuera de sedes fronterizas. En paralelo, la cancha también reflejó esta diversidad con la presencia de jugadores de ascendencia latina en ambos equipos.
Ese protagonismo cultural contrastó con la escasa representación latina en las pausas comerciales. Más allá de una aparición puntual de Sofía Vergara en un anuncio de Boehringer Ingelheim, la mayoría de las marcas evitó integrar narrativas o referentes latinos, pese al peso demográfico y económico de esta audiencia.
Para los equipos de marketing, el contraste dejó una señal clara: la representación cultural no puede limitarse a momentos simbólicos. Requiere consistencia en todos los puntos de contacto, especialmente en espacios donde las marcas invierten entre 8 y 10 millones de dólares por 30 segundos.
Las campañas mejor recibidas se alejaron del discurso tecnológico y apostaron por el storytelling. Marcas como Dunkin’, Uber Eats y Bud Light recurrieron a la nostalgia, el humor y celebridades de alto reconocimiento para conectar con la audiencia.
El caso de Dunkin’, con un elenco de figuras icónicas de la televisión y el cine de las décadas de los 80, 90 y 2000, y el anuncio de Uber Eats con Matthew McConaughey y Bradley Cooper, demostraron que la construcción emocional sigue siendo una herramienta efectiva en entornos de alta saturación publicitaria.
El otro gran protagonista fue la inteligencia artificial. Anuncios vinculados a IA dominaron la tanda comercial, con presencia de compañías como Microsoft, Google, Amazon, Meta y Wix, además de piezas generadas parcial o mayoritariamente con IA, como la de Svedka Vodka.
La reacción del público fue mayoritariamente negativa. En redes sociales, la repetición de mensajes asociados a IA generó rechazo y comparaciones con la saturación de anuncios de criptomonedas de años anteriores. El debate se intensificó con el cruce público entre Anthropic y OpenAI, que trasladó una disputa corporativa al centro del evento.
El Super Bowl 2026 dejó aprendizajes concretos para los equipos de marketing en América Latina. Primero, la cultura latina tiene un poder de convocatoria probado cuando se presenta con autenticidad, pero ese valor se diluye si no se integra de forma transversal en las estrategias de marca.
Segundo, la creatividad, el humor y las historias bien contadas siguen superando a la novedad tecnológica cuando se trata de captar atención y generar recuerdo. Tercero, la inteligencia artificial requiere un uso estratégico, transparente y orientado al valor para el consumidor; la saturación y el uso superficial generan fatiga y desconfianza.
En un contexto de automatización creciente, el evento confirmó que la conexión cultural, la narrativa y el criterio creativo continúan siendo los principales diferenciadores para construir relevancia y lealtad.