TELEVISIÓN

La puerta más conveniente no es la más barata, más prestigiosa o rápida: Es la que mejor responde a lo que ese universo necesita demostrar

20 de agosto de 2026

Diego Marambio

En mi columna anterior dejé planteada una pregunta operativa: identificado el capital narrativo, ¿por dónde se entra? En esta oportunidad intentaré ensayar una respuesta, y adelanto la conclusión para que nadie espere una fórmula: la puerta más conveniente no es siempre la más barata, ni la más rápida, ni la más prestigiosa: es la que mejor responde a lo que ese universo necesita demostrar. Pero para elegir bien hay que conocer el menú. Repasemos qué ofrece cada puerta.

EL MENÚ DE LAS PUERTAS

El podcast narrativo es, hoy, probablemente la forma más eficiente de validar un mundo. Se produce a una fracción del costo de cualquier formato audiovisual, se distribuye globalmente sin intermediarios, y mide audiencia en tiempo real: cuántos escuchan, cuántos terminan, cuántos vuelven.

La región ya tiene su caso de escuela: Caso 63, una ficción sonora chilena que se convirtió en fenómeno global de Spotify y fue adaptada a otros idiomas, incluida una versión en inglés con estrellas de Hollywood. Un universo de ciencia ficción latinoamericano validado, expandido y negociado internacionalmente sin que existiera todavía una sola imagen.

El webcomic y la novela gráfica hacen otro trabajo: construyen el imaginario visual del universo, personajes, mundos, estética, a costo de equipo mínimo, y acumulan comunidad de manera medible. Cuando ese universo llega a una mesa de negociación, no trae solo una historia: trae la biblia visual resuelta y el público contado uno por uno.

La literatura sigue siendo la gran incubadora de universos, con una ventaja que a veces olvidamos: el prestigio editorial funciona como validación curatorial, y los derechos de adaptación de una novela que encontró sus lectores se negocian desde una posición muy distinta a la de un guion inédito.

La no ficción es la puerta con la lógica más particular del menú: la realidad valida primero. La crónica periodística, el podcast de true crime, el documental, formatos que prueban el interés por un universo real antes de cualquier adaptación de ficción, sobre material que ya viene con audiencia medida en noticieros, portales y conversación pública. El recorrido ya tiene sus casos de escuela: historias que fueron crónica, después podcast periodístico con millones de escuchas, y recién entonces serie, llegando a esa mesa de negociación con la evidencia más sólida que existe: el interés del público, documentado dos veces.

El videojuego es la puerta más potente para universos que se sostienen en un mundo explorable, y también un recordatorio de que conveniente no significa barato: un juego ambicioso puede costar más que una película. La conveniencia es relativa al universo, no absoluta al formato.

El contenido vertical corto merece entrada propia, porque es la puerta más nueva del menú, y la que más rápido crece. Acá conviven dos fenómenos: los personajes y mundos que nacen en las redes sociales y se validan frente a audiencias masivas a costo casi nulo, y el microdrama vertical como industria formal — series de episodios de uno o dos minutos, pensadas para el teléfono, que ya construyeron su propia economía de plataformas, estudios y audiencias pagas, y que fueron uno de los temas centrales de los mercados internacionales este último año. Su lección para esta columna es doble: válida universos con la velocidad y los datos de las redes, pero con lógica de industria, y su sola existencia demuestra que las puertas no son un catálogo cerrado: siguen apareciendo.

La serie y el cine, finalmente, siguen siendo las puertas de mayor alcance masivo y legitimación cultural. El punto nunca fue negarlo: fue discutir su condición de puerta por defecto.

DATOS Y TIEMPO: LO QUE SE GANA ENTRANDO POR OTRA PUERTA

Hay dos cosas valiosas que generan las puertas que a primera vista parecen más accesibles, y que la puerta grande, por diseño, no puede generar.

El primero es el dato acumulado en el tiempo. Un estreno de cine es un veredicto de fin de semana, contaminado, como opiné al presentar este marco, por el azar del timing. Un podcast, un webcomic o una novela miden a su audiencia durante meses: la validación es más lenta pero más limpia. Y en una industria que decide cada vez más sobre datos, llegar a la mesa con métricas propias cambia la naturaleza de la conversación: ya no pedimos que crean en el proyecto, mostramos que el público ya cree.

El segundo es el derecho a equivocarse. Un universo que tropieza en un formato de bajo costo puede ajustar y volver a intentar; un universo que tropieza en su estreno de gala rara vez tiene segunda oportunidad. El caso Green Lantern lo ilustra bien: un superhéroe con décadas de mitología detrás y un universo cósmico entero por explotar quedó dañado por una sola película fallida en 2011, perdió su franquicia proyectada, quedó congelado en el audiovisual y se convirtió en material de burla de la propia cultura pop. Hicieron falta quince años para darle al personaje una nueva oportunidad, esta vez por otra puerta: una serie. Que esa oportunidad haya llegado no resta el daño que se le hizo, ni los quince años de negocio que el universo perdió en el camino. La entrada era la equivocada, y el precio lo pagó un personaje que merecía más. Estas puertas no solo cuestan menos: perdonan más.

EL CRITERIO: QUÉ NECESITA DEMOSTRAR ESTE UNIVERSO

Entonces, ¿cómo se elige? Proponemos una pregunta-guía: ¿cuál es la duda que este universo tiene que despejar primero? Si la duda es si el mundo y sus personajes enganchan, la ficción sonora o la literatura lo prueban al menor costo. Si la duda es si el imaginario visual funciona, el webcomic o la novela gráfica lo resuelven. Si la duda es si un personaje o una premisa sostienen la atención de una audiencia masiva, y cuál es esa audiencia, el contenido vertical corto lo responde en semanas y con datos que ningún otro formato genera tan rápido.

Si el corazón del universo es un mundo para habitar y explorar, quizás el formato interactivo sea insustituible. Y si la obra es inseparable de la experiencia de la sala, el cortometraje, la ópera prima, el cine pensado como acontecimiento, entonces la puerta correcta es el cine, y la inversión se justifica como lo que es: una apuesta artística cuya validación no pasa por los datos sino por otra cosa.

Este análisis, insistimos, se hace proyecto por proyecto y desde la producción. No es una regla nueva para aplicar a ciegas: es una pregunta que deberíamos hacernos siempre y que casi nunca nos hacemos, porque el sistema entero, financiamiento, formación, mercados, está construido asumiendo la respuesta antes de escuchar la pregunta.

EL MARCO QUEDA PLANTEADO

Con esta columna queda completo el marco que vengo proponiendo: la IP podría ser el universo antes que la obra; la región tiene un capital narrativo enorme y en gran parte dormido; y para cada universo existe una puerta más conveniente que las demás.

Si todo esto tiene sentido, la pregunta siguiente es incómoda: ¿por qué seguimos diseñados para una sola puerta? Y digo seguimos porque la responsabilidad no es solo de las instituciones. Los mercados, los festivales, las herramientas de fomento, el Estado, todos merecen el examen, y lo van a tener.

Pero también lo merecemos los miembros de la industria: los productores que negocian su IP sin pensarla como universo, los agentes que venden títulos cuando podrían vender mundos, los que formamos a las nuevas generaciones en un solo formato, los que vimos venir el cambio y elegimos la comodidad de lo conocido. Por acción u omisión, el sistema de la puerta única lo sostenemos entre todos, y por eso el examen que viene no es un ejercicio de señalar a otros. Empieza por el lugar donde el negocio se hace visible: el mercado audiovisual.

Por Diego Marambio
Gerente sénior de la Comisión de Filmaciones y Asuntos Internacionales del INCAA de Argentina

Diario de Hoy

viernes, 21 de agosto de 2026

PRODU
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.