MERCADEO

Del carnaval al luto: Sebastián Arrechedera sobre cómo Venezuela se unió en Cannes

24 de agosto de 2026

Sebastián Arrechedera, CEO de Rainbow Lobster y Alberto Chumaceiro, presidente de FEVAP

Crónica de una semana en la que Venezuela ganó, tembló y se unió en Cannes.

Venezuela hizo historia en Cannes Lions al conquistar por primera vez un Titanium Lion, además de un Oro, por 600K Network, una esfuerzo ciudadano que nació para las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024. 2024. Sebastián Arrechedera, CEO de Rainbow Lobster, se encargó de transformar esta iniciativa en un caso de estudio para la industria publicitaria, llevando a Cannes la historia de cómo miles de ciudadanos se organizaron y utilizaron la tecnología y la creatividad para defender su voto. Pero la misma semana en que Venezuela celebraba este reconocimiento internacional, el país vivió un doblete sísmico. A dos meses de estos sucesos, Arrechedera escribió una crónica sobre las horas en que Venezuela pasó de celebrar a enlutar y, finalmente, a activarse en solidaridad, mostrando una vez más la capacidad de un país para encontrar fuerza colectiva incluso en medio de la adversidad.

Por: Sebastián “Pana” Arrechedera, CEO Rainbow Lobster

MARTES 23 DE JUNIO

María Corina Machado, la Premio Nobel de la Paz, está en una pantalla de videollamada esperando conectada. Ahí también está el jurado de Titanium. Chaka Sobhani, la Chief Creative Officer global de TBWA que preside ese jurado, Andrea Diquez de GUT, Cindy Gallop y siete jurados más que han definido la creatividad mundial de la última década, todos esperando. Y yo corriendo perdido por los pasillos del Palais des Festivals, jadeando, sin encontrar la sala.

Para explicar cómo llegué ahí tengo que retroceder unas horas antes cuando había recibido la noticia.

La mañana comienza muy bien. Termino de grabar un episodio de El Martínez podcast bar, con Beto Nahmad, un gran creativo argentino viviendo en España que me hace recordar lo que significa empezar de cero como migrante.

Salgo de esa conversación sensible, tocado y me quedo sentado en una silla del 72 Croisette, para revisar el correo porque estaba esperando noticias y ahí está: ganamos dos oros con 600K Network. Los dos primeros oros para Venezuela en la historia de Cannes Lions.

Me pongo a llorar frente al equipo que sigue grabando.

Lloro por los presos políticos, por los torturados, por las injusticias que me ha tocado escuchar durante dos años entrevistando a la gente que hizo posible este caso. Como Yesenia, la partera que terminó escondida con sus dos hijos, perseguida por elementos de la inteligencia solo por haber defendido el voto, comiendo fruta de los árboles para sobrevivir. O Luis, que estuvo en la cárcel Tocorón, donde lo metían a torturar en la cama de Adolfo, una caja con una puerta de acero. Luis hoy vive en España desde donde sigue contando lo que vivió. Todo eso se me agolpa en la cabeza con un email de asunto administrativo.

Y esa misma tarde, con el corazón alborotado me va a tocar presentar el caso ante el jurado de Titanium.

Si es que logro encontrar la sala.

Más tarde, estoy sentado en la sala de prensa, releyendo por enésima vez las dos cuartillas de mi presentación, cuando me vibra el teléfono. Un contacto nuevo. Tres letras: MCM. Y un mensaje de cinco palabras: “Hola Sebastián, soy María Corina.”

Le respondo en el segundo, con mariposas en el estómago, le escribo que cómo quiere manejar la junta: le propongo que lidere la sesión de preguntas y respuestas del jurado y le ofrezco que me dé la palabra si en algún momento prefiere que alguna la conteste yo. Me manda un mensaje de voz en el que oigo que “claro”, que “como yo diga”, que a quién debe dirigirse. Una mujer que enfrentó a un régimen solo con el poder de sus ideas, que salió un día de la clandestinidad desde Venezuela en una lancha a Curazao rumbo a Oslo, a darle la vuelta al mundo llevando la verdad de toda la gente que la apoya a los líderes más importantes del planeta, preguntándome con humildad por el protocolo con esa manera tan cercana que tiene de hablar.

Minutos después llega el desastre técnico.

Me conecto al Teams desde una pequeña sala de prensa del Palais. Ahí está Maria Corina puntual y todo el jurado. Digo mis primeras frases que había ensayado por días y me detienen. El jurado no me escucha nada. La señal del internet se corta.

Intento explicarles que el wifi no funciona y es cuando escucho la voz de Chaka Sobhani: “Love, are you in the Palais? Come here.”

Salgo corriendo a buscar la sala. Detrás de mí, el equipo de grabación del podcast que lleva toda la semana filmando episodios con jurados del festival, sin saber que va a terminar documentando esto. Cuando por fin alguien grita mi nombre y llego a la sala, entramos en estampida: una invasión de venezolanos irrumpiendo en la sala del jurado más exigente de Cannes.

La organización de Cannes Lions nos detiene y mi equipo queda afuera.

Entro yo solo, jadeando y sudando. Pancho Cassis, me da un vaso con agua y me dice que me relaje, que está todo bien. Chaka reinicia el reloj de la presentación para que pueda respirar y empezar de cero.

Y entonces pasa lo que tenía que pasar: María Corina le cuenta a ese jurado, por primera vez en público, lo que fueron sus dieciséis meses de clandestinidad. Cómo le llegó la información de que venían por ella. Los refugios. La persecución. Una Premio Nobel de la Paz contando cómo Comando Con Venezuela y 600,000 ciudadanos armaron el sistema paralelo de verificación electoral ciudadana que dejó a un régimen sin relato.

MIÉRCOLES 24

Es la noche de premiación de los oros en el Lumière. Nos reunimos con una persona de la organización de Cannes Lions porque sabían que habían personas anónimas en la ficha de inscripción y querían saber si alguien pensaba subir al escenario con máscaras. Al principio pensamos que querían evitar el gesto. Era lo contrario: querían poder explicarlo desde la ceremonia si sucedía. Pero ya habíamos encontrado un camino mejor. La bandera venezolana taparía los rostros de quienes no podían mostrarse, porque el régimen que persiguió a los que escanearon un QR sigue en el poder y sigue teniendo presos políticos.

Esa noche subimos todos los venezolanos que estábamos en Cannes a recibir los oros, que son de todos. En un minuto se arma en el escenario un carnaval de banderas en un teatro que no está acostumbrado a un standing ovation un miércoles en la noche.

Dos horas después estamos afuera del Hotel Martínez, donde se juntan todos cuando cae la noche, celebrando con amigos que uno solo ve una vez al año. Ahí se me acerca Marly, mi esposa, y me dice una frase que todavía no termino de procesar: “No te preocupes, tu papá está bien. Acaba de haber un terremoto en Venezuela.”

Mi otra patria es México y ahí tiembla, estoy acostumbrado a recibir noticias de temblores. Pero nunca me imaginé lo que realmente estaba pasando. Abro las redes y entiendo. Un doblete sísmico, algo que los sismólogos consideran rarísimo: un terremoto de magnitud 7.2 en el norte del país seguido segundos después por otro de 7.5. Edificios caídos. Decenas de miles de personas bajo los escombros. Intento llamar a mi papá y la llamada no cae. Alrededor mío, la fiesta de Cannes sigue sonando.

JUEVES 25

Los mismos venezolanos que habíamos hecho el carnaval de banderas nos juntamos a pensar. Ahí estaban el Círculo Creativo de Venezuela y el Círculo Creativo de Estados Unidos, uniéndose para ayudar. La pregunta era una sola: cómo aprovechar que estábamos en el epicentro mediático de la industria, con una historia de la que estaba hablando todo el mundo, para ayudar a nuestro país en plena emergencia.

La respuesta fue un QR. Esta historia empezó con un código QR impreso por el régimen en cada acta electoral, el que 600,000 venezolanos fotografiaron para documentar la verdad de una elección. Y ahora, en Cannes, imprimíamos otro QR, esta vez nuestro, para recaudar ayuda para las víctimas del terremoto. Lo colocamos en distintos puntos del festival y le pedimos a Cannes que hiciera un llamado a la acción desde sus propios espacios. El mismo gesto que en Venezuela era motivo de cárcel, escanear un código, ahora era la manera de ayudar al país desde el otro lado del Atlántico.

VIERNES 26

Me entero por otro email de que ganamos el Titanium, el premio más exigente del festival, y el Grand Prix for Good, que se otorga a lo mejor entre todo el trabajo que hace el bien. Me pasan dos cosas al mismo tiempo: la emoción de saber que estamos logrando el objetivo de que el mundo sepa la verdad gracias a los premios y la angustia de pensar en toda la gente que está sufriendo en mi país. Luego llega un mensaje de un nuevo gran amigo, Jimmie Stone, VP de Meta y venezolano, uno de tantos de la diáspora que salieron a brillar en el mundo. Me comparte su punto de vista sobre lo que él cree que debería pasar la noche de clausura, y me hace todo el sentido del mundo: pasar de la celebración carnavalesca al luto. Subir de manera solemne, envueltos en la bandera. Me voy a comprar ropa negra para estar a la altura del honor de representar a mi país en un momento tan delicado.

La ceremonia de clausura fue el negativo exacto de la del miércoles. Al escenario del Lumière subo con Alberto Chumaceiro, quien había conseguido y traído un acta electoral original del 28 de julio, la misma que el jurado tuvo físicamente en sus manos durante la evaluación del caso. Cargar un acta de esas no es un gesto menor: en Venezuela, tener una era motivo suficiente para terminar preso. Subimos con la bandera de Venezuela en la espalda, de luto, sin celebrar. El mismo escenario donde 48 horas antes habíamos hecho una fiesta de banderas ahora sostenía un momento de memoria por los muertos del terremoto, y un pedido a toda la industria en boca de Juan Señor: Venezuela los necesita ahora.

Ahí entendí para qué sirve un premio. Hay un momento en el que un león deja de ser un objeto y se convierte en un micrófono. Nosotros llevamos 600K Network a Cannes para honrar a 600,000 personas que arriesgaron su libertad por defender un voto, y para contar una historia que el mundo no conocía. El terremoto nos obligó a usar ese micrófono para algo más urgente todavía. Las dos cosas terminaron siendo la misma: poner a Venezuela en el centro de la atención mundial en el momento en que más lo necesitaba.

A mí me tocó vivir la unión de un país en una semana. Primero los creativos venezolanos juntándonos para contar la verdad de una elección. Después los mismos, la misma semana, juntándonos para responder a una tragedia.

Al día siguiente mi papá por fin contestó el teléfono. Estaba bien. Millones de familias venezolanas hicieron esa misma llamada esa noche, y no todas recibieron la misma respuesta. Por ellas seguimos contando esta historia. El premio ya se entregó. La elección sigue robada. Y mientras eso no cambie, contar la verdad sigue siendo el único trabajo.

Esta historia en Cannes no es mía. La hicieron muchos venezolanos regados por el mundo, Matilde Neuman, que vivió cada minuto de este caso desde Brasil sin poder estar en el Palais, el equipo de Fénix Media; Verónica Ruiz del Vizo, Prakriti Maduro y Marcel Rasquin, que ayudaron a que María Corina estuviera en ese jurado, Virgilio Flores y Javier Osorio que organizaron el brainstorm en la casa de Produ; y por su puesto, Comando Con Venezuela, todo el equipo que ideó y construyó lo que nosotros tradujimos, encabezado por Magalli Meda, Gabo Bracho y Claudia Macero.

Están también los quelos que se taparon los rostros con la bandera, los que no puedo nombrar, porque el régimen sigue ahí. Ellos saben quiénes son.

Diario de Hoy

lunes, 24 de agosto de 2026

PRODU
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