TELEVISIÓN

El escritor Héctor Forero fue diagnosticado con linfoma, luchó por no desfallecer y ahora tiene una nueva forma de entender la vida

8 de septiembre de 2026

Héctor Forero es escritor, productor y director con más de 20 años de experiencia en la industria

Una conversación que comenzó hablando de televisión, escritura y de los casi 20 años que lleva vinculado a México, terminó recorriendo uno de los momentos más difíciles de la vida de Héctor Forero.

En entrevista de #PRODUprimetime con Ríchard Izarra en Bogotá, el escritor, productor y director colombiano habló de la enfermedad que lo llevó a revisar el significado que le daba a esa trayectoria y a modificar su relación con el futuro.

MÉXICO ES MI MÁS GRANDE SUEÑO HECHO REALIDAD

México ocupa un lugar central en la historia profesional de Héctor Forero. Allí desarrolló buena parte de su carrera y llegó a coincidir en la pantalla con producciones de Televisa y Azteca. Entre ellas estuvieron Amores cruzados y Un día para vivir.

El escritor recuerda ese momento como uno de los puntos de llegada de un proyecto profesional que había comenzado años atrás:

“Yo siempre he dicho, Richard, que México es mi más grande sueño hecho realidad. Y nunca he sido un tipo… tú me conoces ya hace rato, no soy un tipo así como de ambiciones de: ‘¡Ay, que tengo que llegar arriba!’. No, yo quiero es contar historias bonitas y eso. Y México me ha permitido esto: por ejemplo, cuando hicimos con Juan Osorio esa novela de Mi marido tiene familia, yo fui tan feliz con eso. Y acuérdate cómo le fue de bien. Y luego Un día para vivir, ya vamos en quinta temporada”.

Ese recorrido también estuvo acompañado por reconocimientos dentro del sector. En la Sociedad General de Escritores de México recibió la presea Caridad Bravo Adams, en un momento en que ya comenzaba a experimentar los primeros síntomas de la enfermedad que posteriormente lo llevaría a Colombia.

DIAGNÓSTICO QUE CAMBIÓ SU VIDA

Héctor Forero estaba viviendo en Cozumel cuando comenzó a sentirse mal físicamente. Los primeros síntomas fueron mareos y posteriormente aparecieron otras señales, entre ellas una parálisis facial y alteraciones en la visión. La situación avanzó hasta que una mañana despertó viendo doble.

El escritor cuenta que la distancia de su familia y de sus compañeros de trabajo hizo especialmente compleja esa primera etapa. Su red de amistades en la isla fue determinante para que pudiera recibir atención médica y realizarse los estudios que finalmente permitieron identificar el problema.

“Veía dos carros, veía dos casas, veía todo doble. Fue muy angustiante porque estaba solo en la isla, pero yo soy amigo, literal, de todos los taxistas. Uno se llama Chucky, el otro Atolito, el otro Muerte Pequeña… así, pues son mis amigos. Entonces llamé a Atolito y le dije: ‘Papá, me pasa esto. Estoy viendo doble y no sé qué hacer porque no tengo a nadie aquí en la isla’. Dijo: ‘¿Cómo que no tienes a nadie? Nos tienes a nosotros’. Y entre ellos me fueron resolviendo de ir a médicos”, narró el escritor.

Los exámenes determinaron que tenía masas en la cabeza. El diagnóstico fue un linfoma que había llegado al cerebro. Ante la complejidad del caso, Forero decidió viajar a Colombia para ponerse en manos de especialistas.

Allí comenzó un proceso que se extendió durante aproximadamente un año y que incluyó seis meses de quimioterapia y posteriormente un trasplante autólogo de médula.

MOMENTOS DE INCERTIDUMBRE

El momento más crítico llegó cuando los médicos determinaron inicialmente que no existía un protocolo para tratar su caso. Durante varios días Héctor Forero contempló la posibilidad de que no hubiera una alternativa médica.

Su relato de ese periodo muestra una decisión previa sobre cómo quería enfrentar un eventual final de vida. También explica que había hablado con su familia y que consideraba que no tenía asuntos pendientes con las personas cercanas ni con los proyectos que había construido.

“Dices: ‘Se acabó la vida’. O sea, ¿en serio se acabó? Yo ya había firmado los papeles. Yo tengo firmado eso de derecho a morir dignamente y llamé a mi familia y les dije: ‘No me van a entubar, no. Estoy perdiendo habilidades en las manos, en todo. A mí no me van a hacer nada de eso, yo los amo… No tenía deudas con la vida, y a mis sueños no les debo, los he hecho realidad. Y pues si no hay protocolo, me toca morir en paz”.

La situación cambió cuando los médicos encontraron una alternativa de tratamiento. Forero decidió someterse al protocolo, pese a la intensidad que implicaba.

“Cuando vi a Nicolás y a Silvana, que son parte de mi alma, y los vi ahí… Yo dije: ‘No, yo no puedo a estos muchachos hacerles esto, o sea… voy a hacer lo que tenga que hacer para quedarme en este mundo, lo voy a hacer’’”.

LA ENFERMEDAD MODIFICÓ SUS PRIORIDADES

El tratamiento transformó físicamente a Héctor Forero y lo llevó a depender de otras personas para actividades cotidianas. Pero, además, produjo un cambio en la importancia que asignaba a su carrera y a las metas profesionales.

Durante la conversación con Ríchard Izarra, el escritor explicó que la experiencia le permitió observar desde otra perspectiva la presión que existe alrededor de los proyectos, los reconocimientos y la posición dentro de la industria.

“¡Todo deja de ser tan importante! Todo. Me quedaba pensando en las novelas y decía: ‘Pero yo eso tan lejos. Y tanto que me maté para hacer esto, para hacer aquello, y todo es tan efímero…’. Tan impermanente, tan poco importante en ese momento… Quisiera poder sacarme del corazón esa enseñanza y transmitírsela, por ejemplo, a mis alumnos, los que están tan ansiosos porque: ‘Tengo que llegar, tengo que no sé cuánto’. No, no tienes que hacer nada, eso es muy poco importante”.

La recuperación pasó entonces a concentrar sus objetivos inmediatos. Después de haber trabajado durante años en televisión, literatura y teatro, sus metas actuales están relacionadas con recuperar capacidades que antes formaban parte de su rutina.

“Mi mayor proyecto ahorita es volver a ver bien, caminar bien, agarrar el carro, manejar, sentirme bien conmigo mismo, estar atento cuando estoy enojado, triste, porque creo que el cáncer es una cosa de emociones mal manejadas. Estar muy atento a eso y lo demás se te va dando”.

Diario de Hoy

miércoles, 9 de septiembre de 2026

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