
Mauricio Reyes, director regional de Soluciones y Emanuel Branchesi, VP corporativo de la vertical Retail en SONDA
La inteligencia artificial dejó de ser una promesa para convertirse en una herramienta operativa dentro del retail. En este POV para PRODU, Emanuel Branchesi, VP corporativo de la vertical Retail en SONDA, y Mauricio Reyes, director regional de soluciones Retail en SONDA, analizan cómo la industria está pasando de experimentar con tecnología a integrarla en procesos críticos del negocio.
Por Emanuel Branchesi, VP corporativo de la vertical Retail en SONDA, y Mauricio Reyes, director regional de soluciones Retail en SONDA
Durante años, la industria del retail habló de transformación digital como una promesa futura. Cada nuevo evento o tecnología abría conversaciones sobre lo que sería posible algún día. Sin embargo, el mensaje que dejó el National Retail Federation (NRF) 2026 fue diferente: el retail ya no está imaginando el futuro, está comenzando a operarlo.
La señal más clara de este cambio es la madurez con la que hoy se aborda la tecnología. En esta edición del NRF, la inteligencia artificial dejó de presentarse como una innovación experimental para consolidarse como una capa estructural del negocio. Ya no se trata de pilotos aislados ni de pruebas de concepto, sino de soluciones integradas en procesos críticos como la gestión de inventarios, la optimización de precios, la prevención de pérdidas o la automatización operativa, con impacto directo en eficiencia y resultados.
Este punto es especialmente relevante para Latinoamérica. La región enfrenta márgenes estrechos, altos costos operativos, complejidades logísticas y consumidores cada vez más sensibles al precio. En este contexto, la discusión tecnológica pierde sentido si no se traduce en productividad, control y capacidad de ejecución. La innovación dejó de ser un diferencial aspiracional y pasó a convertirse en un requisito para sostener el negocio.
El NRF 2026 también evidenció que el foco ya no está en sumar capas tecnológicas, sino en reducir fricciones. Las organizaciones que lideran este cambio entendieron que innovar implica simplificar la operación, integrando datos, procesos y personas en un mismo flujo de valor. La tecnología que realmente transforma es aquella que se vuelve invisible para el cliente, pero decisiva para la toma de decisiones internas.
Uno de los errores más frecuentes sigue siendo intentar replicar modelos de otros mercados sin considerar las realidades locales. Latinoamérica necesita adaptar soluciones a contextos operativos más desafiantes, no copiar esquemas ajenos. Hoy existen tecnologías modulares y escalables, con retorno claro, capaces de ajustarse a distintos niveles de madurez digital sin exigir transformaciones estructurales inmediatas.
Otro aprendizaje clave es la evolución del comercio unificado. La industria ya no debate su importancia; el desafío ahora es la coherencia. Coherencia en precios, en disponibilidad de productos, en tiempos de respuesta y en experiencia. El cliente no distingue canales, distingue promesas cumplidas o incumplidas. Lograr esa coherencia no es solo un proyecto tecnológico, es una decisión cultural que atraviesa toda la organización.
La tienda física, lejos de desaparecer, reafirma su rol estratégico. Pasó de ser un punto de venta a convertirse en un nodo donde convergen experiencia, logística, datos y marca. Cuando lo físico y lo digital se integran de forma natural, el retail deja de competir consigo mismo y comienza a responder mejor a las expectativas del consumidor.
El mensaje de fondo es claro: el retail entró en una fase en la que la ventaja competitiva ya no está en innovar primero, sino en ejecutar mejor. La agenda de 2026 es inmediata y tiene impacto directo en eficiencia, competitividad y sostenibilidad del negocio. Las organizaciones que entiendan este cambio estarán mejor preparadas para el entorno actual. Las que sigan tratando la transformación digital como un ejercicio teórico quedarán rezagadas frente a un mercado que ya decidió avanzar.