
Director Adolfo Dávila de Violentas mariposas que estrenó en salas el jueves 10 de marzo
Tras un recorrido por más de 20 festivales internacionales, incluyendo Morelia y Tallin, el director Adolfo Dávila estrenó este jueves 12 en salas de cine de México, su ópera prima, Violentas Mariposas. La película es un grito de rebeldía que utiliza el lenguaje cinematográfico tradicional para cuestionar la falta de justicia en México.
En entrevista, Dávila analizó los retos de la distribución independiente y la necesidad de leyes que garanticen una cuota de pantalla para el cine mexicano frente a los grandes blockbusters.
Para el director, el talento y la calidad de la producción en México están en su mejor momento; sin embargo, la distribución sigue siendo el “talón de Aquiles” para los cineastas locales:
“México necesita, además de una legislación para la justicia, una legislación para el cine para que haya espacio para el cine nacional. Los distribuidores independientes son muy valientes en acercarse a las cadenas y pedirles espacios, pero la verdad es que acabamos en un espacio muy marginal. La petición es que por lo menos un 20% de los espacios del cine esté ocupado por cine mexicano; eso tiene que cambiar y tiene que haber una postura de parte del gobierno e IMCINE”, afirmó Dávila.
En una industria que suele priorizar el número de seguidores en redes sociales o la experiencia previa para otorgar un protagónico, el cineasta decidió romper el esquema con Diana Laura Di y Alejandro Porter, quienes debutan en el largometraje.
“Siento que las plataformas han beneficio, pero también han hecho mucho daño con esta exigencia de que para tener un protagonista tienes que tener a alguien con experiencia o muchos seguidores. Lo importante es que puedan interpretar a sus personajes. Atreverse a darle la oportunidad a nuevos actores enriquece la carrera de las personas y da un resultado de caras que no has visto e interpretaciones nuevas que no están maleadas por el sistema”, puntualizó.
Dávila, quien se define como un director profundamente visual, confiesa que su proceso creativo nace de las imágenes antes que de las palabras. Para Violentas Mariposas, el equipo realizó un trabajo de preproducción exhaustivo que permitió un control total en el set.
“La película se dibujó por completo; hicimos un storyboard de más de mil cuadros para ver cómo era escena por escena. Yo tenía ya mi ‘acordeón’ hecho para filmar cada escena y lo podía compartir con mi fotógrafo, director de arte y actores. Para mí es muy importante llegar con mucho orden al set sabiendo qué es lo que quieres. Mi intención es trabajar con lenguaje cinematográfico esencial antes que con efectos especiales”, explica.

Adolfo Dávila junto a parte del elenco
Después de un año en el circuito de festivales, donde la crítica suele ser más analítica e intelectualizada, Dávila busca la respuesta del espectador cotidiano. La historia de Eva y Víctor, quienes usan el graffiti, la música y la poesía como herramientas de protesta, busca resonar en las nuevas generaciones.
“A la hora que llegas a las salas de cine te enfrentas al público real, al que no viene desde una postura analítica, sino a ver una película y recibir un mensaje. Ahí es donde espero recibir la verdadera respuesta, sobre todo con la esperanza de que muchos jóvenes lleguen a verla”, afirmó.
La cinta profundiza en la psicología de la juventud que decide no permanecer indiferente ante la crisis social. Para el director, el uso de diversas disciplinas artísticas en el guion es el motor que da voz a los protagonistas:
“Es una historia de rebeldía, de retratar a dos chicos que no guardan silencio ante la injusticia y que no se callan ante lo que no les parece. Usan el arte, ella a través de la música y él a través de la poesía y el graffiti, para expresar sus ideas y reclamar justicia en un país donde la injusticia ha reinado por generaciones”, explica el director.
A pesar de las posibilidades digitales actuales, la producción de Violentas Mariposas se mantuvo fiel a las bases del cine clásico para construir su identidad estética. El director priorizó la composición física sobre los efectos de postproducción:
“Está hecha dentro de un esquema de producción y de filmación muy tradicional. Trato de recargarme más en lo que es la cinematografía y la fotografía que en los efectos visuales. La principal intención es trabajar con lenguaje cinematográfico algo esencial; casi todas las películas requieren algún efecto, pero aquí lo principal es la imagen”, detalló.
Dávila señaló que la película toca fibras sensibles sobre las carencias del entorno actual: “Hay una serie de cosas esenciales que fallan en nuestro sistema y una de ellas es la carencia de protección de justicia; esa es una esencial que hay que reclamar. La otra, por supuesto, creo yo, es la educación. Aunque de eso no trata la película, viene de manera implícita el hartazgo de nuestra sociedad”, concluyó.