
El director Francisco Álvarez con las actrices de Señora del destino Daniela Feijoó y Brigitte Jouannet
El director peruano, Francisco Álvarez, está enfrentando uno de sus retos más exigentes con la adaptación que hace Del Barrio Producciones de Señora del destino: trasladar una historia icónica de Globo al contexto peruano, manteniendo su fuerza narrativa mientras responde a los ritmos actuales de audiencia.
Desde la gerencia general de la productora, Álvarez comenta su experiencia con esta adaptación, la primera que Globo licencia de este título. De entrada descarta el dilema entre fidelidad y reinvención. “El guion ya tiene una solidez de estructura, de personajes y de historia”, explica. Sobre esa base, el equipo optó por una apropiación natural: locaciones reales, música local, detalles cotidianos y una actualización temporal que incorpora tecnologías y dinámicas contemporáneas.
“Hacer esta novela es una motivación para mí y para todos los que trabajamos en ella. De chicos hemos visto todas estas novelas brasileras de oro, con todos esos actores eran super icónicos, los Al Pacino y Robert de Niro latinoamericanos”, comenta sobre su experiencia.
Uno de los mayores desafíos ha sido la dinámica de producción: grabar casi en paralelo a la emisión. Este modelo, habitual en la telenovela, implica presión, pero también una ventaja estratégica. “Te da lectura de lo que le gusta a la gente prácticamente en vivo”, afirma Álvarez, lo que permite ajustes narrativos, aunque en este caso, al tratarse de una adaptación, esto tiene límites estructurales.
El punto más ambicioso de la producción ha sido la recreación de un desalojo masivo en un mercado informal, con extras, caballos y presencia policial. La secuencia demandó entre tres y cuatro semanas de preparación, una semana de montaje de locación y más de tres días de rodaje. “Todo el equipo ha salió super feliz de esta escena, con la sensación de éxtasis porque se logró”.
El joven director tiene pasión por las escenas complejas como esta. Para Del Barrio ha dirigido incendios o rodajes fuera del país. En cualquier caso, a partir del guion piensa en el concepto y las va trabajando con una mezcla de referencias sobre cómo quiere que se vean, intuición y capacidad de adaptación en el momento de la propia grabación, en el que se pueden aprovechar los giros que ofrece la adrenalina.
“El reto no es solo el despliegue, sino que funcione emocionalmente”, sostiene. Para Álvarez, una escena espectacular sin conexión narrativa carece de valor. El resultado, asegura, marca “un alto nivel de producción” dentro de la ficción televisiva peruana.
Fiel al sello de la productora, la serie combina exteriores en barrios reales de Lima —como Chorrillos— con sets construidos para interiores. “Nos gusta que se respire la calle”, dice el director, subrayando la importancia de la textura urbana en la narrativa.
Álvarez tiene bastante tiempo trabajando como director en varias de la telenovelas producidas por Del Barrio como Eres mi Sangre, Luz de Luna, Los Otros Concha, Pulseras rojas, La piel de Alicia, Mi esperanza, Dos hermanas, entre otras. Además, ha participado en rodajes de la productora en Buenos Aires, Ciudad de México, Nueva York y en la costa, la sierra y la selva peruana. Desde la vida universitaria está involucrado en la industria audiovisual, etapa en la que hizo el cortometraje Luz, que ganó Mejor Opera Prima en Filmocorto-Fesival de Cine de Lima (2009) y el Concurso Nacional de Cortometrajes de Conacine.
En paralelo, Del Barrio mantiene una agenda intensa. La alianza con Globo contempla al menos tres telenovelas, que les mantendrán la agenda ocupada este año en el que también avanzan en proyectos originales con guionistas locales. Además, la productora prepara para este mes el estreno de su primera película propia, Amando a Amanda —dirigida por Ani Alva Helfer— y explora desarrollos para streaming.

Francisco Álvarez durante el rodaje de Luz de Luna
Sobre formatos emergentes como las series verticales, Álvarez adopta una postura cautelosa: reconoce su potencial como espacio para nuevos talentos y producción de bajo costo, pero cuestiona su sostenibilidad narrativa. “Todavía está en proceso de encontrar equilibrio entre presupuesto e historia”, apunta. Más allá del formato, el director insiste en una idea central: la vigencia de la narración. “Prefiero hablar de historias populares”, dice, entendidas como relatos capaces de conectar con emociones universales y realidades sociales.
En un ecosistema dominado por plataformas y cambios de consumo, Álvarez se aferra a una premisa clásica —casi antigua, pero vigente—: sin historia no hay industria. Y, en su caso, la apuesta sigue siendo contarla bien, incluso cuando el reloj corre en contra.
Esa mirada también guía sus proyectos personales. Entre ellos, una serie basada en una historia real sobre adopciones ilegales, concebido como una serie de seis episodios que sigue a una mujer que descubre que tiene múltiples hermanos en distintos países y emprende una reconstrucción de su identidad.
También está terminando de escribir el guion de su primera película, un guion de terror con raíces en el realismo mágico que preliminarmente se llama Santitos. “Está inspirada en el misterio de los “niños santos”, las sanaciones y la pasión que despiertan en sus seguidores. Empieza como una historia ágil de amor y amistad entre una pareja de músicos callejeros, y gradualmente deriva en una experiencia emocional cada vez más intensa, con mucho suspenso, locura y miedo. Es una película de terror, muy latinoamericana y actual”.
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jueves, 30 de abril de 2026 |