
María Soto, Program Management Lead de Publicis Groupe
La distancia dejó de ser una barrera. De acuerdo con María Soto, Program Management Lead de Publicis Groupe, el modelo offshore pasó de ser un soporte operativo a convertirse en una pieza estratégica para la producción global, donde talento especializado, tecnología, data, automatización e inteligencia artificial trabajan como un mismo sistema.
Por: María Soto, Program Management Lead de Publicis Groupe
La conversación alrededor del modelo offshore ha cambiado muchísimo en los últimos años, siendo una forma de optimizar recursos y aumentar la capacidad de producción. Pero la realidad de la industria cambió, y hoy ese modelo tiene un rol mucho más estratégico dentro de las agencias y los equipos globales.
Desde mi experiencia trabajando con agencias de Publicis Health en Estados Unidos y Reino Unido, he visto cómo los equipos offshore dejaron de ser un soporte externo para convertirse en una extensión real del negocio. Ya no se trata solamente de ejecutar tareas; hoy hablamos de talento especializado que participa en proyectos complejos, conectado con tecnología, data, automatización e inteligencia artificial.
Y creo que ahí está uno de los cambios más importantes como: la producción creativa ya no funciona aislada de la tecnología. Hoy trabajamos con equipos multidisciplinarios donde creatividad, producción, data y tecnología necesitan operar como un mismo sistema. En nuestro caso, contamos con más de 120 profesionales en áreas de tecnología y Data Science, algo que refleja claramente hacia dónde está evolucionando la industria.
Pero más allá de las herramientas o los procesos, el varadero reto sigue siendo humano. Coordinar equipos distribuidos entre distintas regiones implica construir confianza constantemente. Cuando trabajas con estructuras offshore, la autonomía y la comunicación clara se vuelven fundamentales. Ya no basta con gestionar tareas; hay que conectar equipos, alinear expectativas y asegurarse de que todos entiendan el propósito detrás de lo que están construyendo.
Y ahí el program management tiene un impacto enorme. Muchas veces se piensa que nuestro rol está únicamente relacionado con la planeación o seguimiento operativo, pero en realidad gran parte del trabajo consiste en crear las condiciones necesarias para que los equipos puedan funcionar bien. Desde el onboarding hasta la asignación de recursos, pasando por la colaboración entre áreas, todo influye directamente en la calidad del delivery.
En mi experiencia, uno de los mayores objetivos es lograr el “first time best”; hacer las cosas bien desde la primera vez. Y eso solo pasa cuando existe claridad, alineación y un entorno donde las personas realmente pueden colaborar. También aprendí que la escalabilidad no se construye solo desde procesos eficientes. Se construye desde las personas.
Por eso creo tanto en generar espacios donde los equipos pueden crecer, aprender y sentirse parte de algo más grande. Cuando el talento offshore se integra como un verdadero partner y no como un soporte externo, el impacto cambia completamente. Y creo que ahí también el liderazgo femenino ha aportado muchísimo dentro de modelos globales y multiculturales.
En entornos distribuidos, donde muchas veces no existe la cercanía física, habilidades como la empatía, la escucha y la capacidad de leer contextos se vuelven esenciales para construir confianza. Desde mi experiencia, el liderazgo femenino suele tener una capacidad muy fuerte de conectar estrategia con humanidad, entendiendo que los resultados también dependen de cómo se sienten los equipos mientras trabajan.
Eso no significa perder el foco en la ejecución. Al contrario, significa construir estructuras más sostenibles, colaborativas y conscientes de la diversidad que existe dentro de los equipos globales.
Porque cuando las personas se sienten valoradas, escuchadas y alineadas con un propósito común, la distancia deja de ser una barrera y se convierte en una ventaja competitiva. Y quizás ese es el mejor cambio que ha vivido el modelo offshore en los últimos años. Entender que el verdadero valor ya no está en dónde se hace el trabajo, sino en cómo se conecta el talento, la tecnología y la cultura para generar impacto real a escala global.
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lunes, 27 de julio de 2026 |