
Ariel Jeria, gerente general de Rompecabeza
Ariel Jeria, gerente general de Rompecabeza, compartió con PRODU su visión sobre los 21 años de YouTube y el impacto estructural que la plataforma tuvo en la cultura digital. Más que un repaso histórico, su columna analiza cómo YouTube pasó de ser un sitio para compartir videos a convertirse en una capa esencial del aprendizaje, el entretenimiento y la construcción de identidad en el siglo XXI.
Por Ariel Jeria, gerente general de Rompecabeza
El 14 de febrero de 2026 se cumplieron 21 años desde que se registró el dominio YouTube.com. Un acto aparentemente pequeño que encendió una chispa capaz de reescribir cómo el mundo aprende, se entretiene, se informa, compra… e incluso cómo recuerda.
Hoy, más de dos décadas después, YouTube es mucho más que una plataforma de videos: es una infraestructura cultural global. Es biblioteca viva, escuela informal permanente y, para millones —especialmente las generaciones más jóvenes—, el primer motor natural de búsqueda de conocimiento.
Si este aniversario fuera una torta, habría que ponerle 21 velas de hitos. No como ejercicio de nostalgia, sino para comprender cómo permitir que cualquiera subiera un video terminó convirtiéndose en un sistema operativo de la cultura digital.
Estos son 21 hitos que explican esa transformación:
La plataforma logró algo extraordinario: democratizó la publicación audiovisual y profesionalizó a millones de creadores. Transformó cualquier cámara o teléfono en una ventana al mundo.
Pero el verdadero impacto no es técnico, es cultural. YouTube alteró la forma en que se distribuye el conocimiento, se construye reputación y se crean comunidades. Redefinió la relación entre audiencia y creador, entre entretenimiento y aprendizaje, entre ocio y economía.
Hoy el desafío ya no es subir contenido, sino navegar un canal infinito de ideas con criterio. En una era donde el video se convirtió en idioma dominante, YouTube dejó de ser una app para convertirse en una capa estructural de la vida digital.
En el siglo XXI atravesado por pantallas, YouTube no solo vino a alojar videos. Vino a moldear cómo contamos quiénes somos, qué queremos aprender y qué decidimos compartir. Ese es, probablemente, su legado más potente.