
Miguel Ángel Ruiz, socio fundador | DGC, Bombay México y USA
Miguel Ángel Ruiz, socio fundador y DGC de Bombay México y USA, compartió con PRODU su lectura del Super Bowl desde la mirada de marketing y publicidad. Su POV no partió desde el fanatismo musical, sino desde el significado cultural y político del show de Bad Bunny y sus efectos sobre marcas y audiencias. La columna dejó una advertencia práctica: subirse a una conversación sin entenderla puede salir caro.
Por Miguel Ángel Ruiz, socio fundador | DGC, Bombay México y USA
La música de Bad Bunny no me gusta y lejos está de representarme. De hecho, traducir algunas de sus letras a un extranjero me causaría un tema. Hasta el pasado domingo del Super Bowl estuve convencido de que, por más fama que tuviera, su trascendencia sería escasa con el paso de los años. Pero ese día cambiaron algunas cosas. No todas.
Sería tremendamente obtuso no reconocer que lo hecho por Bad Bunny fue poesía pura para el mundo de habla en español. Ese mundo que se levantó de madrugada a trabajar en los campos de California. Ese mundo escondido en las cocinas de cientos de restaurantes en Nueva York. Ese mundo que todos los días hizo que las líneas de producción en Chicago no se detuvieran. Ese gran mundo que hoy representó unos 70 millones de personas que vivieron en “América”, como le hacen llamar algunos ignorantes a Estados Unidos, porque muchos ni el nombre de su país conocieron.
Para que nos demos una idea del tamaño de la población latina en Estados Unidos, solo Brasil y México tuvieron más habitantes. Todos los demás países de nuestra región tuvieron menos. De los casi 200 países que hay en este planeta, tan solo 20 de ellos tuvieron 70 millones de habitantes o más. Así de grande y de importante es ese mundo que hoy, lamentablemente, vivió con miedo de salir a las calles porque no tuvo garantía de volver. Vivieron arrinconados por un discurso de odio implantado por quienes se supone que tuvieron como tarea gobernar para todos.
Por eso y otras muchas razones, el discurso orquestado por Bad Bunny fue simplemente espectacular y relevante. No solo para esos 70 millones de latinos, también para todo el mundo que pudo verlo. Llenó uno de los espacios más gringos que existieron con una cantidad de símbolos latinos como nunca. Todos nos vimos retratados de alguna manera en algún momento del espectáculo. Todos vimos un pedazo de nuestros países en uno o varios momentos de la puesta en escena.
La gran mayoría de lo que se dijo fue en español. Para que no quedara duda, hubo una pantalla que subtituló todo en español también. Nadie les tradujo nada a los gringos. El que entendió, entendió y el que no, ni modo.
Pero sobre todas las cosas, Bad Bunny actuó sin miedo. Y eso posiblemente fue lo que, a ojos de la mayoría, lo convirtió casi en un superhéroe. Actuar sin miedo fue lo que todos quisimos, vivamos donde vivamos, creamos en lo que creamos o seamos del color de piel que seamos.
Y ya sé que a estas alturas muchos estuvieron pensando cosas como: “No seas ingenuo, a ese wey lo usaron y ni cuenta se dio”, “Nos quieren dar atole con el dedo”, “Lo usaron los adversarios del presidente para molestarlo” o “Solo es un acto político”. ¿Y sabes qué? Sí, es posible que algo de eso fuera cierto. Pero el punto es que Bad Bunny tomó su oportunidad y dijo lo que muchos quisieron decir. Lo dijo bien, claro y fuerte.
Consciente o inconscientemente, el Conejo Malo asumió lo que se le puso enfrente y consumó un acto que retrató a todo un pueblo. Lo hizo usando el amor como instrumento de precisión. Y eso —me parece— fue más chingón que sentarse en el baño a escribir en Instagram críticas vacías solo porque su música no te gustó.
Al final del acto, fue una lección excepcionalmente didáctica, usando una frase emblema del pueblo estadounidense. Enseñó que América no es un país, sino un continente entero. “God Bless America”, dijo Benito, para después enumerar uno a uno cada país de Latinoamérica. Fantástico.
Terminaré diciendo que ahora tengo expectativa de qué sigue. Para empezar, y hablando desde mi profesión: ¿cuántas marcas se subirán a este tren? ¿Cuántas lo harán con inteligencia y cuántas sin entender del todo lo que están haciendo? Si te dedicas a la mercadotecnia, piensa bien antes de actuar.