SOSTENIBILIDAD

¿Por qué mostrar la sostenibilidad alimentaria dentro y fuera de pantalla es fundamentar para la Tierra?

20 de abril de 2026

Lo que el cine muestra también educa: reflejar buenas prácticas alimentarias y apostar por un catering realmente sostenible puede cambiar hábitos dentro y fuera del set.

El consumo responsable de los alimentos —y la forma en que estos se representan en pantalla— no es un tema menor: está directamente ligado a la preservación de la Tierra. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, un tercio de los alimentos producidos a nivel mundial se pierde o desperdicia, lo que genera entre el 8% y el 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Ese desperdicio no es solo ambiental, también es cultural: evidencia una desconexión entre lo que producimos, lo que consumimos y cómo entendemos la alimentación.

El sistema alimentario —incluyendo lo que se cocina en un set y lo que se muestra en pantalla— es uno de los puntos más críticos para transformar esa relación.

En la industria audiovisual, sin embargo, esta dimensión sigue operando fuera de cuadro. Mientras se afinan estrategias para reducir emisiones, el catering y la narrativa alimentaria permanecen como un elemento secundario, pese a su impacto directo en la salud humana, la huella ambiental y los hábitos de consumo.

En el marco del Día de la Tierra, la chef Paola Torroella, especialista en nutrición y sostenibilidad y fundadora de la cadena Ozumo, plantea que la sostenibilidad alimentaria no empieza en la cocina del set, sino mucho antes, en el origen mismo de los alimentos “La sostenibilidad es el eje rector, si solo lo vemos como producción de alimentos, nos quedamos muy cortos”, advierte.

Chef Paola Torroella, especialista en Nutrición y Sostenibilidad y fundadora de la cadena Ozumo

ENTRE 8% Y 10% DE LAS EMISIONES GLOBALES PROVIENEN DEL DESPERDICIO DE ALIMENTOS provienen del 

Uno de los errores estructurales en la industria —y en la cultura alimentaria— es confundir alimentación con nutrición. “Una cosa es el acto de comer y otra muy diferente el acto de nutrir”, señala Torroella .

Pero en un set, el reto es aún más complejo: no todos comen igual ni necesitan lo mismo. Diseñar menús sostenibles implica entender que no es lo mismo alimentar a talento, personal técnico, operativo o administrativo.

Un equipo técnico que pasa horas de pie, cargando equipo o en constante movimiento requiere una carga energética distinta a la de un director o personal administrativo con dinámicas más intermitentes. El talento, por su parte, puede tener requerimientos específicos vinculados a imagen, rendimiento o salud.

“Pocas personas analizan que el menú debe ser alto en carbohidratos y proteínas, pero no en grasas poliinsaturadas” explica. Ignorar estas diferencias no solo impacta la salud: también incrementa el desperdicio, porque la comida que no responde a las necesidades reales simplemente no se consume.

DATOS DE CATERING SOSTENIBLE

El desperdicio de alimentos es donde la sostenibilidad se vuelve tangible. Cada plato que no se consume representa recursos desperdiciados desde el campo hasta el set.

“Cuando la merma no es adecuadamente manejada, termina siendo un contaminante grave” advierte Torroella.

La falta de planificación, la sobreproducción y la desconexión con el usuario final generan buffets sobrantes, alimentos mal conservados o desechados. A escala global, esto se traduce en millones de toneladas de alimentos que nunca se consumen; a escala de producción, en costos invisibles que afectan tanto al presupuesto como al impacto ambiental.

REPRESENTAR DE MANERA RESPONSABLE EL CONSUMO DE ALIMENTOS

La sostenibilidad alimentaria no termina en el set, también se construye desde la narrativa audiovisual y, especialmente, desde cómo se presenta la comida en pantalla.

El cine y la televisión no solo reflejan hábitos: los modelan. La forma en que se encuadra un plato, el tipo de alimentos que se asocian al placer, al éxito o a la cotidianidad, construyen imaginarios colectivos sobre lo que “vale la pena” comer.

Hoy, gran parte de la representación alimentaria sigue ligada a productos ultraprocesados, frituras o consumos impulsivos. No es solo lo que se muestra, sino cómo se muestra: comida abundante que se desperdicia, escenas donde el exceso es sinónimo de disfrute, o donde lo saludable aparece como castigo.

“La ingesta es un tema educacional y cultural. ¿Cómo cambiamos el chip? A través de la televisión”, afirma Torroella .

La oportunidad está en reconfigurar esa narrativa: mostrar alimentos nutritivos como deseables, accesibles y culturalmente relevantes. “Empezaría por reflejar a un niño que disfrute comer algo contrario a lo que es de dominio popular” propone .

Incluso los alimentos que asumimos como “más sostenibles” tienen una huella que no podemos ignorar: también se deforestan territorios para sembrar vegetales, se sobreexplotan suelos y agua, y en el caso de la proteína animal, la ganadería y la pesca intensiva siguen presionando ecosistemas completos.

El problema no es solo qué comemos, sino cuánto producimos para terminar desperdiciando. En ese ciclo —producir de más, consumir sin conciencia y desechar— es donde la Tierra pierde. La industria audiovisual, con su capacidad de influir en hábitos y aspiraciones, tiene un rol estratégico: puede dejar de normalizar el exceso y empezar a construir una cultura donde cada alimento se valore, se consuma con sentido y se represente con responsabilidad. Porque en un planeta finito, el verdadero lujo no es la abundancia, sino el equilibrio.

Diario de Hoy

martes, 21 de abril de 2026

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