
Ramiro Navarro
El negocio tradicional está roto, en crisis. Muestra signos de agotamiento estructural, cada vez más difícil de sostener en esta región. Hoy producir en Argentina, y en muchos países de Iberoamérica, es caro, lento, riesgoso y muchas veces inviable. Las productoras pierden control sobre su propiedad intelectual porque no tienen los recursos para desarrollarla ni escalarla. Es una economía de renta baja y esfuerzo alto, sumado a que terminás dependiendo de tener un cash/tax rebate local o dinero de los institutos de cine para conformar un presupuesto y un consumo interno bajo, no hay manera de que una industria y un negocio principalmente se construya con este tipo de bases. Si se rompe alguno de esos eslabones, se cae gran parte de toda la cadena.
Hacer una película/serie es absurdamente caro, y ahí es donde la IA empieza a ofrecer una alternativa real y concreta. No se trata solo de reducir costos, sino de reestructurar procesos: permite testear ideas antes de escalar, generar versiones para distintos públicos, conservar el control del IP y acelerar tiempos de desarrollo. Y sobre todo, reducir la dependencia de subsidios o grandes plataformas.
Lo que viene en los próximos cinco años es una transformación profunda reconfigurada por la inteligencia artificial. La industria audiovisual se va a dividir de forma mucho más marcada entre quienes tienen acceso a tecnología, IPs potentes y audiencias, y quienes no logran adaptarse. En ese escenario, las productoras que no integren herramientas de IA en sus procesos creativos o productivos van a tener dificultades para competir y los países que no desarrollan marcos regulatorios, infraestructura y estrategias propias, corren el riesgo de ser colonizados narrativamente desde afuera.
Habrá una reconversión masiva. Lo que viene no es reemplazo, sino transformación. Un 30% a 50% de los técnicos y el talento creativo van a bajar su ritmo de contratación drásticamente, y una buena parte va a ser reemplazados en los próximos dos años…la parte más fuerte de la IA, que son los agentes, todavía no la vimos.
Para el 2030, el 80% de todos o varios de los procesos de la producción audiovisual mundial va a ser producida en IA (series o películas).
Pero al mismo tiempo, van a surgir nuevos oficios, nuevas especializaciones y una enorme oportunidad de reinvención. La estructura actual va a cambiar radicalmente.
Por ejemplo, profesionales de cámara, luces o sonido van a tener menos participación en sets físicos si los rodajes virtuales se vuelven la norma. Pero esos mismos perfiles pueden reconvertirse en operadores de entornos virtuales, generadores de iluminación procedimentales, supervisores de procesos generativos o integradores entre IA y flujos de trabajo humanos. Esto no es teoría: ya estás pasando.
El desafío es la velocidad. Muchos profesionales no están teniendo el tiempo ni los recursos para capacitarse en estas nuevas áreas. Por eso creemos que hay una gran responsabilidad por parte de quienes estamos liderando proyectos basados en IA: incluir, formar, compartir conocimiento y generar espacios de transición que no dejen a nadie atrás.
En nuestro caso, desde Heyeye, estamos enfocados en integrar IA de forma creativa, responsable y colaborativa, sin romantizar la tecnología, pero tampoco ignorarla. Sabemos que el talento humano sigue siendo insustituible cuando se trata de visión, sensibilidad y conexión emocional. Lo que cambia es el mapa. Y se adapta a la clave.
No todas van a desaparecer, pero sí va a haber un proceso de concentración y especialización. Hoy existen más de 12.000 productoras entre cine y TV en Iberoamérica. Pero la mayoría está atada a un sistema frágil, dependiente de subsidios o alianzas esporádicas, con márgenes muy bajos y poca capacidad de escalar. Con la llegada de la IA y los nuevos modelos de producción, estimamos que en tres a cinco años probablemente queden activas y competitivas entre 2.000 y 3.500 productoras. El resto va a migrar a nichos más específicos o va a ser absorbido por estructuras más grandes.
Dicho esto, también creemos que la IA puede ser una gran aliada para los independientes. Si un creador o una pequeña productora logra adaptarse y dominar herramientas que le permitirán reducir costos, acelerar flujos y mantener la propiedad de su IP, puede ser más libre que nunca. La tecnología permite volver a poner el foco en las ideas. Y eso es poderoso.
Desde nuestra mirada, lo que viene es un nuevo ecosistema. Más descentralizado, más rápido y más flexible. Un entorno donde el tamaño importa menos que la capacidad de innovar.
Es una de las áreas más sensibles y, sin dudas, más complejas. La clave está en la trazabilidad y el uso ético de los datos. Ya existen modelos de IA que son entrenados únicamente con datos licenciados, lo que garantiza un uso responsable y transparente. Y también se están comenzando a desarrollar mecanismos de reparto de ingresos para los casos donde los insumos originales sean identificables.
La IA no copia guiones literalmente, sino que procesa billones de parámetros como un cerebro, generando nuevas combinaciones. ¿Es perfecto? No. ¿Se parece al proceso creativo humano? Bastante.
Dicho de otra forma: no se trata de copiar, sino de crear nuevas combinaciones a partir de patrones aprendidos. Eso sí: no todo está resuelto. La regulación va a tener que evolucionar a la par de la tecnología. Y las empresas que trabajamos con IA tenemos que ser parte activa de esa conversación, no solo por obligación legal, sino por convicción.
Desde HeyEye creemos en un modelo híbrido y progresivo, donde la IA no se utiliza como excusa para abaratar o precarizar, sino como una herramienta para liberar tiempo creativo, generar nuevas oportunidades y respetar siempre la trazabilidad de las ideas.
Hay un punto que no podemos ignorar: la industria creativa siempre se alimentó de referencias. Todos los guionistas, músicos o directores han sido influenciados por otras obras. La diferencia es que ahora podemos —y debemos— construir modelos que reconozcan y retribuyan esas influencias de forma justa y automatizada. Paradójicamente, la IA puede permitir una democratización del proceso creativo que hasta ahora dependía de muy pocos recursos concentrados
El cambio más profundo no es tecnológico. Es cultural. ¿Vos trabajarías hoy sin electricidad? ¿Sin internet? y la respuesta es no. Acá es lo mismo con la inteligencia artificial. La IA descentraliza el poder. El costo de producción va a bajar drásticamente con esto un creador ya no necesita pasar por los cinco o seis escritorios tradicionales que deciden si algo se produce o no. Puede escribir, producir, posproducir y distribuir su obra sin pedir permiso. Plataformas como YouTube, TikTok, o incluso redes tokenizadas (como las que podrían surgir con blockchain) le dan más control y más ganancia directa con una audiencia real, global y segmentada.
Eso lo cambia todo.
Si los creadores más potentes —por IP o por comunidad— empiezan a operar por fuera del sistema, las consecuencias van a ser profundas:
Las plataformas podrían perder exclusividad y control narrativo.
La retención de usuarios bajará y el modelo de suscripción va a entrar en crisis.
La inversión en contenido se va a redefinir.
Y en el caso de compañías que cotizan en bolsa, estas pérdidas pueden generar pánico en accionistas que puede traducirse en una caída bursátil que sacuda toda la industria.
Pero más allá de eso, lo que viene es una nueva forma de entender el contenido: más vivo, más interactivo, más personalizado. Historias que evolucionan con vos. Que se adaptan. Que se ramifican. Y que no necesitan 18 meses de producción ni 40 aprobaciones para ver una luz verde.
Esto es un cambio de era. Este tsunami no avisa, desestabiliza, descentraliza y redistribuye el poder. Hoy no se trata de tecnología, se trata de perspectiva. Los modelos basados únicamente en subsidios muestran cada vez más limitaciones hay de explorar modelos complementarios que nos permitan independencia creativa y es que la industria audiovisual está al borde del colapso. Tenemos más talento del que el sistema puede absorber. La industria audiovisual está superpoblada, hay más creadores, técnicos, actores, productoras y guionistas que la cantidad real de contenido que el mercado puede financiar, producir y distribuir.
La IA no viene a reemplazar, viene a revelar una verdad un poco incómoda: las plataformas ya no alcanzan para todos. Hoy, en Iberoamérica, hay decenas de miles de técnicos, guionistas, productores, actores, directores y artistas visuales con talento, formación y vocación.
Y sin embargo, solo se producen unas pocas centenas de proyectos al año con presupuesto real, equipos armados y distribución profesional. El resto vive en la espera, en el subempleo, muchos piden subsidios y eso termina en la frustración.
El modelo actual no da abasto. Comienza la guerra de IPs IA-first:
La propiedad intelectual generada por IA, sin humanos, va a ser la nueva fiebre del oro. Pero también el nuevo conflicto ético y legal.
Hay algo claro, no es un escenario de ciencia ficción, estamos en 2025 y esto va a pasar en los próximos tres a cinco años. Mientras tanto, la IA abre un nuevo paradigma, uno en el que producir ya no depende del presupuesto, sino de la visión, donde el creador deja de pedir permiso y empieza a construir su propia audiencia, su propio canal, su propia economía narrativa.
La pregunta no es si la IA nos va a reemplazar. La verdadera pregunta es: ¿Qué hacemos y cómo monetizamos de la mejor manera todo lo que podemos crear ahora que ya no dependemos de nadie para hacerlo?
Por:
Ramiro Navarro
CEO de HeyEye