
Pablo Ossa
Labo presentó su visión sobre la evolución del negocio de la posproducción en un contexto marcado por la reducción de volúmenes, la presión presupuestaria y la transformación de los hábitos de consumo audiovisual. Para la compañía, el vínculo entre clientes y proveedores dejó de ser operativo para convertirse en una relación estratégica que busca compartir objetivos, riesgos y responsabilidades.
“Hoy el vínculo entre clientes y proveedores ya no es solo operativo, sino estratégico. La colaboración evoluciona hacia un modelo de sociedad donde trabajamos con metas comunes para llevar los proyectos a buen término”, afirmó Pablo Ossa, CCO de Labo para México y Latam, al referirse al posicionamiento que impulsa la compañía dentro del ecosistema regional.
Con presencia en 16 países de Latinoamérica, Labo subrayó que su expansión responde a una visión de largo plazo orientada a ofrecer cobertura regional y soluciones integradas. Según Ossa, esta estrategia permite acompañar a productores, plataformas y estudios con mayor cercanía en un momento donde la eficiencia se vuelve determinante.
La compañía destacó además que la postroducción dejó de ser una etapa final para convertirse en un eje creativo y estratégico del proceso audiovisual. “En un escenario con menos volumen de contenido y múltiples ventanas de exhibición, la calidad técnica, la eficiencia operativa y la capacidad de adaptación son factores decisivos para el éxito”, señaló.
Desde su rol como casa de posproducción, Labo enfatizó la importancia de optimizar flujos de trabajo e integrar tecnología sin perder el valor del talento humano. “La tecnología por sí sola no es suficiente; la diferenciación real surge cuando se combina con equipos especializados capaces de entender tanto las necesidades creativas como los objetivos de negocio”, explicó Ossa.
El avance de modelos colaborativos y remotos también fue uno de los ejes del mensaje estratégico de la empresa. La integración de equipos distribuidos, clientes y creativos —indicaron— permite acelerar procesos y ampliar las posibilidades creativas sin fronteras geográficas, una tendencia que ya forma parte del presente de la industria.
Respecto a los contenidos verticales, Labo adoptó una postura cautelosa. Si bien reconocen un crecimiento sostenido en la demanda, advierten que el formato aún debe demostrar su sostenibilidad a largo plazo. “Los contenidos verticales implican altos volúmenes de producción y una lógica industrial distinta. La posproducción tiene un rol clave para estandarizar calidad y hacer viable su escalabilidad”, sostuvo Ossa.
En un escenario donde la industria busca equilibrar creatividad, costos y tiempos, la compañía concluyó que la sostenibilidad del ecosistema audiovisual dependerá cada vez más de modelos de colaboración eficientes, en los que la posproducción funcione como un socio estratégico y no solo como un proveedor técnico.