TELEVISIÓN

El pitch ya no cuesta 30.000 dólares

11 de septiembre de 2026

En su columna, Diego Marambio explica cómo la IA no solo está cambiando la forma de producir, sino democratizando la presentación ante fondos, mercados y plataformas

Producir la evidencia de un universo; el teaser, la biblia visual, el prototipo, fue siempre un privilegio de quien ya tenía financiamiento. La IA acaba de romper ese filtro, y eso cambia quién llega a la mesa.

En mi columna anterior propuse el mercado como campo de pruebas: un lugar donde los universos llegan con evidencia y se van con datos. Pero esa propuesta esconde una pregunta previa que conviene mirar de frente: ¿quién puede pagar la evidencia? Porque durante décadas, la respuesta fue un filtro silencioso de nuestra industria, y ese filtro acaba de romperse.

LA BARRERA QUE NADIE INSCRIBIÓ EN NINGÚN REGLAMENTO

Hagamos la cuenta que todos los productores conocen de memoria. Presentarse en serio a un mercado, un fondo o una plataforma exigía un paquete: teaser o proof of concept, biblia visual con arte conceptual, deck de presentación, presupuesto desglosado, a veces un animatic.

Producir ese paquete con calidad profesional costaba, según el proyecto y el territorio, decenas de miles de dólares. Pongamos treinta mil como cifra simbólica: menos que un rodaje, muchísimo más de lo que la mayoría de los talentos de nuestra región puede adelantar de su bolsillo.

Esa cifra funcionó siempre como una barrera de entrada que ningún reglamento escribió pero todos administramos: para pedir dinero había que haber gastado dinero. El desarrollo, la etapa más barata del proceso y la más determinante, es paradójicamente la peor financiada de nuestra cadena: los fondos llegan a la producción, rara vez a la prueba.

El resultado lo conocemos: llegaban a la mesa los proyectos de quienes podían pagar el boleto, que no son necesariamente quienes tienen los mejores mundos para contar. La barrera no filtraba talento; filtraba capital.

LO QUE CAMBIÓ

Las herramientas de inteligencia artificial generativa acaban de alterar esa ecuación de un modo que la industria todavía está procesando. Un equipo chico puede hoy producir arte conceptual de su mundo narrativo, un teaser que transmita tono y atmósfera, una biblia visual coherente, voces de referencia, un animatic completo, a una fracción del costo de hace tres años, y en semanas en lugar de meses.

Conviene ser preciso sobre qué significa esto, porque acá se juega la discusión más ruidosa del momento. La IA no hace la obra: hace la prueba de que el mundo existe. El teaser generado con IA no es la película, es el argumento visual de que esa película merece existir.

La distinción importa, porque separa dos debates que solemos mezclar: uno es el rol de la IA en la obra final, con sus legítimas discusiones artísticas y laborales que no pretendo saldar acá; otro es su rol en el desarrollo, donde reemplaza no al artista sino a la barrera, al presupuesto que el creador no tenía y que le impedía siquiera mostrar su mundo.

Y para quien todavía crea que esto es una discusión de futuro, alcanza con mirar el teléfono: el público ya accede todos los días a contenido hecho con estas herramientas. Los reels, TikTok, Instagram y el resto de las redes están atravesados por producción asistida con IA, y los influencers y creadores de contenido la incorporaron a su rutina sin pedirle permiso a la industria ni esperar que termináramos el debate.

La audiencia ya votó con su consumo, aunque no siempre sepa que está votando. Negarlo, a esta altura, es tapar el sol con la mano, y planificar el desarrollo de nuestros proyectos como si esa realidad no existiera es peor que negarla: es regalarle la ventaja a quien sí la mira de frente.

Y hay un efecto secundario que conecta con todo lo que vengo proponiendo: si producir evidencia se abarató, se abarataron todas las puertas a la vez. El piloto de ficción sonora, el microdrama vertical, la novela gráfica de prueba, cada punto de entrada a un universo bajó su boleto. El mapa de puertas que propuse al comienzo de esta serie no solo existe: se está volviendo más accesible por todas sus entradas al mismo tiempo.

QUIÉN LLEGA AHORA A LA MESA

La consecuencia de fondo no es técnica sino demográfica: cambia la población de la mesa. El talento de las provincias que nunca tuvo acceso a una casa de postproducción. El creador joven cuyo primer capital es su mundo y no su red de contactos. El guionista con un universo extraordinario y cero producción encima. Los territorios enteros, pienso en nuestra región, donde el capital de desarrollo fue siempre el eslabón ausente. Para todos ellos, la distancia entre tener un mundo y poder mostrarlo se achicó dramáticamente.

Seamos honestos también con el reverso: cuando todos pueden producir un pitch impecable, el pitch impecable deja de significar algo. La marea de presentaciones bien terminadas ya está creciendo en los fondos, los mercados y las plataformas, y la estética profesional, que durante décadas fue un indicador de seriedad, pierde su valor de señal. Es la consecuencia lógica de derribar una barrera: del otro lado hay más gente.

Pero ese problema nuevo confirma, en lugar de invalidar, el camino que vengo trazando. Si la evidencia estética ya no discrimina, ¿qué vuelve a discriminar? Dos cosas: la originalidad real del universo, el mundo que solo ese creador podía imaginar, que ninguna herramienta genera sola, y la audiencia medida, el dato de comportamiento que ninguna IA puede fabricar legítimamente.

Exactamente los dos valores alrededor de los cuales propuse rediseñar los mercados. La IA abarata la entrada al campo de pruebas; el campo de pruebas ordena lo que la IA masificó. Las dos piezas se necesitan.

LA HERRAMIENTA TIENE DUEÑOS

Queda una pregunta incómoda flotando sobre todo este optimismo, y es la que me interesa dejar sembrada. Estas herramientas que abaratan nuestra evidencia no nacieron de la nada: se entrenaron con imágenes, textos, voces y mundos que alguien creó antes. Nuestros catálogos, nuestros archivos, nuestra cultura visual están adentro de los modelos, y la región no participó de esa negociación, entre otras cosas porque nadie nos invitó y porque tampoco nos sentamos a exigirlo.

Es decir: la misma tecnología que le abre la puerta a nuestros creadores se construyó, en parte, con los universos que nuestra industria ya había creado. Ese doble filo, usuarios de la herramienta, insumo de la herramienta, merece una conversación propia, con nombres precisos: derechos, licenciamiento, negociación colectiva. Es el tema de mi próxima columna.

Por Diego Marambio
Gerente sénior de la Comisión de Filmaciones y Asuntos Internacionales del INCAA de Argentina

Diario de Hoy

viernes, 11 de septiembre de 2026

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