TELEVISIÓN

Cómo se construyó La broma maestra de Betty la fea, una ficción sin que su protagonista supiera que estaba dentro de ella

Édison Monroy | 18 de septiembre de 2026

Los actores Julián Arango y Lorna Cepeda, la 'víctima', Diego Caicedo, y Raúl Campos y Félix de Valdivia, creadores de La broma maestra de Betty la fea, revelan cómo se realizó el nuevo formato de Prime Video

Prime Video desde este 18 de septiembre presenta La broma maestra de Betty la fea, un formato producido por Estudios RCN. En el programa, Diego Caicedo participa en un supuesto taller para aspirar a un papel en Betty la fea, sin saber que el taller forma parte de una producción construida alrededor de él.

Raúl Campos y Félix de Valdivia desarrollaron el formato a partir del universo de Betty la fea, creado por Fernando Gaitán. “Era la marca de entretenimiento ideal para este formato”, explica Campos en entrevista en PRODU. Para el director, la conexión estaba tanto en la importancia que la historia tiene para diferentes públicos como en el método de producción que se atribuye a la telenovela: “era una serie que se hacía con mucha magia y con mucha improvisación”.

Esa referencia sirvió como punto de partida de La broma maestra de Betty la fea, una producción en la que la improvisación no quedó limitada a los actores, sino que terminó involucrando también a la dirección y a la edición.

PROCESO DE CASTING

Encontrar a la persona que estaría en el centro de la broma fue uno de los primeros desafíos. Félix de Valdivia cuenta que realizaron más de 30 castings antes de seleccionar a Diego Caicedo.

El proceso tenía tres condiciones. La primera era que el elegido conociera y fuera seguidor de Betty la fea. La segunda, que fuera un actor con potencial, pero no demasiado conocido, y que tuviera compromiso con su oficio. La tercera estaba relacionada con su manera de relacionarse con los demás. “Lo más importante y lo más difícil, que sea buena persona”, señala De Valdivia.

La selección terminó en Caicedo, cuya relación previa con la historia ayudó a que el supuesto taller tuviera sentido para él. Cuando recibió la invitación, el actor no sospechó que el proyecto tenía otra finalidad. “El hombre más afortunado del mundo”, responde Caicedo cuando recuerda lo que sintió al saber que tenía un casting para Betty la fea.

Su familiaridad con la producción también tenía un componente cotidiano. El actor cuenta que varias personas de su familia son seguidoras de la historia y que incluso se la han vuelto a ver en distintas ocasiones. A eso se sumaba la presencia permanente de referencias a la telenovela en redes sociales y contenidos digitales.

EL MAYOR RETO FUE EVITAR FILTRACIONES

Una vez elegido Diego Caicedo, la producción de La broma maestra de Betty la fea debía generar suficientes situaciones para mantenerlo dentro de la premisa del taller. La dificultad estaba en que no podía haber una actuación demasiado evidente: los participantes tenían que comportarse de manera que él pudiera interpretar lo que sucedía como parte normal de un proceso de formación.

“Muy, muy buenos actores e improvisadores porque reaccionaban a situaciones de manera así superverídica para mí”, recuerda Diego Caicedo.

Para el actor, las conductas de algunos de sus compañeros podían resultar particulares, pero no necesariamente falsas. Incluso las relacionaba con personas que había conocido fuera de la producción.

Si el protagonista descubría la verdad antes de tiempo, la estructura completa del programa podía cambiar. “El reto que yo identifiqué desde el inicio que me preocupó toda la producción era guardar el secreto en un equipo de más de 100 personas de producción”, explica De Valdivia.

Cuenta que la comunicación con actores, equipo técnico y personal de producción se planteó alrededor de una idea: revelar el secreto no significaba simplemente arruinar una escena, sino afectar la experiencia que se había diseñado para Diego Caicedo.

LORNA CEPEDA Y JULIÁN ARANGO ACTUANDO COMO ELLOS MISMOS

Para Lorna Cepeda y Julián Arango, actores de Betty la fea, el proyecto implicó una situación distinta a sus participaciones habituales en una producción de ficción. Ambos debían aparecer como ellos mismos, pero dentro de una situación ficticia que desconocía Diego Caicedo.

“No había guion, todo era improvisación”, afirma Lorna y explica que las únicas indicaciones establecían el punto de partida de la situación. Después, cada participante debía responder a lo que sucediera: “Lo que pase allá ya es problema tuyo”.

Eso obligaba a mantenerse atentos no solo a Caicedo, sino también a los demás intérpretes, porque cualquier reacción podía modificar la situación.

“A mí me tocaba hacer el actor Julián Arango que es un poco quisquilloso”, relata quien en la novela interpreta a Hugo Lombardi.

Su personaje dentro de La broma maestra de Betty la fea debía comportarse como un actor que se consideraba superior al resto y que podía intervenir para mostrarle a Caicedo cómo hacer determinadas cosas.

La dinámica también generó distintas reacciones entre los intérpretes frente a la manera en que Caicedo iba cayendo en la broma. Mientras Cepeda reconoce que la situación le producía cierta contrariedad, Arango cuenta que la reacción del protagonista le daba motivos para continuar.

Raúl Campos y Félix De Valdivia La broma maestra de Betty la fea

Raúl Campos y Félix De Valdivia son los creadores y directores de La broma maestra de Betty la fea

DIRECCIÓN EN TIEMPO REAL

La dirección de La broma maestra de Betty la fea tuvo que adaptarse a una producción en la que los acontecimientos no estaban completamente determinados. Campos y De Valdivia establecieron una división de funciones: uno podía observar desde el control máster mientras el otro permanecía cerca de las situaciones que se desarrollaban.

Campos describe el método como “una dirección de orquesta colaborativa pero en tiempo real y sin partitura”.
La comparación con el jazz resume la naturaleza del trabajo: había una base previamente establecida, pero las decisiones se tomaban según lo que estuviera ocurriendo. “Es estar ecualizando y diciendo ‘hasta aquí llegó esto, hasta aquí’”, explica Campos.

La comunicación entre ambos directores era constante. Antes de comenzar las jornadas también se establecían las reglas para los actores. De Valdivia cuenta que cada mañana les explicaban qué ocurriría y les recordaban el personaje que debían mantener durante las siguientes horas. Después, tenían libertad para desarrollar las situaciones.

El equipo de dirección podía intervenir cuando era necesario, pero buena parte de los momentos que llegaron al programa surgieron de manera espontánea. De Valdivia señala que algunos de los momentos que considera centrales “fueron totalmente improvisados”.

La división entre los dos directores también requería un sistema para resolver desacuerdos. Campos explica que desde antes de comenzar definieron qué decisiones correspondían a cada uno. “Se necesita un desempate preacordado”, indica.

EDITAR ENTRE MÁS DE 100 HORAS DE MATERIAL

La broma maestra de Betty la fea tuvo cuatro días de filmación. Después hubo un quinto día, destinado a registrar las reacciones de Caicedo y los demás participantes, una vez que conoció la verdad.

La producción trabajó con jornadas de aproximadamente ocho horas, 30 cámaras y un número de participantes que podía llegar a 20. Esa cantidad de cámaras permitía registrar simultáneamente las situaciones desde diferentes posiciones, pero generó otro desafío cuando comenzó la posproducción.

“Tenían suficiente material para contar 100 historias distintas en este show”, afirma De Valdivia. Por eso, el trabajo de edición no consistió únicamente en organizar cronológicamente lo ocurrido. El equipo tuvo que determinar qué situaciones aportaban al relato que quería construir.

El criterio principal fue seguir el recorrido de Diego Caicedo. De Valdivia explica que buscaron priorizar “la historia como el camino del héroe”, entendida en este caso como el recorrido del actor dentro de la experiencia. La comedia fue el segundo criterio para decidir qué permanecía en el montaje.

Eso significó dejar fuera escenas y situaciones que podían funcionar por sí mismas, pero que no contribuían al relato general de lo que se quería en el formato de Prime Video.

La elección de las cámaras también formó parte de la edición. Con 30 fuentes registrando simultáneamente, cada momento podía ser contado desde diferentes perspectivas. El montaje debía determinar cuál permitía transmitir mejor cada situación.

El resultado final de La broma maestra de Betty la fea, según De Valdivia, fue producto de un proceso colaborativo que continuó hasta la posproducción. La estructura del programa no dependió de una única mirada autoral, sino de las decisiones tomadas durante el casting, la preparación de los actores, el rodaje, la dirección en tiempo real y finalmente la edición.

Diario de Hoy

viernes, 18 de septiembre de 2026

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