TELEVISIÓN

Cinco maneras de contar (y cobrar)

15 de octubre de 2026

Diego Marambio

Mi columna anterior dejó una pregunta ordenadora: si no todo proyecto es un universo, ¿qué es cada proyecto, y qué modelo de negocio le corresponde? En esta oportunidad intentaré ensayar una respuesta en forma de mapa. Y adelanto el criterio que lo organiza, porque las taxonomías sin eje son listas disfrazadas: lo que distingue a estas cinco lógicas es qué retiene al público y de dónde sale la renta. No son géneros, no son formatos, no son tamaños de presupuesto: son cinco respuestas distintas a la pregunta de qué es, exactamente, lo que se está vendiendo.

EL PERSONAJE

En la primera lógica, lo que retiene es una figura. James Bond sobrevivió a seis actores, veinticinco tramas y sesenta años; el Chavo lleva medio siglo cruzando fronteras y formatos; Paddington vende ternura idéntica en libro, cine y góndola. La trama es reemplazable, el mundo es apenas escenografía: el público vuelve por él o por ella. El negocio del personaje es el licenciamiento en su estado más puro, la figura se alquila a formatos, marcas y territorios, y cada aparición alimenta a las demás. Su puerta de entrada ideal es la que instala la figura más rápido y más barato: la animación, la tira, el contenido corto donde un personaje puede probarse frente a su audiencia en semanas.

LA TRAMA

En la segunda, lo que retiene es la historia, y la historia, por definición, se agota al contarse. La miniserie que no admite segunda temporada, el film que se cierra sobre sí mismo, el true crime de un caso con final. Digámoslo claro antes de que alguien lea jerarquías: esta lógica no es inferior, domina el prestigio, los premios y buena parte del mejor arte del audiovisual. Pero su economía es de venta única, no de renta: se cobra una vez, fuerte, y se pasa a la siguiente. Confundir esto no es inocente: estirar una trama para convertirla en lo que no es, la segunda temporada que nadie pidió, destruye el valor de lo que sí era. La obra con su límite claro, como escribí en mi columna anterior, es un modelo de negocio legítimo: el de vender perfecto lo que se cuenta una sola vez.

EL UNIVERSO

La tercera es la protagonista de esta serie y no hace falta reintroducirla: lo que retiene es el mundo, con sus habitaciones de sobra, sus puertas múltiples y su renta de largo plazo. Solo agrego lo que este mapa permite ver: el universo es la lógica de mayor potencial y también la de mayor exigencia, pide diseño, arquitectura de derechos y paciencia de años. No es la mejor lógica; es la mejor lógica para los proyectos que son mundos. El error de nuestra época es empujar todo hacia ella: no todo James Bond necesita un multiverso, y la industria que olvida eso produce universos vacíos, cáscaras de expansión alrededor de nada.

EL FORMATO

La cuarta es la que América Latina domina hace décadas sin cobrarse el mérito: lo que retiene es la mecánica. MasterChef, Gran Hermano, el concurso de talentos, y antes que todos ellos, la telenovela como estructura exportable: la región vendió durante medio siglo mecánicas narrativas replicables por territorio, cada país pone sus caras, su idioma y su cultura sobre un motor probado. Eso es licenciamiento de IP en escala industrial, y lo hacíamos antes de que la palabra IP llegara a nuestras reuniones. Es la única lógica donde la región no tiene que aprender nada: tiene que recordar lo que ya supo hacer, y preguntarse por qué dejó de inventar motores para dedicarse a alquilar los ajenos.

EL NICHO

La quinta invierte el orden de todas las anteriores: no empieza por el contenido sino por la comunidad. El true crime, el anime, los fandoms, el terror de culto, audiencias definidas, intensas y medibles, para las que el contenido se diseña de atrás hacia adelante: primero se sabe quién mira, después se decide qué se produce. Es la lógica donde el dato reemplaza a la intuición, y su versión extrema es el fenómeno que la industria tradicional todavía procesa con incomodidad: el creador. Un creador con su comunidad es un nicho con cara, la audiencia no sigue un contenido, sigue a una persona, y esa relación es la IP. La economía de creadores que describí columnas atrás no es una rareza al costado de la industria: es la quinta lógica funcionando a cielo abierto.

CONVIVEN, SE COMBINAN Y SE MIGRAN

Ahora, lo importante del mapa: estas cinco lógicas no compiten, conviven, y hasta se combinan dentro de un mismo proyecto. Un universo puede contener personajes licenciables y tramas cerradas; un formato puede engendrar nichos; un caso real puede ser trama (el crimen con final) o universo (el mundo criminal que sigue produciendo historias). Y los proyectos migran: el personaje que nació en una trama, la obra cuyo límite bien trazado dejó registrada la puerta de un mundo posible. El mapa no encasilla: orienta.

Si hace falta un caso que lo demuestre todo junto, ahí está Ryan Murphy. American Horror Story es un universo antológico donde cada temporada es una trama que se cierra; Monsters toma historias reales, caso por caso, para el nicho fiel del true crime; Feud hace lo propio con las rivalidades célebres. Universos, tramas, casos reales, nichos, todo en una misma firma. Y la pregunta del eje revela lo más interesante: ¿qué retiene al público a través de proyectos tan distintos? Él. El espectador no vuelve por un mundo ni por un caso: vuelve por “lo nuevo de Ryan Murphy”.

El autor-marca funciona como personaje, la figura que se sigue, y como nicho con cara, una comunidad de gusto, al mismo tiempo: es la versión que la industria tradicional ya tenía de la quinta lógica sin llamarla así, el creador con comunidad pero con presupuesto de estudio. No hace falta inventarle una sexta categoría: es la prueba viviente de que las cinco se combinan, y de que, a veces, la firma es la IP.

Su uso práctico es el que esta serie propuso desde el primer día, ahora con más resolución: antes de desarrollar, preguntarse en qué lógica está parado el proyecto, porque de esa respuesta se desprende todo lo demás. La puerta de entrada conveniente. El comprador correcto (el que licencia figuras no es el que compra tramas cerradas ni el que invierte en mundos). El modelo de negocio: renta o venta, licencia o inversión, catálogo o comunidad. Los errores caros de nuestra industria suelen ser errores de lógica confundida: cobrar como venta única lo que era una renta de décadas, prometer universo donde había una trama perfecta, tratar al creador con audiencia propia como si fuera un proveedor más.

 

Diario de Hoy

jueves, 15 de octubre de 2026

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