TELEVISIÓN

El mercado audiovisual de 2030

22 de octubre de 2026

Diego Marambio

Empecé esta serie con una pregunta que nos cuesta hacernos: ¿qué estamos vendiendo exactamente? Once columnas después, quiero terminarla con un ejercicio: proyectar todo lo dicho cuatro años hacia adelante y caminar por el mercado audiovisual que esas ideas construyen. No es futurología, es deducción: si la IP es el universo, si las puertas son diferentes, si cada proyecto tiene su lógica, el evento de 2030 se dibuja solo. Caminémoslo.

LA ENTRADA

Lo primero que cambió está en la puerta, literalmente: ya no hay una sola acreditación. El evento es de capas, el territorio profesional sigue cerrado donde debe estarlo, las rondas de negociación y el mercado clásico con su liturgia intacta, pero alrededor se abrieron espacios que hace cuatro años hubieran parecido herejía: sesiones con público general, organizadas por puertas. Los jóvenes que consumen microdramas en el teléfono están adentro, midiendo con su atención lo que ningún comité puede medir. Los oyentes en las sesiones de escucha. Los jugadores frente a los prototipos. La audiencia cinéfila cruzando desde el festival vecino, ahora con instrumentos de medición esperándola del otro lado del puente. El público dejó de ser el que espera afuera el estreno: es parte del instrumental del evento.

LO QUE SE EXHIBE

El catálogo también habla otro idioma. La casilla de inscripción pregunta qué mundo es, por qué puerta está entrando, qué evidencia trae, el formulario, que era el último en enterarse de todo, finalmente se enteró.

Los proyectos llegan como lo que son: universos con sus biblias y sus datos, tramas perfectas que se venden cerradas y sin pedir disculpas, personajes buscando licenciatarios, formatos ofreciendo sus motores, nichos con sus comunidades ya contadas. Hay pabellones que siguen agrupando por país, la geografía no murió, pero los que concentran el negocio agrupan por lógica: la mesa donde un universo se sienta en una misma jornada con la plataforma, la editorial, el estudio de videojuegos y la marca dejó de ser una idea de columna y es la sección más pedida del evento.

Y hay un pabellón que en 2026 no existía: el de los universos dormidos. Los estados regionales llegaron con sus inventarios, la mitología local, los archivos de historias reales, los mundos narrativos de cada territorio, documentados y con derechos ordenados. Las provincias dejaron de ofrecer solamente locaciones: ofrecen mundos. Y en alguna sala de reuniones, si hicimos las cosas bien, funciona la mesa que esta serie reclamó con más urgencia: la del licenciamiento colectivo de nuestros catálogos para el entrenamiento de IA, la región cobrando, por fin, por lo que antes regalaba.

LO QUE SE LLEVA CADA UNO  

El proyecto que pasa por el campo de pruebas se va con algo que en la era de la vidriera no existía: evidencia propia. Retención medida, audiencia segmentada, comportamiento real, el insumo que vale en cualquier negociación posterior. El desarrollo se abarató tanto que la estética del pitch ya no impresiona a nadie: teasers impecables hay miles, y lo que discrimina volvió a ser lo que siempre debió ser, la originalidad del mundo y los datos de su audiencia. El comprador decide sobre comportamiento, no sobre promesas. Y el talento nuevo encontró el camino que la aduana de las mismas productoras de siempre le bloqueaba: la evidencia perfora al portero. Un hallazgo con datos no necesita permiso.

Entre los oficios del evento hay uno que en 2026 no tenía nombre: los arquitectos de universo circulan con la naturalidad con que antes circulaban los directores de fotografía. Y entre los asistentes, la distinción que organizaba todo, industria por un lado, creadores por el otro, se volvió difícil de sostener: el creador con su comunidad es un actor del mercado como cualquier otro, y más de una plataforma aprendió que la firma puede ser la IP.

LO QUE NO DESAPARECIÓ

Digámoslo con el mismo cuidado de toda la serie: el cine está ahí. La sala, la obra con su límite claro, la película que es puerta de entrada de su mundo o que simplemente es, perfecta y cerrada. Los screenings siguen, los stands siguen, la liturgia que tiene sentido sigue. Lo que desapareció no son las piezas: es su monopolio. La proporción entre lo que el evento exhibe y lo que el negocio compra, que en 2026 estaba desbalanceada hacia el pasado, se fue corrigiendo al ritmo que el negocio lo pidió, que era, al final, todo lo que esta serie propuso.

LA HONESTIDAD FINAL

Ahora, la advertencia que le debo al lector que llegó hasta acá: nada de esto es inevitable. El statu quo es fuerte, la liturgia paga sus cuentas, y los rediseños de este tamaño no ocurren porque una columna los describa. El mercado de 2030 puede parecerse mucho más al de 2026 de lo que este ejercicio imagina, los eventos tienen una inercia que ya describí y que no subestimo. Este futuro no es un pronóstico: es una decisión de diseño, y está disponible para quien se anime a tomarla primero. La región ya demostró una vez que puede llegar antes que Hollywood a una idea, lo hizo con los incentivos, hace décadas. Puede volver a hacerlo con esta.

Cierro la serie donde empezó. ¿Qué estamos vendiendo exactamente? Después de doce columnas, mi respuesta es la que intenté fundamentar en cada una: mundos, y por todas sus puertas. La IP podría ser el universo. Las puertas son diferentes, y cada universo tiene la suya. Cada proyecto tiene su lógica, y confundirlas sale caro. El Estado detecta y construye el puente; el privado amplifica y escala; el mercado mide en el medio. Nada de esto es un decreto: es un marco, ofrecido para discutirse, que es lo que las buenas conversaciones de industria hacen con los marcos.

La conversación, entonces, queda abierta. Nos vemos en el mercado, el de ahora, mientras construimos el de 2030.

Por Diego Marambio
Gerente sénior de la Comisión de Filmaciones y Asuntos Internacionales del INCAA de Argentina

Diario de Hoy

jueves, 22 de octubre de 2026

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