
Francisco Ramos de Netflix fue moderador en la MasterClass de Juan de Dios Larraín y Pablo Larraín para hablar de Fábula
En el marco del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG 41), los hermanos Juan de Dios Larraín y Pablo Larraín, fundadores de Fábula, compartieron las claves de su éxito global. En un panel moderado por Paco Ramos, VP de Contenidos de Netflix para Latinoamérica, los productores chilenos analizaron la transformación de su casa productora y la necesidad de conectar con las audiencias a través de un cine con identidad política y social.
Juan de Dios afirmó que, mientras México goza de un mercado robusto, Chile tuvo que diseñar su cinematografía mirando hacia afuera desde el origen.
“México es autosuficiente. En Chile siempre tuvimos que salir; no había manera de hacer cine sin coproducción. Es la idea fundamental de la cinematografía chilena. Jamás dan los números solo con el mercado local”, afirmó. Esta necesidad obligó a la productora a “jugar de visita” y profesionalizar áreas legales y financieras para competir en mercados como Los Ángeles y Europa.
Para Pablo, la clave de la internacionalización no radica en “desnaturalizar” los proyectos, sino en encontrar elementos universales dentro de historias profundamente locales. El director destacó que el éxito de Fábula se basa en la confianza absoluta en la visión del autor.
“Hemos sido más exitosos cuando hemos hecho contenido social. Invitamos a directores y lo que hacemos es confiar en ellos; darles solo una opinión para que el contenido tenga la identidad referida a esa persona. Son voces que no son intercambiables”, explicó Pablo.
Uno de los puntos destacados de la charla fue la relación entre el cine de autor y el público. Los Larraín coincidieron en que la televisión ha impuesto una disciplina distinta respecto a la métrica de éxito, pero advirtieron sobre los peligros de evitar el riesgo creativo.
“La palabra más difícil del audiovisual es la palabra audiencia. Cuando hacemos televisión, el público está en la primera sala del proyecto. Lo que tenemos que aprender es cómo hacemos un cine que consiga más audiencia”, señaló Juan de Dios Larraín.
Por su parte, Pablo Larraín defendió el proceso de aprendizaje a través de los proyectos que no logran el impacto esperado: “Nuestros proyectos que han funcionado son gracias a aquellos que no funcionaron. Ha sido muy importante entender por qué fallaron. La autocrítica es fundamental”.
Paco Ramos y los hermanos debatieron sobre cómo el miedo al fracaso ante las audiencias masivas puede empobrecer la narrativa, impulsando a la industria hacia contenidos predecibles.
“Tendríamos que desestigmatizar el fracaso tanto como el éxito masivo. Si no, nos enfrentamos a los proyectos con la sensación de que, si no es un éxito masivo, es un fracaso. Eso puede llevarnos a tomar decisiones menos ambiciosas, eliminando el factor riesgo para llegar al cine de fórmula”.
Finalmente, los ponentes destacaron que el cine latinoamericano no puede ser ajeno a su contexto. Para el director de El Conde, la creación audiovisual es un acto intrínsecamente político.
“Nos sentimos más cómodos cuando hablamos de contenido social. Me parecería muy raro e incómodo filmar algo que no tenga una mirada política y que no dé cuenta de lo que me está pasando todos los días. Si no lo hacemos, estamos en el riesgo de meternos en una vanidad continua que me parece temeraria”, añadieron.
La relación con el espectador no fue vista como una opción comercial, sino como un deber ético. El panel discutió cómo el cine debe evitar el aislamiento intelectual para convertirse en un espejo de la comunidad.
“Tenemos la obligación de dialogar con la sociedad. Es nuestra obligación absoluta hablar con las personas y si no lo hacemos, estamos fallándole a la gente. La verdadera solución al problema de la audiencia y la recepción es trabajar lo más posible pensando en ella al principio”, concluyeron.
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jueves, 23 de abril de 2026 |
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