MERCADEO

Canaves y Alba de DC Argentina: “En una cultura dominada por el algoritmo, lo imperfecto vuelve a ser disruptivo”

10 de marzo de 2026

Gastón Canaves y Agustín Alba, Directores Generales Creativos de DC Argentina

El ecosistema digital prometió durante años una experiencia personalizada, eficiente y diseñada a la medida de cada usuario. Sin embargo, el informe Generative Realities de Dentsu Creative muestra que ese modelo empieza a mostrar signos de desgaste. Gastón Canaves y Agustín Alba, dupla de Directores Generales Creativos de DC Argentina, aseguran que este cansancio abre un nuevo terreno para la creatividad: la búsqueda deliberada de lo imperfecto.

LA REBELDÍA DE LO IMPERFECTO
Por Gastón Canaves y Agustín Alba, Directores Generales Creativos de DC Argentina

Durante años, el algoritmo fue presentado como el gran aliado de la vida moderna. Prometía personalización, eficiencia y una experiencia “a medida”. Pero ese relato empieza a resquebrajarse. El informe Generative Realities muestra que el 55% de las personas afirma estar cansada de recibir siempre el mismo tipo de contenidos, y más de la mitad siente que los sistemas digitales limitan su capacidad de descubrir cosas nuevas.

La lógica algorítmica, diseñada para optimizar el engagement, terminó produciendo una cultura de la repetición. Playlists que suenan igual, feeds previsibles, narrativas que no sorprenden. Lo que nació como promesa de diversidad derivó, paradójicamente, en una homogeneización cultural.

Frente a este escenario empieza a aparecer una reacción clara: la búsqueda consciente de lo imperfecto, lo analógico y lo no optimizado. No como nostalgia vacía, sino como una forma de recuperar control y agencia. Un dato revelador del informe: el 45% de la Generación Z declara interés en dispositivos “no inteligentes”, mientras crece el valor simbólico de objetos físicos, procesos manuales y experiencias que no pueden ser completamente automatizadas.

Vinilos, cámaras descartables, fanzines, cuadernos, ferias, encuentros presenciales. Estas prácticas no niegan la tecnología, pero sí cuestionan su omnipresencia. Funcionan como pequeños actos de fricción en un sistema diseñado justamente para eliminarla. En ese contexto, la imperfección deja de ser un error para convertirse en señal de autenticidad.

En mercados como el argentino esta tensión resulta especialmente significativa. Nuestra creatividad siempre se construyó desde la escasez, el ingenio y la adaptación constante. Lo imperfecto nunca fue un problema: fue una herramienta. Hoy, ese ADN vuelve a cobrar valor como respuesta cultural frente a la saturación digital.

Para las marcas, el desafío es profundo. Ya no alcanza con “funcionar bien” dentro del algoritmo. Las personas empiezan a buscar experiencias que sorprendan, incomoden o rompan el patrón, incluso a costa de perder eficiencia.

En un mundo obsesionado con la optimización, lo verdaderamente disruptivo empieza a ser aquello que no puede predecirse del todo.

El futuro de la creatividad no está en perfeccionar el sistema, sino en introducir humanidad dentro de él. Y la humanidad, por definición, es imperfecta.

Diario de Hoy

jueves, 30 de abril de 2026

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