
Luis Sordo, Chief Creative Officer de Leo Constellation, red creativa global de Publicis Groupe
Luis Sordo, Chief Creative Officer de Leo Constellation, red creativa global de Publicis Groupe, reflexiona sobre el impacto de la inteligencia artificial en la creatividad y el papel que seguirá desempeñando la inteligencia humana en la industria. Con una mirada personal y provocadora, plantea que el debate no está en si la IA reemplazará a la creatividad, sino en cómo transforma la relación entre las ideas y su ejecución.
Hay una frase de una película sobre robots que me viene a la mente cada vez que sale una nueva actualización sobre cómo el mundo (ahora sí) ya no será el mismo por la inteligencia artificial.
“The future is not set. There is no fate but what we make for ourselves.”
— Sarah Connor, “Terminator 2″
Nunca pensé que una línea de 1991 terminaría sonando tan actual. No por los robots, sino por lo que revela sobre nosotros: el nerviosismo de creer que el futuro no depende de una decisión humana.
Hoy, cada conversación sobre inteligencia artificial parece empezar en la misma pregunta, aunque casi nunca se formula así: qué parte de lo humano sigue siendo irreemplazable. No hablamos solo de creatividad. Hablamos de identidad, de lo que queda cuando todo lo demás puede ser acelerado, automatizado o simulado. La creatividad es solo el lugar donde esa pregunta se vuelve más visible y quizá por eso incomoda tanto.
No creo que estemos ante una crisis en los departamentos creativos. Creo que estamos ante una crisis de definición: qué significa crear cuando producir deja de ser la principal barrera. Porque hoy podemos generar imágenes, textos, música y video en segundos. Nunca había sido tan “fácil” producir. Y aun así, pocas veces había escuchado tanta ansiedad sobre lo que eso significa para lo humano.
La confusión es simple, pero profunda: crear no es producir. Producir es ejecutar. Crear es otra cosa. Es encontrar una idea que no existía antes, ver algo que otros no vieron o decir algo que, cuando alguien lo escucha, siente que siempre estuvo ahí, pero no sabía cómo nombrarlo.
Eso no ha cambiado.
Lo que está cambiando es otra cosa. Durante mucho tiempo, la creatividad estuvo limitada no por la imaginación, sino por la ejecución. No faltaban ideas; faltaban medios para volverlas reales. Tener una idea no significaba poder dibujarla. Tener una historia no significaba poder filmarla. Tener una canción no significaba poder producirla. Existía un abismo entre imaginar y hacer.
Esa distancia está desapareciendo. Y eso cambia la naturaleza del juego.
No creo que la inteligencia artificial haga creativas a las personas. Creo que está empezando a hacer visibles a personas que ya lo eran de una u otra manera, pero que no podían materializarlo. Cuando la ejecución deja de ser la barrera principal, la diferencia ya no está en la herramienta, sino en algo mucho más difícil de automatizar: la visión, el criterio y la sensibilidad.
Ahí es donde la creatividad siempre ha vivido.
Creo que un gran ejemplo es Rick Rubin. No es un virtuoso técnico ni alguien definido por un instrumento. Su valor está en otra parte: en escuchar, en observar, en reconocer. En ayudar a otros a ver el potencial de lo que están creando. Su trabajo no es producir. Es revelar.
Y eso es importante porque recuerda algo esencial: la creatividad nunca fue solo técnica. Fue, sobre todo, observación.
Por eso me cuesta aceptar la idea de que la inteligencia artificial vaya a reemplazar la creatividad. Si algo está haciendo es obligarnos a separar dos cosas que durante mucho tiempo tratamos como una sola: la idea y su ejecución. Y en esa separación aparece una oportunidad que no solemos nombrar con suficiente claridad.
Si producir se vuelve accesible, más personas podrán expresar lo que antes quedaba atrapado en la imaginación. Más ideas podrán salir a la luz. Más voces podrán participar. Más perspectivas podrán existir. La creatividad no se reduce. Se expande.
Pero también cambia de forma.
Empiezo a verla no como una propiedad exclusiva de lo humano ni como una función de la tecnología, sino como una intersección. Una conversación entre dos inteligencias. La inteligencia artificial aporta velocidad, escala y la capacidad de explorar posibilidades que una sola mente no podría recorrer. La inteligencia humana aporta intención, criterio, sensibilidad y contexto.
No compiten.
La creatividad del futuro no será AI o HI. Será AI x HI.
Y quizá el verdadero cambio no sea lo que la inteligencia artificial puede hacer por la creatividad, sino lo que nos obliga a redefinir sobre lo que significa tener una idea. La tecnología, bien usada, no sustituye la creatividad. La amplifica.
Pero hay algo que sigue siendo irreductible: la curiosidad.
Leo Burnett decía que la curiosidad por la vida en todos sus aspectos era el secreto de las personas creativas. Y no creo que esté a discusión. Las herramientas han cambiado. La curiosidad no.
La inteligencia artificial puede acelerar procesos, reducir fricciones y ampliar capacidades, pero no puede reemplazar el impulso de mirar el mundo y preguntarse algo nuevo. Mientras exista curiosidad, existirá creatividad. No porque sea una profesión, sino porque es una forma de estar en el mundo.
Tal vez por eso sigo siendo optimista. Porque, aunque cambien las herramientas, seguimos siendo los mismos seres humanos enfrentando las mismas preguntas: cómo entender, cómo expresar, cómo conectar. Seguimos queriendo emocionarnos. Seguimos queriendo ser vistos. Seguimos queriendo contar algo que valga la pena.
Y si después de leer estas líneas alguien sospecha que las escribió una inteligencia artificial, quizá tenga razón.
Lo importante es que la idea sigue siendo mía.
Por:
Luis Sordo
Chief Creative Officer
Leo Constellation
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viernes, 10 de julio de 2026 |