
Rodrigo García, head of qualitative de Kantar México
Las marcas propias o marcas blancas están viviendo una evolución significativa en el mercado mexicano. Lo que durante años se percibió únicamente como una alternativa de menor precio frente a las marcas tradicionales hoy comienza a consolidarse como una opción competitiva en atributos como calidad, innovación y funcionalidad. Así lo explica Rodrigo García, head of qualitative de Kantar México, en conversación con Mara Fernández, CTO de PRODU durante la gira en Ciudad de México, a partir de un estudio reciente que analiza cómo está cambiando la percepción del consumidor frente a estas marcas.
De acuerdo con el vocero, el análisis se desarrolló con el objetivo de entender qué está sucediendo con este tipo de marcas en indicadores como equity, salud de marca y aceptación entre los consumidores, en un contexto donde cada vez más hogares mexicanos están comenzando a incorporarlas en distintas categorías de consumo.
“Con la data que tenemos hemos visto que en los últimos años este tipo de marcas han crecido bastante en indicadores como salud de marca y equity. Por eso nos dimos a la tarea de entender qué está pasando con ellas”, señaló.

Las marcas blancas son aquellas desarrolladas por los propios retailers y comercializadas dentro de sus tiendas. Tradicionalmente se asociaban con precios más bajos, pero el estudio muestra que esa percepción está cambiando. “Antes se pensaba que estas marcas eran únicamente baratas o que eran copias de otras marcas. Hoy la gente reconoce que han evolucionado en calidad y que pueden resolver muy bien ciertas necesidades”, explicó García.
Este cambio de percepción comenzó a acelerarse en México a partir de la pandemia y del contexto inflacionario que afectó el poder adquisitivo de muchas familias. Según el especialista, esto llevó a los consumidores a experimentar con nuevas opciones dentro de distintas categorías. “Los consumidores han empezado a abrir la puerta de sus casas a estas marcas. Para muchos se trata de una compra inteligente: pueden ahorrar dinero en ciertas categorías sin sacrificar funcionalidad”, afirmó.
El estudio también revela que la confianza en el retailer juega un papel clave en la percepción de estas marcas. El prestigio o posicionamiento del establecimiento donde se comercializan puede influir directamente en la aceptación del producto.
“No es lo mismo comprar una marca propia en ciertos retailers que en otros. El retail también aporta confianza y construye parte de la percepción de la marca”, indicó García, citando ejemplos como las marcas propias que han logrado generar recomendaciones boca a boca entre consumidores.

En cuanto a categorías, el crecimiento de las marcas blancas es especialmente fuerte en productos de higiene del hogar y consumo cotidiano, donde el riesgo percibido es menor. “Hay categorías como papel, servilletas, detergentes o productos de limpieza donde la adopción es muy alta. Son categorías donde la gente se anima más a experimentar”, explicó.
En contraste, existen todavía barreras en segmentos más sensibles, como cuidado personal, alimentos para mascotas o algunos productos tecnológicos, donde la relación emocional con la marca suele ser más fuerte.
A pesar de estas barreras, García considera que el potencial de crecimiento para estas marcas sigue siendo amplio.“El espacio para innovar dentro de las marcas propias todavía es muy grande. Probablemente en algunos años veremos su presencia en categorías donde hoy todavía no están”, comentó.
Frente a este escenario, el avance de las marcas propias representa un desafío estratégico para los fabricantes tradicionales. Para García, la respuesta pasa por reforzar la diferenciación y la propuesta de valor. “El reto para las marcas comerciales es encontrar una propuesta de valor lo suficientemente diferenciada para justificar su precio frente a estas alternativas. Muchas veces la salida está en la innovación”, explicó.
Además, García subraya la importancia de explorar nuevos momentos de consumo y territorios de crecimiento dentro de las categorías.
“Las marcas tienen que identificar dónde todavía pueden aportar valor y por qué el consumidor debería seguir eligiéndolas, incluso cuando existen opciones más económicas”, concluyó.