
Panel True crime y narcoviolencia. Moderado por José Nacif con las visiones críticas de Everardo González, Juliana Martínez e Inna Payán
En el marco del Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG), tuvo lugar el panel True crime y narcoviolencia: desafíos y oportunidades narrativas para la industria. El debate puso sobre la mesa la compleja relación entre las exigencias de las plataformas globales y la cruda realidad de la violencia en la región. La conversación fue moderado por José Nacif y contó con las visiones críticas de Everardo González, Inna Payán y Juliana Martínez.
Everardo González, es un referente del documental mexicano. Señaló que el éxito del true crime anglosajón radica en la premisa de que el sistema judicial funciona o es reparable. “En América Latina, la violencia no interrumpe el orden, lo funda”, afirmó, sugiriendo que la importación de modelos narrativos donde “el 911 sí responde” falla al chocar con expedientes policiacos ilegibles y sistemas corruptos.
La falta de justicia, agregó González, genera un sentimiento de frustración – o desesperanza- en el espectador. Además, explicó las dificultades que tienen los productores, al intentar replicar el modelo de producción. “Aquí no graban los testigos del 911 por temor. Vas al expediente policíaco y está todo testado; no se puede leer nada porque son puros bloques negros. Hay una necesidad de la construcción criminal a partir del individuo y no a partir de los sistemas que lo provocan”, explicó, agregando que el contexto, es relevante.
Comentó que los documentales terminan siendo muy perturbadores “porque el mal está en tu vecino también. Nuestros monstruos no son mentes criminales individuales. Los criminales son expolicías, exmiembros de las fuerzas del orden público que corrompen a otros organismos”, explicó.
La productora Inna Payán destacó la presión del mercado por producir historias de crímenes famosos que garanticen audiencia, lo que a menudo invisibiliza tragedias anónimas de gran impacto social. “La prioridad no debe ser el financiamiento, sino lo que quieres nombrar”, sentenció Payán, quien actualmente enfoca sus esfuerzos en dignificar a las víctimas de feminicidio sin otorgar protagonismo a los victimarios.
“Estoy trabajando un documental que tiene que ver con un feminicidio y todo el tiempo me estoy preguntando cómo proteger a la víctima. Cómo buscamos su voz y que nos cuente la historia desde otro lado. No darle televisión al asesino. Ese es el que menos nos importa” dijo Payán.
Juliana Martínez, de la iniciativa Otros Ojos, criticó la tendencia “neoliberal” de las plataformas por psicologizar el crimen a través de la figura del “monstruo” individual. Propuso, en cambio, potenciar el “documental de duelo”, donde el centro de la historia es el sujeto colectivo —como las madres buscadoras— y los procesos de justicia restaurativa propios de la región.
La narrativa latinoamericana, agregó, se está desplazando del victimario hacia el sujeto colectivo y la justicia restaurativa, ejemplificado en movimientos como las madres buscadoras. Pero el storytelling comercial, no siempre tiene esta perspectiva.
El panel concluyó con un llamado a la industria para permitir narrativas más subversivas y menos “asépticas”. González advirtió sobre la “necesidad de corrección” que imponen las agendas comerciales, la cual puede llevar a ignorar realidades actuales, como las fosas clandestinas masivas, en favor de contenidos más rentables para el entretenimiento.
Al final, reiteraron que el documental debe mantener su carácter crítico e imperfecto frente a la pulcritud exigida por los grandes estudios.
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miércoles, 22 de abril de 2026 |