TELEVISIÓN

No tengo miedo: un juego de contrastes entre la inocencia y la oscuridad que conquistó al público en Netflix

Aliana González | 30 de julio de 2026

El ensamble actoral de No tengo miedo encabezado por el elenco infantil y adulto, reunido durante la producción de la miniserie en Veracruz

La miniserie No tengo miedo (6×50′) se ha consolidado como un éxito en la plataforma. Desde su estreno, se  ha mantenido durante tres semanas consecutivas en el top 10 de Netflix. En este momento ocupa la tercera posición en México.

Aunque no contó con una campaña de difusión masiva previa al estreno, logró colarse entre las producciones más vistas. Fue impulsada por la recomendación orgánica del público y por la conversación generada en redes sociales. Personajes complejos y entrañables y una historia llena de contrastes, lograron conectar con el público. Se trató de contrastes entre lo correcto y lo éticamente cuestionable; entre la pobreza y el entusiasmo por el Mundial de fútbol de 1986; entre la luz de la inocencia y la oscuridad; entre la lealtad y la traición. Pero también la cruda y violenta historia de un secuestro, narrada desde la mirada inocente de los niños (lo cual constituye un contraste).

LA MIRADA DE UN NIÑO

Probablemente, esta narrativa, desde la perspectiva de un niño, es uno de los ganchos más poderosos. Desde esa mirada se relata la historia haciendo al público partícipe de su lógica sobre cómo funciona el mundo hasta descubrir la verdad. Está basada en la novela de Niccolò Ammaniti, cuyos derechos fueron adquiridos por Netflix y encargados al cineasta Ernesto Contreras.

Ernesto Contreras, su showrunner y director, detalló los altos valores de producción y las decisiones creativas que hicieron que esta adaptación conectara tan profundamente con la audiencia.

Camarógrafo grabando al grupo de niños protagonistas de No tengo miedo caminando en el bosque de niebla en Veracruz.

Rodaje en exteriores de No tengo miedo para Netflix

La serie es producida con Alebrije Producciones, bajo la producción ejecutiva de Mónica Lozano, Eamon O’Farrill y el mismo Ernesto Contreras. La dirección es de Contreras, junto a Alba Gil y Alejandro Zuno.

Concebida originalmente como un drama, la serie evolucionó a un thriller psicológico gracias al trabajo de adaptación de las guionistas María Camila Arias y Mónica Herrera. Sus seis capítulos de aproximadamente 45 minutos están construidos para atrapar al espectador al final de cada episodio, obligando a verla “de un tirón”.

UN CAST QUE CUBRE PERSONAJES COMPLEJOS

“Tener una historia con personajes de esa complejidad. Y contar con el elenco adecuado también fue clave para interpretar a cada personaje. Tanto los niños como los adultos”, explicó Contreras.

La producción realizó una búsqueda exhaustiva en todo el país para encontrar a los niños perfectos. Este ensamble incluyó a talentos de Guadalajara como Aldo Navarro (Miguel) y Yago Andreu (Felipe), quienes, junto a jóvenes actores con quienes Contreras ya había trabajado, como Cosmo González (Félix) y Mauro Guzmán (Calavera), ofrecieron interpretaciones muy naturales y entrañables. Con Cosmo, Contreras trabajó en la película Las oscuras primaveras (2014), cuando el actor era aún niño, y con Mauro, en El secreto del río.

Ernesto Contreras es el showrunner de la miniserie

Marco Aguilar fue el director de casting. Aguilar encontró a todos los personajes, actores y actrices. Ya Contreras había trabajado con él en otros proyectos en los que se necesitaban niños, como El secreto del río y El último vagón.

El arte de Aguilar consistió en ubicar a estos actores, niños y adultos, “para que todos estuvieran en el mismo tono, en el mismo universo”, comentó Contreras.

Luis Alberti interpreta a Pino, y Fátima Molina a Teresa, padre y madre de Miguel. Mayra Hermosillo y Fernando Bonilla, son los padres de Felipe. Humberto Busto, Leidi Gutiérrez, Ian Andrade, Damián Mondragón, Bruno Strauss, Yoshira Escárrega y Fernando Cuautle también son parte del elenco.

EL VERDADERO MONSTRUO EN NO TENGO MIEDO

Para Contreras, el mensaje más poderoso que deja la serie y que resonó con los espectadores es que “los monstruos que los niños imaginan no están en el bosque, sino en sus propias casas”. Fiel al trágico y crudo desenlace de la novela original, la miniserie cierra su historia sin posibilidad de una segunda temporada.

La miniserie plantea una profunda reflexión sobre la naturaleza humana y las fracturas familiares. Y expone cómo la desesperación económica puede llevar a personas comunes a cometer actos terribles, trastocando por completo el refugio y la inocencia de los niños. Una de las claves que, según Contreras, logran establecer conexión con la audiencia es que no se trata de delincuentes, sino de personas “normales” que toman malísimas decisiones.

“Finalmente son las plantas las que se enferman (los cafetales enferman de roya, lo que trae desgracia y pobreza al pueblo), pero por ahí dice uno de los personajes, ‘pero también el alma de estos personajes’, ¿no? El alma del pueblo, pues […] está en este estado tan vulnerable y tan desesperado por encontrar alguna salida”, explicó Contreras.

Ambientar la historia durante el Mundial de Fútbol de 1986 creó un contraste dramático que el público mexicano entiende perfectamente: la paradoja de un país entero distraído y apasionado por la televisión, mientras en paralelo ocurre una terrible tragedia.

LA PRESENCIA DE LA NATURALEZA

La naturaleza no solo funciona como un marco visual, sino que se transforma en un personaje fundamental que inunda la pantalla con la exuberancia verde de la zona cafetalera de Veracruz, cercana a Xalapa. Entornos como el bosque de niebla y los paisajes dominados por la plaga de la roya aportan una atmósfera de aislamiento y tensión que contrasta la abundancia del entorno con la crisis de sus habitantes. Bajo el diseño de producción de Iván Fuentes, la intervención de los espacios respetó la textura original de la madera, las paredes envejecidas y la humedad natural, logrando reflejar el deterioro y la vulnerabilidad no solo de las estructuras, sino de la propia comunidad.

Contreras es de Veracruz, y conoce bien el entorno natural del estado. “Es una región de nuestro país alucinante por su vegetación, por su cultura, por su música, por su comida, por su gente, por todo. Entonces yo sentía que iba a funcionar muy bien. Y también por el contraste, ¿no? Me parece que en un lugar en el que aparentemente hay esta abundancia y demás, pues podía haber esta crisis.”, comentó.

FINCA MULTILOCACIÓN

El verdadero valor estratégico de la producción radicó en el hallazgo de la Finca Pacho, que sirvió como una versátil multilocación y optimizó la logística del rodaje. Este inmueble histórico no solo sirvió para representar la finca de La Esmeralda, sino que también albergó el caserío original de los trabajadores. Permitió convertir una de sus bodegas en la “casa de la bruja”, creando la ilusión perfecta de estar sumergida en medio de la nada. A esta versatilidad se sumó la construcción del espacio donde permanece cautivo Felipe y la cercanía de otros escenarios clave a menos de 30 minutos de distancia —como la Central de Abastos de Xalapa o un antiguo ingenio en Santa Rosa—, lo que consolidó un universo visualmente rico, auténtico y eficiente para el desarrollo de la serie.

RETOS EN EL TRABAJO CON NIÑOS

Uno de los mayores retos logísticos de la producción fue el diseño del plan de rodaje, el cual estuvo fuertemente condicionado por los estrictos protocolos que establece Netflix para el trabajo con actores infantiles. Ello porque se requería de un número de horas para filmar y de tiempo para el descanso. Esto obligó a estructurar una estrategia de producción sumamente rigurosa y estratégica: los turnos debían alternarse meticulosamente para filmar con los niños durante ciertos bloques —por ejemplo, por la mañana— para que luego fueran a descansar mientras se integraban los adultos.

Contreras explicó que él trabaja con niños con la rigurosidad de un cast adulto. “Se trata de profesionales, aunque sean niños”, agregó.

Durante las 15 semanas de rodaje, el clima incorporó otros retos. Al grabar en una región montañosa y cafetalera caracterizada por su alta humedad, el equipo tuvo que sortear intensos aguaceros y densa neblina. Sin embargo, pudieron culminar el rodaje en tiempo y forma.

“Celebro mucho que Netflix haga estas apuestas para contar otro tipo de historias. Que nos permiten otros tonos, otros universos y otra manera de contar las historias”, concluyó el director. Confirmó que el público desea consumir series que, más allá de distraer, propicien la reflexión sobre la ética, la solidaridad y la naturaleza humana.

Diario de Hoy

viernes, 31 de julio de 2026

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