TELEVISIÓN | INCENTIVOS FISCALES

“Apoyo sin interferencia”: el modelo de política cultural coreano que impulsó el éxito en la exportación del K-Content

Aliana González | 11 de septiembre de 2026

El profesor Sugmin Lee analiza el modelo de la política cultural de Corea durante su ponencia en Mexav.

El éxito global del K-Content —desde fenómenos como El juego del calamar y Parásitos hasta el alcance masivo de BTS, las telenovelas, los microdramas, la pasión por la animación (Webtoon) y los videojuegos— suele suscitar una pregunta recurrente en la industria audiovisual global: ¿cuál es la fórmula secreta del gobierno de Corea del Sur? La respuesta, según el profesor Sugmin Lee, de la Universidad Nacional Abierta de Corea, radica en un principio claro: “apoyo sin interferencia”.

Durante su participación el jueves 10 de septiembre en el evento Mexav, en los Estudios Churubusco de la Ciudad de México, Lee presentó la ponencia titulada “Fue una señal, no una fórmula: el modelo de política de contenidos de Corea desde una perspectiva histórica”. Allí desmitificó el papel del Estado en el auge del entretenimiento coreano y ofreció lecciones para los ecosistemas creativos de América Latina.

EL MITO DEL FINANCIAMIENTO DIRECTO

Uno de los mayores malentendidos sobre la política cultural coreana es la creencia de que el gobierno financia directamente los grandes éxitos comerciales. Lee destacó que en 2024 el 73% de las exportaciones de contenido coreano provino de los videojuegos y la música. Sin embargo, la Agencia de Contenido Creativo de Corea (KOCCA) destina solo alrededor del 16% de su presupuesto a estos sectores. Paradójicamente, el K-pop es una de las áreas que menos subsidios directos recibe.

“Curiosamente, en el caso de la animación, sí hubo apoyo, aunque el tamaño real del mercado no es grande”, explicó.

¿En qué invierte entonces el Estado? Según el experto, el 58% del presupuesto de KOCCA se destina a infraestructura de apoyo: formación de talento, desarrollo tecnológico, asesoría legal y fomento de la presencia en mercados internacionales. “El Estado decidió actuar como patrocinador desde un segundo plano”, explicó Lee, consolidando el modelo de arm’s length principle (apoyo sin interferencia) establecido a principios de los 2000. “Más que decir que el gobierno apoyó activamente la exportación de obras individuales, es más honesto afirmar que su papel consistió en ayudar a construir la base: la infraestructura.”

LO QUE EL ESTADO DEJÓ DE HACER

Para Lee, las decisiones de Corea sobre lo que no debía hacer fueron tan determinantes como sus acciones afirmativas. En la década de los 90, en medio de la democratización y la apertura de mercados, el gobierno confió la industria al Ministerio de Cultura (y no al de Economía) y tomó tres decisiones clave:

  • Fin de la censura previa: Se eliminó el control estatal y se adoptó un sistema de clasificación por edades.
  • Gobernanza participativa: La creación del Consejo de Cine de Corea (KOFIC) en 1999 permitió a la sociedad civil y a los creadores tomar las riendas de las decisiones de fomento.
  • El “Fondo de Fondos”: Se abandonaron los subsidios directos a proyectos específicos en favor de un modelo de capital de riesgo público-privado, gestionado por administradores independientes. Esto eliminó la interferencia política y atrajo al sector privado.

Explicó que cuando el gobierno evalúa directamente proyectos para otorgar subsidios, la intervención aumenta inevitablemente. “Pero en el Fondo de Fondos, el gobierno inyecta el dinero; los capitalistas de riesgo (Venture Capital) lo gestionan y atraen capital privado para administrarlo juntos”.

A su vez, la política de apoyo del gobierno al K-Content fue creciendo en la medida en que éste demostró que regresaba la inversión al país.

LA CLAVE: NO INTERVENCIÓN NI CONTROL DEL ESTADO

Originalmente, Corea era un estado muy intervencionista, recordó Lee. Y con esta actitud, se involucraba profundamente en la industria. “Creo que fue importante que en esta época se decidiera hacer las cosas de manera diferente. Por eso, el profesor Jong-Eun Jung, en Corea, utiliza la expresión ‘giro creativo’ (Creative Turn). Significa que Corea pasó de un modelo de promoción estatal muy fuerte a una forma mucho más creativa de fomento”, explicó el profesor.

“Si me preguntan si este cambio ocurrió porque el gobierno quería hacerlo, tengo mis dudas. Más bien, los creadores y la sociedad civil exigieron este cambio con gran fuerza. Exigieron la abolición de la censura en varias ocasiones y la creación de un sistema de promoción orientado al sector privado. El Estado aceptó eso. Eligió un método de promoción diferente, no de censura ni de intervención”, agregó.

Recordó que en 2003, el entonces presidente Roh Moo-hyun expresó su posición en una reunión informativa sobre la visión de la política de la industria cultural. Puso como ejemplo de las TI (Tecnologías de la Información) que, al observar su periodo de crecimiento, este no se debió al apoyo del gobierno: tuvo lugar gracias a las mismas personas que leyeron libros sobre tecnología de ensamblaje y abrieron el camino. “Él dijo que fueron las personas las que fueron pioneras. El gobierno prestó atención y lo apoyó. Es cuando se acordó un rol de apoyo silencioso desde atrás (patrocinador) en lugar de estar al frente”, dijo el experto.

ABRIR EL MERCADO

Sin embargo, el punto de partida de la política de la industria cultural de Corea fue en 1994. Comenzó con la creación de la Dirección de Industria Cultural dentro del Ministerio de Cultura, Deportes y Turismo.

Abrir el mercado, explicó, ha sido la decisión acertada. Bien en la época en que se abrió la industria manufacturera (hoy motor de la economía) y hoy, ante la globalización. Lee se refiere a la época de Ronda de Uruguay y de la OMC, que fueron fundamentales para la expansión económica de Corea.

“Los investigadores dividen esta ola coreana (Hallyu) en unas cuatro etapas. Al principio, se centró en las regiones de habla china; luego, se desató la ola coreana, centrada en el K-pop y los dramas en Asia. Pasada la década de 2010, comenzó a ir más allá de Asia hacia todo el mundo, y después de 2018 llegó a muchísimos países. La pandemia también contribuyó de manera significativa desde la perspectiva de Corea. Pero lo que considero importante aquí es el flujo de cómo el contenido coreano se ha expandido desde un fandom de minorías muy pequeño hasta un público más amplio.”

ADAPTACIÓN A LA ERA OTT Y PUENTES CON AMÉRICA LATINA

El modelo no se ha quedado estático. Ante la disrupción de las plataformas globales de streaming, Corea transformó su regulación: pasó de controlar los medios a fomentar el contenido. Esto incluyó la implementación de incentivos fiscales a la producción, sistemas de autoclasificación para plataformas OTT y políticas obligatorias para financiar proyectos de directores debutantes, asegurando así el relevo generacional en un panorama pospandémico complejo para las salas de cine.

“No todo se debe a Corea. El contenido coreano se consume en un momento en el que también se consume de manera más diversa el de otros países. Estamos en un momento en el que el consumo se vuelve más multipolarizado y se aleja de la cultura audiovisual centrada en Hollywood y en inglés. Creo que Corea solo muestra esta tendencia de forma simbólica. Por lo tanto, si se considera que Corea logró este éxito simplemente porque ‘somos increíbles’, creo que se malinterpretaría la situación”, dijo Sugmin Lee.

Lee inició su intervención tendiendo un puente emocional e industrial con México, recordando cómo la telenovela infantil Carrusel (conocida allá como El coro de los ángeles) cautivó a la generación coreana que hoy lidera la industria del K-Content.

Para los ejecutivos y asistentes, la conclusión de Sugmin Lee dejó una hoja de ruta clara: el éxito puede construirse fortaleciendo la infraestructura y el talento, y permitiendo a los creadores la libertad absoluta para conquistar a las audiencias globales.

Diario de Hoy

viernes, 11 de septiembre de 2026

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