CINE

Mariana Rondón, directora: “Poder hacer que los venezolanos vean algo de su historia y explicarle a otro por qué salió, es fundamental”

Édison Monroy | 13 de julio de 2026

La venezolana Mariana Róndon ha dirigido películas como Pelo malo o Aún es de noche en Caracas

En medio del ir y venir de jóvenes realizadores que presentan sus primeros proyectos en el Bogotá Audiovisual Market (BAM) 2026, Mariana Rondón vivió uno de esos momentos que justifican décadas de trabajo. Se sentó frente a un director novel para hablar de su película y, antes de empezar la conversación, vio cómo se le llenaban los ojos de lágrimas.

“Tú no sabes la emoción que siento porque yo vi Pelo malo (película del 2013) y ha sido una de las películas más importantes de mi vida”, le dijo el joven.

En entrevista con PRODU, la directora venezolana todavía parece sorprendida al recordar la escena: “Nada más verlo cómo se había puesto era… guao. Qué bonito que alguien pueda sentir una emoción así con un trabajo que uno ha hecho”.

No fue un episodio aislado. En Bogotá, donde participó como jurado del BAM, Mariana Rondón se encontró con una nueva generación de cineastas que crecieron viendo sus películas y que hoy las reconocen como parte de su propia formación. Para una directora que lleva años viviendo fuera de Venezuela, el encuentro tiene un significado adicional.

“Después de muchos años de exilio, se parece un poquito a estar en casa”, sostiene.

EL PESO DE CONTAR UNA HISTORIA COLECTIVA

Ese vínculo con el público volvió a hacerse evidente con Aún es de noche en Caracas, película que fue estrenada este año en Latinoamérica y está disponible en Netflix. La cinta, inspirada en la hija de la española, de Karina Sainz Borgo transcurre en la Venezuela de 2017, en pleno agravamiento de la crisis política y social.

Adelaida (Natalia Reyes), tras perder a su madre, regresa a su hogar solo para descubrir que ha sido tomado por un grupo armado. En un entorno dominado por la incertidumbre, la violencia y la falta de oportunidades, deberá tomar decisiones extremas para intentar abandonar el país.

Es protagonizada por la actriz colombiana Natalia Reyes, producida por Stacy Perskie (Redrum), Édgar Ramírez (Absolute Artists), Stephanie Correa y Jill Littman (Impression Entertainment). La dirección estuvo a cargo de Mariana Rondón y Marité Ugás.

Aún es de noche en Caracas, que no pudo exhibirse en salas venezolanas, encontró una respuesta que trascendió las cifras de taquilla. En los cines de Latinoamérica, tuvo buena respuesta entre los asistentes.

La propia Mariana Rondón recuerda entrar discretamente a las funciones para observar la reacción del público. En Lima, una de las ciudades en la que pasa sus días y donde asegura que no es habitual que los espectadores aplaudan una película si sus creadores no están presentes, ocurrió lo inesperado.

“La gente aplaudía, se emocionaba”, cuenta. Desde distintos países comenzaron a llegar fotografías de salas llenas. Más que un éxito comercial, para ella era la confirmación de que la historia estaba llegando a quienes necesitaban verla.

En un país donde la producción cinematográfica prácticamente desapareció por la falta de incentivos y apoyo institucional, las películas también terminan ocupando el lugar de la memoria. Eso está pasando con Aún es de noche en Caracas:

“Poder hacer que los venezolanos vean algo de su historia, venezolanos que han salido caminando, venezolanos que han salido sin pasaporte, sin identidad, y que tengan el chance de ver algo, aunque sea un poco de su historia, y de poderle explicar a otro por qué salió, creo que es fundamental”.

UNA PELÍCULA HECHA DESDE LA DIÁSPORA

La coherencia entre el discurso y la producción marcó cada decisión durante el rodaje de Aún es de noche en Caracas, que se realizó en México. Una de las primeras reglas fue que quienes aparecen como manifestantes y extras fueran venezolanos.

“Por esa diáspora tan fuerte de nueve millones de venezolanos que estamos fuera, todos los extras son venezolanos”, rememora.

La otra condición era igual de innegociable. “No filmamos si no ensayamos”. El método, poco habitual en una industria donde los tiempos suelen imponerse sobre los procesos, terminó definiendo el tono de la película. Mariana Rondón asegura que esos ensayos fueron indispensables para alcanzar la precisión que buscaban.

La experiencia también desmontó varios prejuicios alrededor de la codirección junto a Marité Ugás. Después de haber prometido hace años que nunca volverían a dirigir juntas, encontraron una forma distinta de trabajar.

“Ahora ya estamos lo suficientemente grandes como para poder discutir eso sin problema y poder llegar a acuerdos”, resalta la cineasta.

Cuando alguien insinuó que las secuencias de acción seguramente habían sido una propuesta del director de fotografía, la respuesta fue inmediata. “¿Qué fotógrafo? ¿Qué te pasa? Nosotros también sabemos lo que es la acción”.

INCOMODAR TAMBIÉN ES UN TRIUNFO

Para la cineasta, el éxito de una película sobre Venezuela no pasa necesariamente por el aplauso: “El objetivo se logra con: ¿te incomodó?, ¿algo no me gustó?, ¿algo me molestó?”.

Incluso celebra cuando algún espectador asegura que ciertas escenas parecen exageradas y otro responde que están construidas a partir de imágenes de archivo.

“Con esa incomodidad también creo que es su mayor éxito, porque estamos hablando de algo muy concreto que pasó, que fue terrible, que dolió mucho”.

Su mirada sobre el presente venezolano sigue siendo cautelosa. Luego de la detención de Nicolás Maduro, reconoce como un avance la liberación de una parte de los presos políticos, pero insiste en que todavía falta mucho para reconstruir el país.

“Tiene que volverse a respetar al ser humano que vive en ese lugar, y al que se tuvo que ir también”, afirma sin miedo. Por lo que ve y a lo que se sumó la tragedia por el doble terremoto, sostiene que “aún es de noche en Caracas”.

VOLVER A CREER EN LAS NUEVAS GENERACIONES

Paradójicamente, mientras sus películas siguen hablando del dolor, el BAM 2026 le ofreció un espacio para mirar hacia adelante. Durante varios días sostuvo reuniones con decenas de realizadores colombianos y de otras nacionalidades que presentan sus primeros largometrajes y documentales.

Más que evaluar proyectos, dice haber encontrado una fotografía del momento que vive el cine joven del país: “Lo más bonito ha sido descubrir y saber por dónde anda el cine joven colombiano”.

Ese entusiasmo dialoga con la emoción de quienes siguen acercándose para agradecerle por Pelo malo o por Aún es de noche en Caracas. Son conversaciones que le recuerdan que las películas siguen encontrando nuevas vidas muchos años después de haber sido estrenadas.

Sin embargo, la directora admite que le gustaría en estos momentos probar otro camino. “Quisiera muchísimo contar una comedia romántica, porque estoy muy cansada de tener que hablar de todo ese dolor que ha significado este tiempo para el país”, confiesa.

La aspiración no es una renuncia, sino el reconocimiento del peso que implica convertir una tragedia colectiva en imágenes. Hablar de Venezuela sigue siendo una carga difícil de abandonar porque, como ella misma dice, es una historia que todavía no termina.

Y, aunque sueñe con otros géneros, la convicción permanece intacta. “Si hay que seguir hablando de eso y si hay que seguir contando esas historias, se tendrán que seguir contando”, concluye.

Diario de Hoy

viernes, 24 de julio de 2026

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