
Aisha K. Burgos, VP of Technology Partnerships de Numatec
A medida que la inteligencia artificial transforma la forma de trabajar en marketing y negocios, el criterio humano adquiere un valor estratégico cada vez mayor. Aisha K. Burgos, VP of Technology Partnerships de Numatec, reflexiona sobre cómo la tecnología puede amplificar la experiencia y el talento, y por qué aprovechar su potencial exige capacidad de análisis, responsabilidad y una visión clara del valor que aporta al negocio.
Recuerdo que, alrededor de 2018, cuando impartía un curso de Mobile Marketing, una de las conversaciones que más despertaba la curiosidad de mis estudiantes era la de innovación y tecnologías emergentes. Hablábamos de wearables, realidad aumentada e inteligencia artificial como tecnologías que prometían transformar nuestra industria, aunque todavía parecían lejanas.
Una de mis demos favoritos era Google Duplex. En el video, un asistente de inteligencia artificial llamaba a un salón de belleza y conversaba con una persona para coordinar una cita utilizando un lenguaje sorprendentemente natural. Mis estudiantes quedaban fascinados.
Parecía futuro, pero no estaba tan lejos.
Años después llegó la adopción masiva de generative AI con ChatGPT y, con ella, una mezcla de fascinación y temor. La conversación dejó de ser sobre lo que algún día podría hacer la inteligencia artificial y comenzó a ser sobre lo que significaría para nuestros trabajos. Ese temor sigue presente y no es infundado: ya estamos viendo cómo algunas funciones cambian, se automatizan o incluso desaparecen.
Pero hay otra cara de esa transformación que me parece igualmente importante. No soy programadora ni experta en AI. Mi experiencia está en estrategia, producto, marketing y negocios: identificar problemas y oportunidades, entender una necesidad, convertirla en requerimientos, evaluar alternativas y, sobre todo, determinar si una solución realmente aporta valor estratégico al negocio.
Y precisamente esas habilidades son las que me han permitido aprovechar mejor la inteligencia artificial.
Hoy puedo explorar una idea, analizar información, desarrollar un concepto, cuestionar mis propios planteamientos e incluso construir soluciones que hace pocos años hubieran requerido más tiempo o recursos. No porque la tecnología sustituya mi experiencia, sino porque me permite amplificarla.
Eso me lleva a hace dos años, cuando tuve la oportunidad de dirigir el Digital & Innovation Forum del SME en Puerto Rico, y propuse reinterpretar las siglas AI como Amplified Intelligence: el punto en el que las capacidades de la tecnología convergen con el intelecto humano. Hoy esa idea me parece más vigente que nunca.
Porque si la inteligencia artificial hace que la ejecución sea más rápida, accesible y económica, entonces el criterio se vuelve más valioso, no menos.
En nuestra industria, donde ya utilizamos AI para analizar, crear, optimizar y automatizar, esa combinación puede ayudarnos a potenciar nuestras capacidades, elevar la calidad de nuestro trabajo y dedicar más tiempo a aquello donde el criterio y el talento humano generan mayor valor.
Pero amplificar nuestras capacidades también amplifica nuestra responsabilidad. Necesitamos mejor gobernanza, protección de datos, transparencia, supervisión humana y límites claros. También debemos reconocer y atender el impacto ambiental asociado a una tecnología que demanda cada vez más infraestructura y energía.
No se trata de adoptar AI sin cuestionarla, ni de resistirla por miedo. Se trata de aprender a utilizarla sin entregar aquello que nos hace valiosos.
Porque quizás, mientras las máquinas aprenden a ejecutar cada vez mejor, nuestro verdadero reto será aprender a pensar cada vez mejor.
Por:
Aisha K. Burgos
VP of Technology Partnerships
Numatec
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miércoles, 7 de octubre de 2026 |
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