
Natalia Santa hizo parte de los guionistas en Cien años de soledad, primera parte y en la segunda lideró ese equipo
Que Cien años de soledad llegara a la pantalla de Netflix implicó trasladar una historia cuya estructura, personajes y forma de narrar presentan características propias de la literatura. Para Natalia Santa, líder de guionistas de la segunda parte de la serie, el proceso estuvo marcado por conversaciones entre los escritores, los directores y las diferentes áreas involucradas en la producción.
En un club de lectura que organizó Netflix y Bibliored en Bogotá, en el que estuvo presente PRODU, la guionista contó sobre las decisiones de adaptación. Estas abarcaron desde la manera de representar el realismo mágico hasta la organización cronológica de los acontecimientos, el uso del narrador y la investigación histórica que permitió construir visualmente diferentes momentos de la historia.
El equipo de guionistas en Cien años de soledad, primera parte estuvo conformado por José Rivera, Natalia Santa, Camila Brugés y Albatros González, con la consultoría de María Camila Arias. En la segunda participaron José Rivera, Camila Brugés y María Camila Arias, liderados con Natalia Santa.
“Como cada lector, cada uno tiene su propia edición del libro, cada uno con su propio interés, con sus propias obsesiones, con sus propios personajes favoritos. Tuvimos que tomar de cada una y empezar a hacer algo que pudiera contener lo que para cada uno y cada una era importante contar”, relató la guionista.
La construcción de la serie implicó, por ello, distintas versiones y conversaciones antes de llegar a una propuesta definitiva. Antes de que el equipo de guionistas entrara al proceso, ya existía una propuesta de José Rivera que había planteado la linealidad de la historia. A partir de esta, los guionistas comenzaron a trabajar.

Claudio Cataño en su interpretación de Coronel Aureliano Buendía en Cien años de soledad, segunda parte
Una de esas primeras propuestas de esta serie producida por Dynamo, buscaba manejar el tiempo como se hace la novela, que va y viene a través de hechos del pasado, presente y futuro. No obstante, según explica Santa, Netflix tenía como petición que la historia se contara cronológicamente.
“Desde el principio se sabía que hacerla lineal y había que hacer las dos temporadas, de hecho, de ocho episodios cada una”, explicó. Recordó que “la estructura del libro es muy compleja y ya es difícil de entender esta repetición de nombres y de situaciones. Estas relaciones entre familiares y estos pasos generacionales”.
Es así como la organización cronológica en Cien años de soledad como serie permitía seguir con mayor continuidad el desarrollo de cada personaje. “El hecho de que esté en orden cronológico nos ayuda mucho a entenderla, pero también a hacer un desarrollo mucho más juicioso y profundo en ese crecimiento de los personajes”.
Natalia Santa menciona específicamente a Úrsula, al coronel Aureliano Buendía, a Fernanda del Carpio y a los gemelos como personajes cuya construcción podía desarrollarse de manera más clara mediante esa estructura:
“No creo que muchas decisiones que tomamos tenían que ver con hacer más fácil la novela, tenían que ver con cómo logramos que esto que está contado y que funciona tan bien en la novela desde la narrativa literaria, se pueda traspasar al lenguaje audiovisual y se entienda, porque no es lo mismo”.
En algunos casos, por ello, un acontecimiento podía trasladarse dentro de la estructura de la serie. Algo que en el libro sucedía en un parte, en la serie puede aparecer en otro momento. “Todas esas decisiones para que al espectador le fuera posible entender los conflictos que nosotros queríamos mostrar, que son los mismos de la novela pero no están presentados de la misma forma”.

Natalia Santa, junto a las creadoras de contenido digital de libros Laura Camacho y Mariana Cerón, con quienes tuvo un conversatorio sobre Cien años de soledad
Natalia Santa, en la conversación que fue moderada por las creadoras de contenido digital de libros Laura Camacho y Mariana Cerón, reveló que antes de que el equipo de guionistas comenzara la adaptación de Cien años de soledad, ya existía una propuesta del equipo de diseño de producción para la construcción de Macondo.
El pueblo había sido planteado en diferentes etapas: su momento fundacional, su posterior ampliación y el periodo en el que comienzan a llegar forasteros y aumenta el número de calles y la actividad.
La guionista de la primera parte y líder del equipo de la segunda, cuenta que pudieron recorrer esos diseños:
“Era como juego de video donde tú puedes verte y meterte por las calles, así nosotros vimos estos planos y estos diseños de Macondo. Entonces ya había casi que una percepción de cómo sería ese pueblo y nosotras ya nos estábamos alimentando de esa visión para hacer la adaptación”.
Ese trabajo previo condicionaba algunas decisiones. Los guionistas comenzaron a pensar determinadas situaciones de la novela desde las posibilidades de producción y desde la forma en que podían representarse.
A esas conversaciones se sumaron las ideas de los directores —en la primera parte Alex García López y Laura Mora, y en la segunda Mora y Carlos Moreno. Hablaron de la puesta en escena y la manera de representar determinadas situaciones. Ante todo, fue un proceso colectivo.
Una de las conversaciones centrales del equipo de guionistas y producción de Cien años de soledad estuvo relacionada con la manera de llevar a la pantalla los momentos en los que la historia se aparta de lo cotidiano.
Para el equipo de escritores, el punto de partida fue entender cómo funciona lo extraordinario dentro de la obra de García Márquez. La discusión llevó al equipo a considerar que aquello que para el lector puede resultar extraordinario, no necesariamente produce esa reacción en los habitantes de Macondo.
“Hay muchos estudios sobre García Márquez que hablan de esto, de que lo magnífico en Macondo y en la obra de García Márquez se muestra desde lo cotidiano. Lo magnífico no sorprende a nadie, sucede”, señala Natalia Santa.
Un ejemplo de esto es el recorrido del hilo de sangre que lleva a Úrsula hasta su hijo muerto. El acontecimiento extraordinario no es tratado por el personaje como el centro de la situación.
“Úrsula se va persiguiendo el hilo de sangre y llega hasta donde está su hijo muerto. Para ella lo extraordinario es encontrar a su hijo muerto, pero el hilo de sangre que la llama no se pregunta de eso”, explica.
La relación con lo extraordinario cambia en el caso de José Arcadio Buendía y su obsesión con la ciencia modifica aquello que considera sorprendente.
“A este hombre que se enloquece con la ciencia, los imanes le resultan mágicos. No se sorprende con que la canasta en la que está su hija levite, pero se sorprende con los imanes. Se sorprende con la alquimia”, añadió.
Esta diferencia se convirtió en una consideración para la escritura y para la representación visual. Natalia Santa señala que el tema fue conversado con los directores desde la primera temporada y que debían encontrar una manera narrativa y visual de conservar esa relación entre lo cotidiano y lo fantástico.
Cien años de soledad en Netflix tiene un narrador omnisciente, que con su acento costeño, es como si el propio García Márquez estuviera contándole la historia de los Buendía al espectador.
Natalia Santa cuenta que la primera propuesta de José Rivera tenía una presencia importante de esta voz. Posteriormente, los guionistas comenzaron a trabajar desde cero algunas versiones y llegaron a escribir episodios sin narrador.
Sin embargo, el recurso volvió a adquirir importancia cuando identificaron que determinadas características de la escritura de García Márquez eran difíciles de trasladar directamente a la pantalla.
“Justo el narrador nos podía llevar a momentos, emociones, imágenes poéticas muy específicas que nosotros ya sabíamos que iba a ser imposible adaptar”, detalló.
La guionista —también directora de películas como Malta o La defensa del dragón— explica que había un problema relacionado con la capacidad de la escritura literaria para condensar información en muy pocas palabras.

El club de lectura Cien años de soledad fue organizado por Netflix y Bibliored
“García Márquez tiene la capacidad de en una frase retratar una cantidad de verdades de los personajes o de las situaciones que eran muy difícil que nosotros pudiéramos llevar al lenguaje audiovisual. Él es capaz de condensar en una frase una vida o también sencillamente era mucho más bello como él lo decía”, argumentó.
A partir de esa dificultad, el equipo decidió que el narrador podía conservar parte de la dimensión poética de la novela:
“Decidimos que mucho del realismo mágico o de lo real maravilloso o de esa poética de la novela tenía que ser la voz de narrador y recaer en esa voz de narrador que nos hablara de todas esas maravillas”.
La imagen, explica Santa, podía aportar su propia construcción, pero no sustituir completamente las palabras de la novela. La decisión sobre cuánto narrador utilizar tampoco terminó en la escritura. Después del rodaje, durante la edición, se revisó nuevamente su presencia.
“Éramos austeros en el uso del narrador, éramos mucho más puntual, pero luego cuando se editaron los episodios se empezó a ver que había momentos en donde a lo mejor en otro momentos sí hace falta que se mantenga”, indicó. Añadió que el narrador terminó “convirtiéndose como en música”, pero que siempre buscaron que uso “fuera orgánico”.
Otro componente del proceso fue la investigación sobre los acontecimientos históricos presentes en la historia. Natalia Santa recordó que Cien años de soledad, hace referencia en momentos históricos, no solo de Colombia sino de Latinoamérica.
Para tener una mejor idea de cómo fue ese periodo al que hace referencia la novela, tuvieron clases de historia con el experto Javier Ortiz Cassiani.
“Con cómo se ven los vestidos, los colores, cómo se ve si esa época o esas diferentes épocas, puedes tener una vaga idea, pero la investigación que está detrás y que te muestra cómo era pues es lo que enriquece desde el lado del archivo histórico la adaptación”, señaló Santa.

Cada detalle que se ve en la serie de Cien años de soledad fue cuidadosamente estudiado. En la imagen Laura Taylor como Fernanda del Carpio
Por ejemplo, estas clases de historia les hizo caer en la cuenta de que muchos de los inventos que se menciona que llegaron a Macondo como el telégrafo, el daguerrotipo, la luz eléctrica o el gramófono, llegaron primero al Caribe colombiano. Esto tuvo implicaciones de la relación de esa zona del país con el interior, específicamente con Bogotá.
Ese conocimiento histórico no necesariamente se traducía en decisiones directas de guion. Su impacto estaba principalmente en la forma de construir visualmente la historia y la relación entre los personajes.
Tanto en la serie como en el libro uno de los momentos más tensionantes es el de La masacre de las bananeras, basado en la matanza de trabajadores huelguistas de la empresa estadounidense United Fruit Company a manos del Ejército Nacional de Colombia en 1928.
El capítulo fue escrito por Natalia Santa y dirigido por solicitud expresa de Laura Mora: “Las dos queríamos que se hiciera un retrato muy apegado a la historia del movimiento sindical colombiano”.
La guionista considera que es uno de los episodios más cercanos al texto original y “de hecho, la descripción de la masacre es idéntica a como está en el libro”.
Para construir esa parte de la historia, el equipo recurrió a nuevas lecturas del libro, lecturas externas, material audiovisual y fotografías relacionadas con el movimiento sindical en Colombia. Más allá de eso, el episodio también tenía que construir el proceso de transformación de José Arcadio Segundo (Julián Román):
“Lo más importante era construir al personaje como este capataz que va tomando conciencia de lo que está pasando y se convierte, reemplazando al coronel Aureliano Buendía, en el líder y el caudillo de esta nueva revolución, que es la revolución sindical de inicios del siglo pasado en Colombia”.

Julián Román y Noé Hernández interpretando a José Arcadio Buendía y Lorenzo Gavilán, líderes del movimiento sindical en Cien años de soledad
Natalia Santa reiteró que la producción de Cien años de soledad ante todo fue un trabajo en equipo, hecho en su gran mayoría por colombianos, demostrando así la capacidad de su industria.
Destacó que Francisco Ramos, VP de Contenidos de Netflix Latinoamérica, continuamente los impulsaba para que pensaran en grande, para abordar esta producción, tal cual lo exigía una historia de estas dimensiones: uno de los libros en español más reconocidos y vendidos en el mundo.
Se mostró contenta con el resultado, algo que se agiganta con situaciones como la que pasó en el conversatorio. Uno de los asistentes contó que su esposa se devoró la serie, lo que la hizo preguntarse por qué nunca había leído Cien años de soledad y prometió hacerlo muy pronto.
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viernes, 25 de septiembre de 2026 |
Panel: El reto de materializar Macondo en Cien años de soledad para Netflix
Cien años de soledad: Las caras de Macondo en la serie de Netflix