
Hoy las marcas no compiten por alcance, compiten por segundos de atención
La vieja noción de “audiencia” como una masa pasiva y estadística ha colapsado. Ya no se comporta igual, y tampoco se mide de forma tradicional. Hoy nos enfrentamos a un “prosumidor líquido”, una entidad cuya atención es el recurso más escaso de la economía digital, que no consume contenidos de forma lineal, sino fragmentada y asincrónicamente.
El éxito de cualquier contenido, sea programa de televisión, serie de streaming, película en el cine, spot comercial, reel para redes sociales o microdrama vertical, depende de este recurso escaso y muy valioso, la atención de la audiencia. Además, debe ser muy ágil y flexible en su capacidad de transformarse a los distintos formatos y plataformas, y convertir su consumo, en una experiencia 360.
Juan Pablo Robert, director de Empresas de Medios de YouTube en Español para Latinoamérica, lo resume en la siguiente idea: la audiencia ya no orbita alrededor del contenido, sino que es el contenido el que gira en torno a cada usuario.
La métrica de éxito ha cambiado. Ya no basta con el alcance o las impresiones; la clave está en la atención neta. Las marcas y los medios han comprendido que una “impresión” no garantiza que la persona haya procesado el mensaje, especialmente en un entorno de multitarea. Y va más allá: la principal fortaleza está en su capacidad de interacción con esa audiencia.
Por ello, la industria se mueve hacia estándares de medición más sofisticados. IAB y el MRC, trabajan en cuantificar la calidad y profundidad del interés del consumidor mediante seguimiento visual (biometría) y señales de datos. Se trata de una búsqueda y evolución, que va más allá de los algoritmos de las plataformas y sus “recomendaciones”.
Durante el pasado NXTV Media Days se habló extensamente sobre la necesidad de unificar métricas. Durante su panel, Andrea Hernández, senior director de Sales en Warner Bros. Discovery, fue contundente al señalar que “el reto más grande es lograr llegar a una estandarización de métricas”, ello, en el actual contexto de fragmentación de audiencias junto a la convivencia entre TV lineal, streaming y CTV. Daniela Pérez Cantú, Strategic Partnerships, Google Ad Manager México y Colombia, compartió este criterio: “La clave está en que todos los publishers puedan sesionar sus inventarios en una única plataforma para que los anunciantes puedan tener una estandarización en alcance y frecuencia, eliminando duplicidades.”
El tema de la medición con estándares aceptados por toda la industria es un camino por explorar, y que será parte de los retos del 2026. La Alianza para la Calidad de la Medición Multimedia en México (ACAM), es una de las iniciativas que lleva más de un año, con el objetivo de establecer estándares que permitan satisfacer estas necesidades.
Durante el pasado Content Americas, en el panel “Navegando la nueva economía del contenido”, se predijo que en los próximos 18 meses, la métrica de éxito dejará de ser el volumen masivo para centrarse en la tasa de retención y la profundidad de la conexión con el nicho. El desafío para las empresas legacy será volverse relevantes, y tan ágiles como los creadores digitales, para interactuar allí donde la comunidad reside.
Los cambios que trae el formato vertical, van más allá del cambio del formato de la pantalla: en su narración de ficción, las historias verticales, priorizan los primeros planos. Esto genera una sensación de intimidad que no se logra en el formato horizontal panorámico. Al eliminar el entorno y centrarse en los personajes, se intensifica la conexión emocional.
Al mismo tiempo, la conversación se ha vuelto urgente. Ello, porque es necesario captar la atención en los primeros tres segundos. Si no hay un estímulo visual o auditivo potente, el usuario hace scroll. Los microdramas han sido diseñados para generar disparadores emocionales cada 30 o 60 segundos, manteniendo al espectador en un estado de gratificación constante. Y la historia imprime un ritmo distinto – a veces vertiginoso- a la historia.
La duración de cada capítulo es otro componente. Aunque en conjunto estos microdramas pueden ser tan largos como telenovelas, la duración de cada capítulos impulsa al consumo del siguiente, en una dinámica parecida a la que tiene lugar en el consumo digital de redes sociales.
Para mantener esa atención, el contenido se adapta utilizando cortes rápidos, transiciones dinámicas y subtítulos llamativos, técnicas que mantienen el cerebro del espectador estimulado constantemente.
Además, este formato rompe la cuarta pared institucional. Al estar en la palma de la mano del usuario, la comunicación debe ser conversacional, menos rígida y más auténtica.
Pero uno de los aspectos que mayor cambio entrega, es la rapidez para que el contenido se transforme según las preferencias de la audiencia. La velocidad con la que se produce, y su economía, permiten respuestas rápidas para cambiar la trama o los personajes, según la respuesta de la audiencia. De esta forma la historia evoluciona, según la conexión que logra crear. De alguna forma, la audiencia “construye” la historia según sus preferencias.
Ya no estamos ante el modelo tradicional de televisión donde se filma una temporada completa, se emite y se espera el rating al día siguiente (o meses después). Ahora ocurre en un bucle de retroalimentación en tiempo real, donde la audiencia, con su dedo, incluso edita el contenido. El guión ha dejado de ser una obra de arte intocable para convertirse en un “motor del producto”.
Las grandes cadenas están tomando nota de esta agilidad. Ejecutivos de estudios importantes, como Juan Ponce, VP sénior de Telemundo Studios, reveló en Content Americas que están abandonando los costosos “pilotos” de televisión tradicionales a favor de “prototipos”. “Los pilotos ya no son solo pilotos; la forma en que estamos pensando en esto y probando este contenido es que los pilotos se están convirtiendo ahora en prototipos donde logramos que la audiencia nos dé una respuesta más inmediata, así que estamos integrando a la audiencia para que sea parte de nuestro proceso de desarrollo y eso es increíblemente valioso para nosotros”, explicó.
El boom de la industria del podcast ya trajo estos procesos. Algunos jugadores de la industria, pueden evaluar la reacción del público a partir de un podcast, para luego invertir recursos en una serie de televisión. Es una práctica que ocurre desde hace tiempo, en la que creadores digitales -sobre todo de YouTube- cambian la narrativa según la atención lograda. Las redes sociales transformaron el monólogo de la TV en un diálogo. Y las plataformas de streaming, eliminaron al programador para que sea el espectador quien escoja cuando y qué programa ver. El camino va hacia la autonomía de la audiencia.
Para los ejecutivos, el cambio de mentalidad más crítico es dejar de ver a la audiencia como simples consumidores. En Content Americas, Ben Odell, CEO de 3Pas Studios, destacó que la economía de los creadores y los medios tradicionales están convergiendo, lo que exige un cambio de mentalidad: dejar de ver a la audiencia como consumidores para verla como una comunidad. El contenido ya no es el fin último, sino una herramienta para estimular y mantener viva a una base, que no solo participa “viendo”, sino que opina, siente y se expresa, y con la cual, también se construye el contenido.
El video interactivo y las transmisiones en vivo son herramientas que convierten la visualización pasiva en participación activa. Elementos como encuestas, preguntas y respuestas en tiempo real, o enlaces de compra (shoppable videos) transforman al espectador en participante. Hacia allá evoluciona la relación de la industria audiovisual con la audiencia.
Las herramientas de IA pueden analizar los comentarios y reacciones para entender no solo cuánta gente vio un programa, sino cómo se sintieron. La automatización permite probar diferentes formatos o giros de guión rápidamente para ver cuál genera mejor respuesta, sin una inversión de tiempo significativa. No solo es un cambio de formato, o de ritmo. La tecnología permite ajustar elementos visuales, textos y llamadas a la acción (CTAs) dentro de un video en función de quién lo está viendo, logrando que cada espectador tenga una experiencia única. La transformación por venir es enorme y aún difícil de predecir. Pero es indudable que la IA tendrá un papel muy relevante en cómo comprenderemos y trabajaremos con las audiencias en 2026 y adelante.
La industria audiovisual ya no compite solo por tiempo de pantalla, sino por relevancia cognitiva en un mundo donde la inteligencia artificial está reescribiendo las reglas de la atención.
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